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Jorge Díaz Elizondo

De él y sólo de él, depende que los siguientes cuatros años sean un cuesta arriba infinito, o de enderezar el barco para rescatar lo que se pueda.

Lejos, muy lejos de que la sociedad mexicana acepte como verdad definitiva la versión que las autoridades de la PGR dieron el martes sobre lo sucedido esa terrible noche en Ayotzinapa. Las autoridades hablan de certezas. Caso cerrado. Voces bien documentadas afirman que las dudas continúan, que no fue suficiente lo presentado por la dependencia a cargo de Murillo Karam. Los más suspicaces e interesados porque las sospechas permanezcan en el imaginario colectivo, habrán de hacer todo lo posible (como lo han hecho), por seguir alimentando toda clase de especulaciones.

Lo cierto es que nadie está contento. Medios de comunicación que tradicionalmente tratan con suavidad al gobierno en turno, se han sumado al coro de voces que descalifica o por lo menos, pone en duda parte de lo presentado como ‘verdad histórica’.

A los padres de las víctimas no se les regatea nada. Están en todo su derecho, son víctimas. A quienes vilmente los manipulan con verdades a medias y mentiras completas, se les abre la oportunidad de oro para seguir en el camino de sus intereses: en tanto los padres, con su dolor, clamen por una verdad científica, pruebas físicas contundentes y no sea posible entregárseles, los buitres seguirán rondándolos.

Ni modo, así funciona esto. Unos bien, y otros mal intencionados. Unos incrédulos y otros amantes de las conspiraciones fantásticas que abonan a sus intereses perversos, pero todos con un alto grado de escepticismo.

Del otro lado ronda el fantasma mexicano de la corrupción, el compadrazgo, la falta de voluntad por aclarar todo, la idea del ‘todos son iguales’. ‘A las pruebas me remito’, dirán muchos. Y es que lo aclarado a medias sobre la ‘casa blanca’, la de Videgaray y luego la del club de golf, más la licitación del tren y lo que se acumule, echan a la coladera lo emprendido en los primeros dos años de este sexenio.

Nada pasará si no se da un golpe de timón del tamaño de los problemas. Lo que se necesita no es que sepamos si las cosas son legales, queremos ver resultados en términos de cárcel y castigo para todos los que se han aprovechado de sus posiciones de poder. Menos que eso, servirá para nada.

Así está el gobierno de Peña Nieto, con todo en contra.

De él y sólo de él, depende que los siguientes cuatros años sean un cuesta arriba infinito, o de enderezar el barco para rescatar lo que se pueda.

Depende de él y de nadie más.

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