Oscar Moha

Hay niños a los que sus padres les imponen profesión, credo religioso, preferencia política, una serie de valores y normas morales para que la sigan de por vida… y terminan en un reclusorio. Hay niños que les gusta el color rosa y a otros el morado. Hay niñas que juegan con niños y las hay antisociales que siguen el ejemplo materno y asisten a las protestas universitarias causando destrozos materiales. Hay niños que se asumen como niñas y viceversa. Hay quienes no les creen y los obligan a asistir a una terapia. Todos, para el personaje central de La Biblia, son bienvenidos, aunque no así para aquellos que se asumen lectores fieles en ese libro sagrado.

El jueves 14 de este mes los diputados locales de la Ciudad de México integrantes de las Comisiones Unidas de Administración y Procuración de Justicia, y de Igualdad de Género, aprobaron con 19 votos a favor y 3 en contra el dictamen de reformas al Código Civil y de Procedimientos Civiles para que se proteja el derecho de niñas, niños y adolescentes y que ellos puedan promover un acta de nacimiento de reasignación de género reconociendo con ello sus derechos de autonomía e identidad.

Los legisladores morenistas Temístocles Villanueva Ramos y Paula Soto Maldonado, promoventes de la iniciativa, explicaron que el objetivo es proteger las garantías constitucionales de la “infancia trans” y que la rectificación de una identidad de género en un acta de nacimiento no se haga necesariamente a través de un juicio, sino de un trámite. Según datos de organizaciones de la sociedad civil actualmente en más del 85% de los casos en México los menores realizan este procedimiento acompañados por sus madres y el 1% por el papá. Sólo en el 12% van ambos, lo cual podría interpretarse como una mirada machista de afrontar la situación.

Se legisla contra la discriminación, no en contra de que se eliminen valores familiares, ni para acabar con la patria potestad. Pero otros actores que se identifican con los lemas “a favor de la familia” y “con mis hijos no te metas” consideran que los menores de edad no están en “posibilidad” de tomar decisiones… y menos para decidir qué género o preferencia sexual van a tener de por vida.

En la CDMX se han realizado en la última década poco más de 4 mil trámites de cambio de identidad de género y de reasignación de sexo, según la Consejería Jurídica. Existen más hombres que quieren cambiar su acta de nacimiento a mujer que en sentido inverso. Pero también se registran por lo menos dos casos donde los padres de una niña -que dijo sentirse niño- fueron denunciados ante la Procuraduría del Menor y del Sistema de Desarrolla Integral de la Familia (DIF), porque vecinos y maestros, creen que fueron los tutores quienes “inducen a los chicos a cambiarse de sexo, o a crear ‘perversiones’ en sus hijos con los malos ejemplos que les dan en casa”.

En un ejercicio elemental de pregunta-respuesta, llevada a cabo por quien esto escribe, entre 100 Ministros de Culto de Iglesias adventistas, pentecostales, carismáticas, bautistas, metodistas e independientes en zonas metropolitanas, se puede considerar que la mayoría (más del 82%) desconoce el término “disforia de género” o “infancia trans” y no han conocido de cerca el caso de un menor que quiera cambiar de sexo, aunque el 63% conoce y ha tratado a adolescentes, jóvenes y adultos -de su misma congregación o de familiares cercanos- que se declaran “homosexuales o confusos en cuanto a sus preferencias sexuales”. No es significativa la encuesta para hacer deducciones, pero la mayoría de los pastores y pastoras que respondieron están ciertos de que los menores de edad no pueden, ni deben, tomar decisiones en cuanto a ciertos aspectos de su vida “y menos en el terreno sexual”.

La lectura que le dan a este dictamen Ministros de Culto y activistas que se identifican con la idea de que ha existido y debe preexistir una “familia natural”, y que todo lo que vaya en contra de esta verdad absoluta (bíblica) es una “aberración”, está sustentada en tres puntos: quieren exterminar la patria potestad; pretenden imponer a la sociedad una “dictadura de género” (creen que la homosexualidad se pude contagiar, propagar y establecer como estilo de vida); el objetivo de esta ley es aniquilar a la familia y a las Iglesias, como núcleos de la “única fuente de moralidad” que existe en México. Hay un deseo no reprimido en este gremio para tratar de imponer una ideología con valores religiosos y “formar una sociedad apegada a la ética cristiana”.

Para psicólogos y psiquiatras -tanto creyentes como librepensadores- también entrevistados, el asunto se resume a una mera “confusión de roles en una etapa pre adolescente donde los estereotipos juegan un papel preponderante, y sería muy grave darle un documento a un menor que en breve quiera cambiar a voluntad cada vez que se le ocurra. Es como cambiar de carrera: un día quieren ser bomberos, otro doctores, se les presenta la oportunidad de ejercer como profesores y acaban siendo médicos”.

PALABRA DE HONOR: A pesar de que el pastor Arturo Farela Gutiérrez y sus 100 Iglesias no marcharán al lado del poeta Javier Sicilia, miles de evangélicos están listos para hacerlo, sumados a millones de católicos cuyos intereses no son políticos, sino de exigencia por un México libre de violencia. Hay miles de ciudadanos en todas las Iglesias Protestantes que han sido vulnerados en sus derechos, asaltados, despojados de sus bienes y que conocen a un hermano, vecino o familiar que ha muerto de manera violenta en actos que prometieron erradicar en cuanto llegara al poder el Presidente de la República. Se sienten engañados, decepcionados e inseguros en todas las ciudades y pueblos de la República Mexicana. Por ello, esperan la convocatoria para manifestar su reclamo al actual Gobierno y no piensan repartir ninguna Cartilla, sino leérsela a los funcionarios negligentes.

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