Hannia Novell

Con las elecciones de 2021 en la mira, el presidente Andrés Manuel López Obrador requiere distractores. Es urgente, para su imagen pública, que la gente olvide a los muertos por coronavirus, a las víctimas de la violencia, a los millones de desempleados y a las franjas de pobreza que todos los días se extienden en el país. 

A falta de pan, circo. Que el “pueblo bueno” se entretenga con las historias sobre Odebrecht -el conglomerado de empresas de origen brasileño, involucradas en delitos de corrupción, sobornos y lavado de dinero en varios países de América Latina- y las delaciones de Emilio Lozoya.

Estos son tiempos de traiciones, señalamientos, especulaciones y conclusiones ventajosas. La intención del inquilino de Palacio Nacional es clara. 

Se trata de alimentar el morbo, incitar la dispersión de hipótesis escabrosas y teorías de la conspiración, para aparentar que su lucha contra la corrupción y la impunidad va en serio. Toda una trama electorera, embaucadora.

Según la Fiscalía General de la República (FGR), Emilio Lozoya habría obtenido sobornos de la constructora brasileña por más de 10 millones de dólares. Esa fue la acusación que le permitió al gobierno mexicano obtener la extradición de España. Pero eso ya no es relevante.

A golpe de filtraciones periodísticas y declaraciones escandalosas, López Obrador y su séquito siembran la duda, revelan pistas, fechorías, nombres y el precio de voluntades y votos.

La verdad es que con los episodios de escándalo y corrupción que todos los días protagonizan las conferencias mañaneras, el primer mandatario pretende eludir su responsabilidad y distraer al electorado de su estrategia fallida para combatir el crimen y su fracaso para mejorar el nivel de vida de los mexicanos.

Los datos oficiales son contundentes: 55 mil 848 asesinatos, 27 mil 871 personas desaparecidas, más de 44 mil fallecimientos por Covid-19 que colocan a México en el segundo lugar de la lista de víctimas mortales de América Latina y los pronósticos sobre la pérdida de más de tres millones de empleos al finalizar 2020.

Esa es la razón del montaje que inició desde el momento en que fingieron el ingreso de Emilio Lozoya al Reclusorio Norte, para después reconocer que el exdirector de Pemex no estaba tras las rejas y era atendido en un hospital privado, debido a su estado anémico. Así, sin recato, el gobierno federal develó de cuerpo entero su maniobra.

Si las acusaciones no llegan a formar parte de las carpetas de investigación o de plano, se caen en tribunales, no es relevante. Al fin y al cabo, la burocracia dorada del Poder Judicial está lo suficientemente desprestigiada para cargar con el pecado de la complicidad y la culpa de la impunidad. 

No sería la primera vez que AMLO señala con su dedo acusador a los jueces, por utilizar como pretexto que las carpetas de investigación están mal integradas y no es posible acreditar los delitos que se imputan a los presuntos responsables. Esos serán los artilugios que mañosamente utilizarán las mujeres y los hombres del partido en el poder.

El próximo año estarán en juego más de 21 mil cargos de elección popular. La renovación total de la Cámara de Diputados federal y elecciones en las 32 entidades federativas: 15 gubernaturas, 30 congresos locales, 30 alcaldías y 431 juntas municipales. Estos comicios son, en los hechos, un referéndum a la 4T.

Por eso, López Obrador tiene la mira puesta en esas elecciones. Lozoya es el distractor, un peón más en la maquinaria de Morena para encandilar a los electores y mantenerse en el poder. 

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