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Bet Birai Nieto

Tener una cuenta bancaria es algo que la mayoría de la gente da por sentado, ya sea para recibir un salario, pagar facturas de servicios públicos, hacer compras semanales de alimentos o hasta regalos programados. Así, la mayoría de las personas cuenta con tarjetas de débito y tarjetas de crédito para transacciones diarias o cotidianas. 

Donde el efectivo fue una vez la forma de pago más común, en varias partes del mundo la tarjeta en plástico, en sus diferentes tipos, es la reina en un mundo que se está volviendo cada vez más digital, algo que la pandemia de Covid-19 está acelerando. Datos del estudio de la plataforma de investigación británica Merchant Machine, señalan que Marruecos, Vietnam, Egipto, Filipinas y México son las naciones donde la población no bancarizada es más grande.

Mientras que la Autoridad de Conducta Financiera (FCA, por sus siglas en inglés), muestra que Reino Unido es el país con más cuentahabientes, 96% de los usuarios tienen una cuenta corriente en un banco o sociedad de crédito hipotecario. Todavía hay un número significativo de usuarios que no tienen una cuenta bancaria, o son lo que se conoce como “no bancarizados”. Por ejemplo, con más de 70% de los pagos realizados en efectivo, Rumania se ha revelado como el país que más depende del efectivo físico. 

Datos de Merchant Machine revelan que casi la mitad, es decir, 42% de la población de los países de Europa del Este no cuenta con servicios bancarios, lo que demuestra que muchos de los ciudadanos todavía se aferran a los billetes y monedas. 

En Noruega, en cambio, sólo 3% de las transacciones se realizan en efectivo. Si bien solo hay 31.6 cajeros automáticos por cada mil adultos, la investigación encontró que 100% de la población posee una cuenta bancaria.

El dato. Cerca de mil 600 millones de adultos no están bancarizados, es decir, no tienen acceso a los servicios de un banco u organización financiera similar.

De acuerdo con Forbes, con la reciente pandemia de Covid-19 los bancos están dispuestos a invertir en la digitalización de sus servicios; incluso las transferencias a través del Sistema de Pagos Electrónicos Interbancarios (SPEI) crecieron de 0.5 a cuatro por ciento. Con ello se aceleró el uso de medios en línea para llevar a cabo operaciones bancarias, aunque aún existe cierto nivel de desconfianza por parte de la población. 

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