Oscar Moha

Quizá usted no lo sabe, pero le indignará, que muchos Ministros de Culto no sólo alientan sino casi obligan a padres de familia a corregir a sus hijos de manera violenta golpeándolos “como lo indica La Biblia”, o al menos así traducen varios versículos. Es más, hay ex profeso unas tablas de madera que tienen un texto tomado del libro de Proverbios que reza: “corrige al niño en su camino…”. Es paradójico además que varios de los que fueron “corregidos” con este método de “golpes sagrados” cuando eran menores de edad hoy, en su vida adulta, se muestran “agradecidos” con sus progenitores porque “los forjaron como hombres (o mujeres) de bien”.

Estos mismos pastores y pater familias que “corrigen” a sus hijos dándoles varazos se sentirían muy “indignados”, al grado de levantar una denuncia por “violencia”, si es que algún profesor de escuela federal o privada le propinara un golpe, como se acostumbraba en antaño, cuando los alumnos cometían faltas o no aprendían las tablas de multiplicar. Total, los maestros también “corrigen”, “”disciplinan” y “educan” a los niños para “su bien”, quizá no con el mismo “amor paternal o maternal”, pero sí con el mismo fin.

Un golpe, con la intensidad que sea y con la intencionalidad que conlleve, en contra de un menor, constituye un abuso de poder. Unos dejan secuelas psicosociales, otros resentimientos y muchos cicatrices y traumas profundos, como los que narran cientos de asesinos seriales, delincuentes consagrados y narcotraficantes, quienes dan cuenta del maltrato físico y psicológico al que fueron sometidos en sus primeros años de vida por parte de sus familiares más cercanos.

Por este y otros motivos menos religiosos, todos los senadores y senadoras aprobaron esta semana una reforma que prohíbe utilizar castigos corporales como método correctivo o disciplinario contra los menores añadiendo un párrafo al Artículo 44 de la Ley General de Niñas, Niños y Adolescentes. La elevada incidencia de castigo corporal hacia niñas y niños y la falta de acceso a la justicia, hicieron que los legisladores pusieran en un lugar adecuado las creencias de que una cachetada, un coscorrón, un cinturonazo, un varazo, un jalón de cabellos “a tiempo”, es “más efectivo” que cualquier terapia congnitiva conductual.

La “Convención sobre los Derechos de los Niños, Niñas y Adolescentes” que firmó México entró en vigor desde 1990. Son normas básicas de bienestar que estamos obligados como país a armonizar en nuestras leyes, es decir los menores de edad ya no son considerados propiedad de sus padres, ni beneficiarios de las bondades de la filantropía, sino individuos y miembros de una sociedad con derechos y responsabilidades específicas, sin que esto implique la pérdida de la patria potestad.

La Comisión Nacional de Derechos Humanos, las Organizaciones Panamericana para la Salud y Mundial de la Salud, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) coinciden en señalar que el maltrato infantil comprende todo acto u omisión y negligencia -en todas sus formas- encaminado a hacer daño, aun sin tener la intención, pero que perjudica el pleno desarrollo físico, psicológico, sexual, religioso y emocional del menor.

Esta Convención insta al Estado para que provea capacitación a jueces, abogados, procuradores, policías y “otros actores relevantes” (que bien podrían ser los Ministros de Culto) sobre cómo atender a niños y niñas víctimas de la violencia, y también para prevenirla. Y es que el aumento en los casos de abuso sexual de menores de edad por parte de Ministros de Culto de varias confesiones religiosas, la complicidad de autoridades, la falta de mecanismos de denuncia y el bajo número de investigaciones al respecto han sido un detonante para que México sea el primer lugar a nivel mundial en maltrato sexual contra menores de edad.

Los arquetipos religiosos de violencia son ejecutados de generación en generación confirmando que papás violentos hacen hijos violentos y la cadena se vuelve interminable, hasta que el razonamiento, el amor y la comprensión toman su lugar en esta cadena. Hacer entrar en razón a los pastores -o a los padres de familia- que prefieren arreglar los problemas a golpes antes que dialogar y explicarles que los niños expuestos a castigos corporales tienen una baja autoestima y son vulnerables también a un abuso de poder, es como decirles que la Biblia se equivoca. Toman literal los versículos, pero los aplican sólo en su provecho.

Obvio, los líderes religiosos que acostumbran estos y otros castigos menos violentos, pero igual de dañinos, ven en esta aprobación senatorial minimizada su autoridad y su poder para aplicar las normas mínimas de convivencia familiar dentro y fuera de la casa y del templo. Como si la comunicación no fuera herramienta suficiente para la solución de conflictos.

Siguiendo esta lógica religiosa, en las tiendas “cristianas” donde se venden las “varas de la corrección” deberían tener también un bat de béisbol con el texto bíblico: “es mejor dar que recibir”, por si alguien entiende la “corrección” como una herramienta para minimizar la delincuencia a base de remedios sacros.

PALABRA DE HONOR: Si buscaba una definición de “austeridad franciscana”, en la Cámara de Diputados podrá encontrar algo: cada legislador federal (son 500) recibirá por concepto de dietas, aguinaldo y otros “apoyos legislativos” la cantidad de 328 mil pesos este mes de diciembre. Quizá es reflejo del 0% de crecimiento económico que experimentó el país en 2019. Feliz fin…

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