Dignidad policial

14 de Marzo de 2026

Dignidad policial

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La intervención de los policías capitalinos en la tragedia del Hospital Materno Infantil de Cuajimalpa, humilde, generosa y eficaz, arroja luz sobre un gremio cuya dignificación es tan importante como sus funciones.

En contraste con el respeto que se tiene a los uniformados en los países de mayor desarrollo, en México existe ese doble discurso de un amplio segmento multiclasista de la sociedad en que, de una parte, se reivindica la idea de que vivimos de vivir bajo un Estado de Derecho en cuyo primer piso, al ser el primer contacto entre el Estado y la sociedad aparece la policía y, de otro, nos resistimos al cumplimiento de ordenamientos cuya violación genera los primeros síntomas de corrupción.

Todos quieren que se haga respetar la ley…siempre y cuando no se trate de ellos mismos.

Hayan sido o sean empresarios, servidores públicos de alto rango, periodistas, intelectuales o miembros de una familia acaudalada o influyente cuyos vástagos han sido atrapados en circunstancias impublicables, son ellos quienes se resisten a que se aplique una norma.

Son con frecuencia quienes más vociferan para que la ley se cumpla quienes la resisten al confrontar al modesto policía que les conmina a hacerlo.

He visto, especialmente en las delegaciones de Iztapalapa y Cuauhtémoc, pero la frecuencia en que ocurre no es privativa de ninguna demarcación, personas dispuestas a golpearse con los policías cuando se sienten contrariadas por la intención de imponer una multa o establecer un cierto orden en un establecimiento comercial o en una oficina pública.

Al mismo tiempo, muchos hemos sido testigos del comportamiento mesurado de personas semejantes cuando tratan con oficiales representantes de la ley en áreas de migración o en las calles de ciudades estadounidenses o europeas.

Afirmar que la capacitación, dignidad, eficacia de un policía extranjero es mayor, antes de conocer al policía específico que estamos predispuestos a ignorar, insultar o zarandear, es un síntoma de esa dualidad hipócrita que con frecuencia algunos tienden a mirar a la autoridad.

La policía en México está sujeta a la mayor presión imaginable.

A veces por los propios jefes policíacos, especialmente en los municipios o ciudades de toda medida, exigentes de cantidades por mordidas en crucero o por encubrimiento de actividades ilícitas; por organismos partidarios y sociales que pueden impunemente enviar al hospital a un representante de la ley; por autoridades temerosas de ejercer sus facultades y competencias; por las oficinas de asuntos internos que frecuentemente importan menos que la presión mediática; por las escasas prestaciones, capacitación y miserable salario que en general perciben en todo el país.

El policía debe ser un personaje que encarna dignidad y autoridad para todos. Merece tener la posibilidad de ejercer un proyecto de vida protegido legal y socialmente.

Para ello la autoridad más alta debe representar esa autoridad y esa dignidad, como la de un policía que intenta el salvamento de un bebé y habla con esa humildad del protocolo para realizarlo.

Algún día.