Hannia Novell

La violencia criminal en Zacatecas es imparable. El Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y el Cártel de Sinaloa, dos de las organizaciones delictivas más poderosas de México, se disputan su territorio y han convertido a la entidad en el nuevo epicentro de la violencia del narco.

El ambiente de inseguridad ha alcanzado límites extremos. La ola de violencia contra policías y médicos ya se extendió hasta la población civil y la cifra de personas desaparecidas y el número de asesinatos crecen escandalosamente. Zacatecas es la quinta entidad con más homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes.

En sólo tres meses se han registrado 440 asesinatos a sangre fría. Cuerpos torturados y mutilados que el crimen organizado colgó de puentes vehiculares o abandonó en carreteras y en terrenos baldíos, encobijados y amordazados. Zacatecas es un infierno.

De acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), en 2015 Zacatecas registró 286 homicidios dolosos y la cifra llegó a 552 en 2016. 

A partir de entonces, el terror se disparó. En 2017 fueron 675 asesinatos; en 2018 hubo 686; en 2019 fueron 634, y en 2020 la cifra de homicidios dolosos alcanzó niveles históricos: mil 65 asesinatos, prácticamente tres muertos cada día.

Este año será recordado como el más violento en Zacatecas. En lo que va del año han sido asesinadas mil 277 personas a manos del crimen organizado. Sólo el jueves 18 de noviembre, en Ciudad Cuauhtémoc, hallaron 10 cadáveres, nueve de ellos colgados en un puente; en Loreto localizaron los cuerpos de tres personas ejecutadas, a la orilla de una carretera; en Calera asesinaron a dos personas, y en Fresnillo fueron ejecutadas otras cinco víctimas.

La organización Causa en Común reporta sobre el estado de Zacatecas que entre enero y octubre de este año, los medios de comunicación de circulación nacional y local publicaron información relacionada con 56 masacres, 21 fosas clandestinas, 30 cadáveres descuartizados o mutilados, ocho cuerpos calcinados, 32 actos de tortura y el asesinato de 10 funcionarios involucrados con tareas de seguridad.

Zacatecas está en llamas y la respuesta institucional parece insuficiente. Hace unos días, el gobierno mexicano puso en marcha el Plan de Apoyo a la entidad, el cual incluye tres helicópteros artillados, 210 militares del Ejército que se suman a los mil 744 desplegados y 250  integrantes de la Guardia Nacional, quienes se agregan a los mil 644 ya instalados.  

De nueva cuenta, las autoridades refieren que la violencia tiene su origen en la disputa territorial entre los grupos criminales rivales y pretenden que la sola presencia de soldados y elementos de la Guardia Nacional sea suficiente para disuadir la presencia criminal.

Se les olvida que en Zacatecas hay tierras de siembra y laboratorios de drogas sintéticas e ignoran una situación más peligrosa: por su ubicación geográfica se ha convertido en la ruta obligada de los cargamentos de fentanilo, el fármaco opioide que es 50 veces más potente que la heroína.

El fentanilo es la droga de moda: su consumo se está extendiendo por todo el mundo y es considerada como una de las más mortíferas que existen. Lo que las autoridades mexicanas deben tener en mente es que detrás de la violencia criminal de Zacatecas, está el tráfico ilegal de esta substancia y las ganancias millonarias que obtienen las bandas de narcotraficantes.

Ninguna estrategia será exitosa sin un diagnóstico claro. Es la tranquilidad y la vida de los mexicanos lo que está en juego. 

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