Hannia Novell

Los cárteles de la droga mexicanos aprovechan la miseria de la gente y la parálisis del gobierno para comprar lealtades y pactar nuevas rutas de trasiego. 

Sin pudor y a plena luz del día, como políticos en campaña proselitista, integrantes del crimen organizado utilizan las redes sociales para difundir sus eventos de caridad.

Una vez reunidos con los pobladores, en una aglomeración por demás peligrosa en tiempos de coronavirus, los sicarios entregan cientos de bolsas con artículos de primera necesidad a los habitantes de municipios y demarcaciones afectados por la crisis provocada por Covid-19. 

Cada bolsa tiene el sello de la casa, del cártel; cada corrido que la gente escucha como música de fondo les deja claro quién es el jefe, el padrino. Ya llegará el momento de hacer memoria y cobrar favores. 

Mientras el gobierno federal se muestra incapaz de enfrentar la pandemia, reactivar la economía, mantener la paz social y detener la ola de violencia, el crimen organizado extiende su poder e influencia

Alejandrina Guzmán, hija de Joaquín El Chapo Guzmán, exlíder del Cártel de Sinaloa, ofrece “chapo despensas” para los adultos mayores a través de su fan page de la marca Chapo 701. 

La Agencia APRO publicó fotografías a color y una carta de la hija del primer matrimonio del capo, en la que refiere que es “crucial apoyar a los menos favorecidos, los adultos mayores quienes nos han enseñado un legado de respeto y tradiciones”.

En la publicación de Facebook Live se observa a Alejandrina Guzmán preparar, junto con otras mujeres, las despensas que contienen pastas para sopa, galletas, frijol, azúcar, arroz, aceite y papel higiénico. Son las “chapo despensas”.

En redes sociales, fotografías que habrían sido difundidas por la organización delictiva Los Zetas, se muestra a presuntos sicarios de este grupo criminal repartiendo despensas a familias de escasos recursos de la congregación de Barrillas, en el puerto de Coatzacoalcos, Veracruz, donde la pandemia de coronavirus dejó a miles de personas sin empleo.

En las imágenes aparecen mujeres y jóvenes, con el rostro difuminado, cargando bolsas con despensas y una papeleta blanca, firmada por el Z-45, supuesto líder de Los Zetas en la zona.

El Cártel del Golfo habría entregado apoyos similares a la población de Ciudad Victoria y Matamoros, en Tamaulipas.

El grupo delictivo Los Salazares, del cártel de Sinaloa, también aprovechó las horas recientes para repartir despensas en los límites de los estados de Chihuahua y Sonora, el territorio que controlan en la Sierra Tarahumara.

A diferencia de sus competidores, Los Salazares no se conformaron con difundir su generosidad, sino que hicieron gala de capacidad tecnológica y talento artístico, al subir en las redes sociales un video en el que participan una banda cantando un narcocorrido.

En el material audiovisual se observa a un grupo de jóvenes encapuchados con un cubre bocas, quienes reparten despensas a personas vulnerables, sin alumbrado público, desagüe y con calles de terracería.

En un país donde más de 50 millones de personas viven en condiciones de pobreza, se equivocan quienes piensen que los narcotraficantes buscan la redención de sus pecados, ayudando a tanta gente en el abandono. No. Recuerden que, en los últimos 12 años, al menos 250 mil personas han muerto víctimas de la narcoviolencia.

Los capos de la droga no quieren ayudar al pueblo, reparten víveres para comprar silencio. La impunidad ya la tienen. 

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