Hannia Novell

La elección intermedia del 6 de junio es la más importante de la historia democrática de México. Su resultado será definitivo para el proyecto político de Andrés Manuel López Obrador.

Rumbo a los comicios federal y locales, las casas encuestadoras ya empezaron a medir las preferencias ciudadanas con candidatos, no sólo el posicionamiento de la marca partidista. ¿Cómo van?

Hace un año, en el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) estaban muy confiados en obtener carro completo. Suponían que además de la mayoría calificada en la Cámara de Diputados, también tenían en la bolsa al menos 14 de las 15 gubernaturas en disputa.

La fotografía de hoy muestra números muy diferentes. Aunque la encuesta de GEA/ISA revela que Morena cuenta con el 40 por ciento de la intención del voto, dichos resultados no se traducen en la repartición automática de curules en San Lázaro. 

La alianza opositora del Partido Acción Nacional (PAN), Revolucionario Institucional (PRI) y de la Revolución Democrática (PRD) puede dar la sorpresa, al alcanzar acuerdos de candidaturas comunes. Iban por 50 y lograron 200 distritos electorales.

Sobre las elecciones locales en 15 entidades federativas, los números también han cambiado. En el edificio de Viaducto 50 saben que hoy sólo tendrían cuatro gubernaturas aseguradas: Baja California, Nayarit, Colima y Tlaxcala. En tanto, los integrantes de la coalición PAN-PRI-PRD están llenos de optimismo con los números a favor en Baja California Sur, Chihuahua, Nuevo León y Querétaro.

El PRI, Morena y Movimiento Ciudadano (MC) se disputan Campeche, mientras que el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y el PAN compiten por San Luis Potosí.  En los estados de Guerrero, Michoacán, Sinaloa, Sonora y Zacatecas las preferencias electorales están muy competidas, casi en empate técnico, por lo que ninguna de las fuerzas políticas participantes pueden aún cantar victoria.

Está claro que si los resultados de la elección favorecen al presidente, tendremos que prepararnos para los drásticos cambios que buscará hacer efectivos, para pasar a la historia con la denominada Cuarta Transformación.

Sin embargo, en Palacio Nacional ya advirtieron que el voto ciudadano no les favorece y que, al no obtener la mayoría calificada, el mandatario también pierde la capacidad para reformar la Constitución. Es más, ya amenazó que podría vetar el Presupuesto de Egresos si los diputados disminuyen los recursos para sus programas sociales de carácter clientelista.

Recientemente, la consultora Integralia dio a conocer un documento detallado, en el cual anticipa que aún y cuando Morena será el partido más votado estas elecciones, no se repetirá el tsunami electoral de 2018. También estima que Morena y sus aliados perderán la mayoría calificada, pero lograrán la mayoría absoluta. 

A falta de votos, el ejecutivo está decidido a gobernar por decreto y a vetar cualquier decisión legislativa, que sea contraria a sus deseos. Está claro que desprecia la voluntad que los ciudadanos expresarán en las urnas.

“Ningún problema habría sí el pueblo así lo decide, que si ganan los opositores y tienen mayoría en el Congreso… no está tan fácil, nada más les recuerdo que el Ejecutivo tiene facultad de veto”, señaló López Obrador en una de sus conferencias matutinas, enardeciendo aún más el clima de confrontación en la arena electoral.

El proceso electoral en marcha seguirá siendo un punto de conflicto. Ya veremos si resulta efectivo el Acuerdo Nacional por la Democracia o si el presidente y Morena redoblarán sus ataques contra el Instituto Nacional Electoral (INE), utilizarán el viejo alegato del fraude electoral y su acostumbrado recurso de las movilizaciones de protesta para ganar por la mala lo que no obtienen en las urnas, al tiempo. 

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