Antonio Cuéllar

Según estadísticas de la Organización Mundial de Comercio, nuestro país ocupa la séptima posición global en la exportación de manufacturas, siendo el segundo en importancia en el continente americano después de los Estados Unidos de América.  Resulta relevante destacar que los productos fabricados en nuestro país forman parte de un sector industrial complejo que demanda mano de obra especializada, como lo son el automotriz, el electrónico o el espacial. Con una producción con valor superior a los 9 mil 800 millones de dólares, México ocupa la tercera posición global en producción de teléfonos inteligentes, tan sólo detrás de China y Corea del Sur.

De acuerdo con datos publicados por el Consejo Nacional Agropecuario, México ocupa el primer lugar mundial en la producción de aguacate, jitomate, café orgánico, chiles y pimientos; es el segundo exportador mundial de limón, y tercero en fresas y frambuesas; es el quinto exportador de carne de pollo y huevo; y, es el sexto lugar mundial en exportación de carne de res.

Publicaciones de la Cámara de la Cerveza y Malta refleja que nuestro país ocupa la cuarta posición en producción de cerveza a nivel mundial, con más de 124 millones de hectolitros hacia 2019, y es líder mundial en exportación de la misma bebida.  Por otro lado, y dada la protección internacional de la que se beneficia el tequila, México es el líder en la exportación de dicho destilado, del que se produjeron 330 millones de litros el año pasado. La industria ha venido teniendo un crecimiento constante de entre 5% y 7% durante los últimos quince años, y este 2020 se perfila para romper nuevamente dicho récord, incluso después de la pandemia. Es información que comparte el Consejo de Agaveros de Jalisco.

Según información publicada por Statista, con una producción superior a las 6 mil 300 toneladas métricas, México ocupó el primer lugar en extracción y exportación de plata a nivel mundial en el 2019, muy por encima de Perú en la segunda posición, con 3 mil 800 toneladas métricas del mismo metal.

Estudios de la AMDEE (Asociación Mexicana de Energía Eólica) reflejan que la producción mexicana de energía eólica coloca al país en una segunda posición en América Latina, sólo detrás de Brasil. Nuestro país tendría un potencial de producción de 50 mil MW, de los que sólo se necesitarían 17 mil MW para alcanzar la meta de generar el 35% de la energía con tecnologías limpias hacia 2024.

De acuerdo con información publicada por la Organización Mundial de Turismo, México recibió 41 millones de turistas del exterior en el 2019, lo que situó al país en la posición número uno entre los países más visitados en América Latina, y en la séptima posición a nivel mundial, detrás de Francia, España, Estados Unidos, China, Italia y Turquía.

Muchas más estadísticas podríamos incluir en torno del país que tenemos el privilegio de habitar. México ocupa una posición privilegiada con relación al resto que conforman el planeta y con los cuales convive. Es precisamente ese hecho el que llama nuestra atención, cuando lo contrastamos ante con el discurso pronunciado por el presidente de la República en el 75 aniversario de la Organización de las Naciones Unidas.  Su presencia, el modo y el contenido de sus palabras, no reflejan de manera objetiva al país que representa.

En su campaña para llegar a la Presidencia, para conquistar a los electores, Andrés Manuel López Obrador aprovechó el impacto negativo de los altos índices de corrupción alcanzados en los gobiernos anteriores, y el grave estado de inseguridad en el que se encontraba el país.  A lo largo de dos sexenios, también estuvo dedicado a criticar vehementemente el crecimiento mediocre de la economía mexicana, con relación a las que se observan en otras latitudes.

Aún concediéndole la falta de intención para adherirse a lo que debió ser un festejo de la fraternidad universal, y colocándonos en su visión eternamente propagandista de aquello que su transformación quisiera significar para el desarrollo del país, el Presidente bien pudo haber aprovechado la plataforma que le ofrecía ese foro internacional para demandar la necesaria intervención de todos los Estados que conforman la organización, en el combate contra el lavado de dinero que arrojan las actividades ilícitas asociadas a la corrupción, o para demandar la asunción de políticas internacionales que inhiban el tráfico de armamento entre las naciones.  El presidente pudo aprovechar un camino ya muy bien andado por nuestro país hace medio siglo, para plantear la conformación de un Pacto renovado para el Desarrollo Económico y Social de las Naciones, para mirar por los intereses del pueblo. Sorpresivamente … no lo hizo.

No vale la pena ahondar en la crítica profusa que su participación ha tenido en todos los espacios de análisis que se han ocupado de ella, en México y el extranjero.  México es efectivamente un país muy grande, y necesita de un gobierno encabezado por un líder que esté a la altura de sus expectativas. Aparentemente, pagar salarios mínimos a los servidores públicos nos está haciendo cargar con un costo país inmensamente caro.

Otrosí digo

Precisamente, ante tales expectativas, ha resultado dolorosamente reveladora la estrechez del liderazgo que pretende encabezar un movimiento de oposición nacional.

Los partidos políticos permanecen abatidos, no sólo por la grave sanción que les fue impuesta por los votantes en julio de 2018, sino también por la medida que seguramente les tienen tomada, y la poderosa arma que esta administración tiene enfundada en el cinto, a través de la UIF.

Una esperanza se encendía con la posible conformación de contrapesos efectivos, no comprometidos, a los excesos en que incurre este gobierno: el movimiento de FRENA, organizador del plantón en el zócalo de la Ciudad de México, tuvo la astucia para desplegarse con rapidez y sin tapujos, para dar voz y rienda suelta a todos aquellos que están en contra de la abolición de las instituciones.

Lamentablemente, la realización de misas y reuniones para rezar el rosario en plena Avenida Juárez, organizados o permitidos por el propio movimiento, reflejan una falta de conciencia republicana y constitucional, que pone al descubierto un nuevo fanatismo, tan dañino como el mismo que tienen la pretensión de extirpar. El nuevo cambio no puede llegar a cualquier costo. No se puede creer a ciegas en quien pretende llegar al Palacio Nacional aprovechando la fe y convicciones de quienes quieren cambiar al mundo dándose golpes en el pecho.

México carece de liderazgos que sepan entender la historia del país y su realidad actual, que atiendan a sus instituciones, y a la necesidad de respetar el orden y la legalidad. A Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César.

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