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Norma Montiel

Poco a poco, la imagen de Afganistán regresa a lo que fue durante el primer régimen talibán a finales de la década de 1990, con escenas en las que los ciudadanos venden sus escasas pertenencias para subsistir. Los mercadillos vuelven a abundar, y en ellos se ofertan desde modernos electrodomésticos hasta enseres de hace décadas como televisores o máquinas de coser.

La venta desesperada de pertenencias personales obedece a dos necesidades: la alimentación o salir del país cuyas políticas ahora incluyen la prohibición de retirar más de 200 euros a la semana de las cuentas bancarias. “No tenemos nada que comer, somos pobres y nos vemos obligados a vender estas cosas”, detalló a AFP Mohamad Ehsan, quien fue al bazar con dos mantas para vender.

Las oportunidades de trabajo en todo el país se han visto afectadas por el régimen talibán, ya que actividades como construcción o trabajo de oficina han sido canceladas o suspendidas. “Había gente rica en Kabul, pero todos se han ido”, explicó Ehsan.

Los afganos que permanecieron en la capital no creen en las promesas talibanes sobre libertad y prosperidad. La principal señal de desesperanza es el aumento desmedido en los precios de los alimentos, algo que precedió al anterior régimen en 1996.

Medida extrema. La mayor parte de las personas se han quedado sin empleo.

Aunado al freno al trabajo, Afganistán se encuentra actualmente bajo una severa sequía que imposibilita el acceso a la alimentación. En los mercados, quienes ya no tienen artículos para vender se ofrecen para reparar equipos electrónicos, y en el caso de los jóvenes, sirven como ayudantes, en especial en los puestos de comida. Los tenderos con experiencia en la compra y venta de artículos de segunda mano aseguran nunca haber estado tan ocupados. “Solíamos comprar cosas de una o dos casas por semana. Ahora, si tienes una tienda grande, puedes almacenar los enseres de 30 casas a la vez. La gente es pobre y está desamparada. Están vendiendo pertenencias que valen 6 mil dólares por unos 2 mil”, dijo Mostafá, uno de los comerciantes a AFP.

Y aunque las preocupaciones de los afganos se limitan mayormente a la alimentación, la Covid es otro problema al acecho. El sistema sanitario se encuentra al borde del colapso después de que muchos países occidentales suspendieran sus programas de ayuda. De continuar así, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo advirtió que el porcentaje de personas bajo el umbral de la pobreza podría subir al 97% para mediados del próximo año.

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