Hannia Novell

Este viernes 1 de junio estaremos justo a un mes de las elecciones más grandes, complejas y costosas en la historia del país.

¿También serán las más competidas? Eso está por verse. El consolidado de las encuestas que realiza Bloomberg, a través de su Barómetro Electoral, pareciera alejar ese escenario. Desde diciembre de 2017, la candidatura de Andrés Manuel López Obrador ha ido en crecimiento y para abril (el cierre de mayo aún no se tenía al cierre de esta edición), estaba en 46.1% de la intención del voto, seguido por 27.7% de Ricardo Anaya y de 19.2% de José Antonio Meade. 

Incluso, los apostadores del mercado de futuros ven un triunfo del abanderado de la coalición Juntos Haremos Historia con 77%, seguido de Anaya Cortés con 16% y en un lejanísimo tercer lugar al pentasecretario de Estado con cinco por ciento.

Sin embargo, quien pretenda hacer pensar que la historia ya está escrita (que este arroz ya se coció), se equivoca. Esta última recta será la más intensa y, muy probablemente, la más ruda de toda la campaña. En estas cuatro semanas, un error puede significar la diferencia entre la victoria y el triunfo.

Por ejemplo, los alumnos de la Universidad Iberoamericana lanzaron en redes sociales una convocatoria a los cuatro presidenciables para sostener un encuentro mediante un video promovido con la etiqueta #SinMiedoALaIbero.

También recuerdan: “No queremos que se escondan en el baño”, en clara referencia a lo que ocurrió en mayo de 2012, cuando el entonces abanderado presidencial del PRI, Enrique Peña Nieto, acudió a las instalaciones de esa institución y ante las muestras de rechazo tuvo que refugiarse en los sanitarios.

Les piden intercambiar puntos de vista sobre sus propuestas más polémicas: la amnistía a criminales; el voto útil; la declaración 7de7; y la idea de mochar las manos a los corruptos. Un resbalón ante la comunidad Ibero podría ser catastrófico.

Lo mismo para el tercer debate presidencial del martes 12 de junio en Mérida, Yucatán. Los errores pueden ser muy costosos, pues el electorado se puede quedar con esa última impresión (como ocurrió con el segundo a través del apodo Ricky Riquín Canallín), independientemente de lo que pasó en los dos previos.

Aunque Ricardo Anaya insiste que ya explicó el presunto lavado de dinero en la compra-venta de una nave industrial en Querétaro, y asegura que es “caso cerrado”, ese fantasma lo persigue. El lunes 28 de mayo se soltó un “borregazo”: la Interpol y la PGR habrían detenido a Manuel Barreiro, socio del exlíder nacional del PAN en esa operación, y que eso significaría el fin de su campaña y de su carrera política.

Mientras que Meade Kuribreña, ya despojado de todo pudor por parecer ciudadano y “arropado por las fuerzas vivas” del Revolucionario Institucional, anunció que ganará la Presidencia con la misma estrategia que usó Alfredo del Mazo el año pasado, cuando —recordó— “el triunfo para el PRI se veía muy complicado”.

Bernardo Barranco, autor del libro El infierno electoral. El fraude del Estado de México y las próximos elecciones de 2018”, señala que en las elecciones mexiquenses se observó “la conversión del aparato de gobierno en una poderosa maquinaria electoral (…) que tiene como consigna ganar a toda costa, no importa con qué”.

Así pues, los candidatos, sus equipos y los partidos que integran las coaliciones, se aprestan para brindarnos una recta final de antología donde prevalecerán la guerra sucia, los ataques, las traiciones, los pactos “en lo oscurito” y más. Estamos a 30 días del futuro.

Por cierto hay quien piensa (yo entre ellos) que las encuestas son de quién las paga. Al tiempo, mis estimados lectores.

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