Oscar Moha

Según los datos de la última Encuesta Nacional sobre Creencias y Prácticas Religiosas en México, Dios está perdiendo credibilidad, al menos en los últimos años la tasa de No Practicantes de algún culto ha disminuido a la par con el grado de compromiso que las personas tienen con su respectiva Iglesia. El sondeo fue hecho hace tres años por especialistas de varias disciplinas.

Los investigadores del Colegio de la Frontera Norte, del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, del Colegio de Jalisco y del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología se dieron a la tarea de entrevistar a más de 3 mil mexicanos de manera aleatoria para preguntarles sobre sus prácticas de culto, lo que arrojó un resultado que incluye también la decisión de un número considerable de cambios que la gente hace de una creencia a otra y de los que abandonan sus denominaciones por diferentes motivos, tomando en cuenta -dicen los especialistas- que los mexicanos somos “tradicionalistas” y “un tanto radicales”.

Aún con toda la ingeniería metodológica los realizadores siguen asombrados por la rapidez con que el fenómeno ha cambiado en el último trienio y los lleva a modificar sus conclusiones conforme avanza la situación sociopolítica del país. Explican que el nuevo gobierno hizo a un lado la hegemonía con que el clero católico ha sido privilegiado y abre espacio a confesiones que ni siquiera tienen representatividad en el listado que la oficina de Asuntos Religiosos de Gobernación tiene, como los grupos de culto prehispánico, a los que el Presidente de la República llama “representantes de pueblos originarios” que llevaron a cabo un ritual religioso en el Zócalo capitalino el día de su toma de posesión.

Para Carlos Garma Navarro, investigador del Departamento de Antropología de la Universidad Autónoma Metropolitana, el fenómeno en México tiene aristas significativas que van desde la pérdida de “visión y prestigio” de los llamados “líderes”, hasta la nueva configuración política, social, religiosa en México que exige una dirección pastoral más acorde con lo previsto por esta 4T. En síntesis, los mexicanos están dejando poco a poco el compromiso moral y económico que tenían hace dos décadas con sus respectivas Iglesias por la falta de estrategias de enseñanza y predicación de sus líderes.

En otras palabras, la “pastorcracia” (dictadura de los líderes) debe dar paso a nuevas estrategias de predicación y enseñanza para incidir en la sociedad y no para mantener a una feligresía “dopada espiritualmente” que sólo responde a las necesidades económico políticas del sacerdote o pastor, acercando a los congregantes a la realidad en la que se encuentra el país. Las Instituciones del Estado no han podido parar la violencia; las Iglesias han fallado en su papel de difusoras de valores en la sociedad, por lo que el “Dios de amor” que predica más del 80% de los mexicanos -en sus distintas expresiones- ha quedado en segundo término porque sus representantes terrenales le han restado autoridad y credibilidad al Todopoderoso.

Por su parte, los evangélicos (al menos 11 millones con credencial de elector aquí en México) se volvieron entes votantes y se hacen codiciables para los partidos políticos, pues son usados en época electoral como si en conjunto formaran un voto único: algunos de ellos siguen apostando por el resurgimiento de Encuentro Social, como la alternativa para imponer en la Presidencia de la República a un cristiano evangélico; para otros, la posibilidad de acceder a estaciones de radio y televisión y que los Ministros de Culto lleguen a una diputación o senaduría está a la vuelta de la esquina, sin necesidad de modificar la Constitución, mediante un capricho dictatorial, como el que tanto combatieron en antaño los protestantes.

La imagen que tiene Andrés Manuel López Obrador de los evangélicos está incompleta. No todos piensan y actúan como los que ha seleccionado para repartir su Cartilla Moral. Tampoco Alejandro Solalinde es un sacerdote representativo en la Iglesia Católica. El padre es el lado democrático, casi inexistente, en esa Asociación Religiosa. Sin embargo ahí están, con ese acceso al Palacio que muchos Presidentes Municipales envidian. Pero la selectividad obradorista hace que otros Ministros de Culto sigan creyendo que el acceso a los hombres del poder los hará simultáneamente más espirituales, por lo que sus congregantes también se alejan de la estructura restando al Dios que predican con un margen raquítico de veracidad ante sus admiradores.

PALABRA DE HONOR: Presidentes Municipales que exigían ser atendidos por el Jefe del Ejecutivo fueron recibidos en Palacio Nacional con gas lacrimógeno el martes pasado y fueron acusados de “provocadores”. Mientras, los jóvenes que causaron más de 25 millones de pesos en destrozos el 27 de septiembre durante una marcha en el Centro Histórico no fueron acusados ni con sus mamás. Hay niveles.

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