Compartir

Simón Vargas

Este año consiste en un perdón general, una indulgencia abierta a todos, y en la posibilidad de renovar la relación con Dios y con el prójimo.

 

El pasado 13 de marzo, el Papa Francisco anunció la celebración de un Año Santo extraordinario, se trata de un Jubileo de la Misericordia que iniciará el próximo 8 de diciembre 2015 y concluirá el 20 de noviembre de 2016. La iniciativa propuesta por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, tiene como objetivo promover a nivel global la apertura extraordinaria de las iglesias y favorecer la celebración del sacramento de la Reconciliación.

El anuncio se produjo durante el aniversario del segundo año de la elección del Papa Francisco, que coincidió con la celebración de la penitencia en la Basílica de San Pedro. El tema de este año ha sido tomado de la carta de San Pablo a los Efesios: “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó”. (Ef 2,4).

El jubileo tiene su raíz en el pueblo hebreo, el año yobel (jubileo) que era celebrado cada 50 años, esta festividad se trataba de reclamar justicia y restituir la igualdad entre todos los israelitas, por ello se liberaban a los esclavos y ofrecían nuevas posibilidades a las familias que habían perdido sus propiedades.

En este caso para la Iglesia católica el significado es más espiritual, pero es con la misma base: la redención. Se trata de un gran suceso para nuestra religión, ya que es el año de la remisión de los pecados, de la reconciliación, de la conversión. En consecuencia, de la solidaridad, de la esperanza, de la justicia y la paz, elementos que necesitamos con urgencia.

La tradición del Año Santo inicio con el Papa Bonifacio VIII, en el año 1300, hasta el momento se han celebrado 26 Años Santos ordinarios, el último fue el Jubileo del año 2000. Los Años Santos extraordinarios se proclaman con ocasión de un acontecimiento de particular importancia, en este caso tendrá lugar en el quincuagésimo aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II, ocurrida en 1965. Cabe destacar que el último Jubileo extraordinario proclamado fue por el Papa Juan Pablo II en 1983, por los 1950 años de la Redención.

En su mensaje para anunciar esta celebración, Su Santidad Francisco, expresó que es momento de hacer fecunda la misericordia de Dios, “con la cual todos somos llamados a dar consuelo a cada hombre y cada mujer de nuestro tiempo”. Este año consiste en un perdón general, una indulgencia abierta a todos, y en la posibilidad de renovar la relación con Dios y con el prójimo.

Actualmente el mundo vive una época difícil y funesta, millones de personas se encuentran subsistiendo con gran sufrimiento por diversas causas, ya sea porque padezcan de pobreza extrema sin poder satisfacer sus necesidades más básicas, porque se encuentren atrapadas en medio de conflictos bélicos que los hace vivir como refugiados y asilados, porque su existencia se mantiene en constante amenaza por convivir de forma cotidiana con la violencia…

Al respecto, en su mensaje después del Ángelus del 11 de enero de este año, el Santo Padre exclamó: “Hay tanta necesidad hoy de misericordia, y es importante que los fieles laicos la vivan y la lleven a los diversos ambientes sociales. ¡Adelante! Nosotros estamos viviendo el tiempo de la misericordia, este es el tiempo de la misericordia”. http://bit.ly/1Obyo6v

¿Qué es la misericordia?

Es la virtud de compadecerse de la miseria ajena, en nuestra creencia cristiana se manifiesta en la amabilidad, asistencia al necesitado, especialmente en el perdón y la reconciliación. Pero no solo se trata de ser empáticos, es cuestión de adoptar un modo de vida en lo espiritual y en la práctica, que nos impulse a ayudar al prójimo y a perdonar a nuestros semejantes por sus ofensas.

Ante tanto dolor y sufrimiento es necesario hacer a un lado la indiferencia y apatía de nuestros corazones, en este sentido Nelson Mandela, decía que en el fondo del corazón de todos los seres humanos hay misericordia y generosidad. “Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, su procedencia o su religión. El odio se aprende, y si es posible aprender a odiar, es posible aprender a amar”.

Como bien lo señala el Sumo Pontífice Francisco, atendamos esta oportunidad para profundizar en nuestra fe, acudamos a la reconciliación con Dios en caso de habernos alejado, de esta forma será más sencillo inspirar en nosotros la virtud de la misericordia. Recordemos las palabras que Jesús nos hizo llegar por medio de Santa Sor Faustina: “Si el alma no practica la misericordia de alguna manera no conseguirá mi misericordia en el día del juicio. Oh, si las almas supieran acumular los tesoros eternos, no serían juzgadas, porque la misericordia anticiparía mi juicio”. (Diario, 441). Deseo que la misericordia se desarrolle en todos los corazones, es también así como podremos construir una mejor sociedad sin violencia y sin lastimar al prójimo.

*Analista en temas de Seguridad, Educación y Justicia

simon@inprincipioeratverbum.com.mx

@simonvargasa

facebook.com/simonvargasa

Linkedin: simón-vargas-aguilar

www.inprincipioeratverbum.com.mx

 

*Si deseas recibir mis columnas en tu correo electrónico, te puedes suscribir a mi lista en el siguiente vínculo: http://eepurl.com/Ufj3n

Compartir