La asistencia de la presidenta a la reunión de los líderes de “izquierda” en Barcelona ha reavivado el debate “ideológico”. La convocatoria de Pedro Sánchez se hizo con la intención de proteger el multilateralismo ante un gobierno trumpista de “derecha” que alborota la arena internacional y los gobiernos recientemente electos en América Latina que siguen agendas “derechistas”. La opinión pública ha entendido que la intención de la reunión en España es la creación de un bloque de “izquierda” que pondrá resistencia ante el aparente giro hacia la “derecha” en diferentes partes del mundo.
En México, el uso de los términos “izquierda” y “derecha” para englobar bloques partidistas y clasificar personajes políticos es muy común. Pero la realidad muestra que, en el agregado, la sociedad mexicana no sabe ubicar sus ideales en el espectro político.
Hace un par de décadas, el diario Reforma publicó los resultados de una encuesta en la que concluyeron que la sociedad mexicana era de centro-derecha. Esto se midió pidiendo a los encuestados posicionarse en una escala del 1 (izquierda) al 10 (derecha). El resultado fue más cercano al 10 que al 1.
Unos meses después, Estrada y Parás hicieron un ejercicio en donde pidieron a los encuestados hacer lo mismo, pero con un instrumento meramente espacial, sin números. Al hacerlo así, la mayoría de los mexicanos se ubicaron más al centro del espectro, sin importar si eran del PRI, del PAN o del PRD. Este ejercicio demostró que la encuesta de El Reforma pasó por alto un error en su metodología, ya que los encuestados entendieron el sistema numérico como una evaluación en donde cualquier número por debajo de 6 resulta reprobatorio. Además, dentro de la misma encuesta, los autores encontraron que los mexicanos suelen usar como referencia qué partido propone una idea para clasificarla como de izquierda o de derecha en vez de juzgar a la idea en sí. Al medir la percepción ideológica de cada partido, el encuestado colocaba al partido con el que simpatizaba en el mismo lugar en el espectro en el que se ubicaba él mismo. Las personas no eligen al partido que apoyan por simpatizar con sus ideas, sino que primero seleccionan un partido que les atrae como una marca, y después le atribuyen características ideológicas y virtudes.
Este vacío en la brújula ideológica, donde la identidad domina sobre las ideas, es explicado por el concepto de parapolítica. La parapolítica, según Žižek, es una forma de ocultar lo político que evade el debate estructural, reemplazándolo con un mercado de ideas en donde el elector es un cliente. Los partidos políticos interactúan como socios o competidores que resuelven los conflictos dentro de un sistema reglamentado. Cuando la política mexicana carece de cuestionamientos profundos, el debate se centra en temas más morales que políticos, discutiendo qué político es más corrupto o qué partido se relaciona menos con el narco, donde los políticos buscan seducir al cliente potencial sin proponer cambios reales al sistema dominante y tratando a sus opositores como socios o competidores comerciales. No es de su interés tomar posturas ideológicas claras, sino seguir las normas aceptadas por sus competidores, socios y clientes.
Es un error asumir que la convocatoria de Pedro Sánchez implica que México se sume a un bloque defensor de las izquierdas. Lo que observamos es al gobierno de Sheinbaum esforzarse por demostrar cuál es su propuesta en el mercado electoral, viniendo de un país en el que la izquierda ha operado más como marca que como proyecto. ¿Qué intenta Sheinbaum que se entienda por izquierda en nuestro país?