El año viejo no fue bueno, ni en el plano internacional, ni en el interno. Para los mexicanos la violencia no se alejó, lo mismo en el Norte que en el Sur del País, la inversión y la creación de empleos crecieron respecto a 2013, pero están muy rezagados en el tiempo, particularmente la pública y la inversión extranjera directa; sigue pendiente una estrategia económica más decidida de apoyo al mercado interno, sin embargo crece la inversión de mexicanos en el exterior como ha señalado CEPAL. El efecto sobre la competitividad, que hemos visto reflejado en los estupendos trabajos del Instituto Mexicano de Competitividad (IMCO), nos mantiene con retraso, frente a otros de similar nivel de desarrollo. Igual sucede con el binomio  corrupción - impunidad,  que es un cáncer que devora a la sociedad mexicana, siendo insuficientes los esfuerzos que los organismos fiscalizadores, nacionales y estatales, han realizado para combatirlo.
Los hechos consecutivos y paralelos de los conflictos en Michoacán y Guerrero, son botones de muestra del nivel de descomposición a que hemos llegado. La incompetencia de los gobiernos de esos estados, así como los lamentables sucesos de violencia criminal, provocaron la salida de sus respectivos gobernadores, dejando gobiernos fracasados en todos los sentidos, dando además argumentos a los partidarios de la centralización.
La economía a pesar de avances reales en la recaudación tributaria respecto a 2013 y lo estimado, termina en una situación difícil, en la que el precio del petróleo mexicano ya llegó a 44 dólares por barril, muy por debajo del promedio del año pasado y lejos, muy lejos de los más de 100 dólares de principios del año 2014. Los ingresos fiscales del gobierno central están protegidos por las coberturas, pero no los de PEMEX, ni los de las haciendas públicas de las entidades federativas.
La caída del tipo de cambio ya rebasa los 15 pesos por dólar, claro con algunos ganadores como los exportadores, generalmente transnacionales y las remesas valoradas en pesos, sin embargo las importaciones - la mayoría de bienes de capital y mantenimiento- se ven afectadas, lo mismo que el servicio de la deuda externa.
La inflación se ajustó en 2014 a las expectativas del Banco de México, pero con dos presiones importantes, la primera los incrementos al precio de la gasolina, que ya es superior al de otros países y más alto que el de los Estados Unidos,  es claro que las razones están en las finanzas públicas, ya que  los precios y tarifas no pasan por el Congreso, ni son participables a las entidades federativas y municipios. Lo mismo sucede con el precio de la electricidad, al pretender pasar sus costos a los consumidores. Los alimentos se han encarecido.
Mucho tiene que ver con la apuesta desde hace muchos años, al crecimiento de la economía informal y la migración laboral, como mecanismos para dar a salida a las necesidades sociales para la creación de empleos permanentes, no sólo para los que ya desistieron incluso de buscarlos, para los jóvenes que cada año se incorporan a la fuerza de trabajo. El riesgo mayor es que se incremente la informalidad y sigan migrando los jóvenes hacia la delincuencia. Los afortunados hacia el exterior.
Sin embargo seamos optimistas, estamos a tiempo para revertir lo anterior, para apostarle al mercado interno, incrementar fuertemente la inversión pública y privada, a retomar un federalismo fiscal basado en la descentralización, equitativo y de responsabilidades compartidas y asumidas plenamente por los tres ordenes de Gobierno.

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David Colmenares
El año viejo no fue bueno, ni en el plano internacional, ni en el interno. Para los mexicanos la violencia no se alejó, lo mismo en el Norte que en el Sur del País, la inversión y la creación de empleos crecieron respecto a 2013, pero están muy rezagados en el tiempo, particularmente la pública y la inversión extranjera directa; sigue pendiente una estrategia económica más decidida de apoyo al mercado interno, sin embargo crece la inversión de mexicanos en el exterior como ha señalado CEPAL. El efecto sobre la competitividad, que hemos visto reflejado en los estupendos trabajos del Instituto Mexicano de Competitividad (IMCO), nos mantiene con retraso, frente a otros de similar nivel de desarrollo. Igual sucede con el binomio  corrupción – impunidad,  que es un cáncer que devora a la sociedad mexicana, siendo insuficientes los esfuerzos que los organismos fiscalizadores, nacionales y estatales, han realizado para combatirlo.
Los hechos consecutivos y paralelos de los conflictos en Michoacán y Guerrero, son botones de muestra del nivel de descomposición a que hemos llegado. La incompetencia de los gobiernos de esos estados, así como los lamentables sucesos de violencia criminal, provocaron la salida de sus respectivos gobernadores, dejando gobiernos fracasados en todos los sentidos, dando además argumentos a los partidarios de la centralización.
La economía a pesar de avances reales en la recaudación tributaria respecto a 2013 y lo estimado, termina en una situación difícil, en la que el precio del petróleo mexicano ya llegó a 44 dólares por barril, muy por debajo del promedio del año pasado y lejos, muy lejos de los más de 100 dólares de principios del año 2014. Los ingresos fiscales del gobierno central están protegidos por las coberturas, pero no los de PEMEX, ni los de las haciendas públicas de las entidades federativas.
La caída del tipo de cambio ya rebasa los 15 pesos por dólar, claro con algunos ganadores como los exportadores, generalmente transnacionales y las remesas valoradas en pesos, sin embargo las importaciones – la mayoría de bienes de capital y mantenimiento- se ven afectadas, lo mismo que el servicio de la deuda externa.
La inflación se ajustó en 2014 a las expectativas del Banco de México, pero con dos presiones importantes, la primera los incrementos al precio de la gasolina, que ya es superior al de otros países y más alto que el de los Estados Unidos,  es claro que las razones están en las finanzas públicas, ya que  los precios y tarifas no pasan por el Congreso, ni son participables a las entidades federativas y municipios. Lo mismo sucede con el precio de la electricidad, al pretender pasar sus costos a los consumidores. Los alimentos se han encarecido.
Mucho tiene que ver con la apuesta desde hace muchos años, al crecimiento de la economía informal y la migración laboral, como mecanismos para dar a salida a las necesidades sociales para la creación de empleos permanentes, no sólo para los que ya desistieron incluso de buscarlos, para los jóvenes que cada año se incorporan a la fuerza de trabajo. El riesgo mayor es que se incremente la informalidad y sigan migrando los jóvenes hacia la delincuencia. Los afortunados hacia el exterior.
Sin embargo seamos optimistas, estamos a tiempo para revertir lo anterior, para apostarle al mercado interno, incrementar fuertemente la inversión pública y privada, a retomar un federalismo fiscal basado en la descentralización, equitativo y de responsabilidades compartidas y asumidas plenamente por los tres ordenes de Gobierno.

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