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Bet Birai Nieto

Filósofos de varias latitudes han comenzado a discutir sobre lo que sucederá con el comportamiento humano y el poder una vez que termine la emergencia sanitaria; Chomsky, Benvenuto, Harari, Mattarella o Messina se plantean escenarios distintos, algunos buenos y otros mucho peores

Un mundo nuevo. Esa es la sentencia que emiten las voces de la filosofía contemporánea al referirse a las modificaciones que sufrirá el comportamiento de la humanidad a partir del confinamiento y la convivencia provocada por la crisis sanitaria del Covid-19.

El trabajo desde casa, las escuelas virtuales e incluso el entretenimiento, son los espacios que comenzarán a modificarse a partir del confinamiento, pero no sólo eso, pues servirá como experimento para corporaciones y gobiernos.

Desde la construcción de nuevas formas de poder y control social, mayores impactos negativos en el medio ambiente, y hasta radicales cambios de hábitos en la convivencia social y laboral, son los escenarios que dibujan los pensadores contemporáneos que ya reflexionan sobre el post Covid-19.

Entre esas voces filosóficas se encuentra la del italiano Sergio Benvenuto, quien asegura que los efectos de esta epidemia fortalecerán una tendencia que habría prevalecido, en cualquier caso, y de la cual trabajar de forma remota o trabajar desde casa y evitar la oficina, es sólo un aspecto. Considera que será cada vez menos común que los habitantes se despierten por la mañana y aborden vehículos públicos o privados para llegar al lugar de trabajo; cada vez más trabajarán en sus computadoras, desde sus casas, que se convertirán en sus oficinas.

Además, gracias a las plataformas Amazon y Netflix, por ejemplo, los habitantes del planeta ya no tendrán que salir a hacer compras, pero tampoco al cine para ver películas, ni comprar libros en librerías, pues las tiendas y librerías desaparecerán y todo se hará desde casa.

Uno de los cambios que veremos en la sociedad en la emergencia sanitaria reside en que los gobiernos y organizaciones de todo el mundo efectuarán grandes experimentos sociales que darán forma al mundo en las próximas décadas.

El peligro

Para el historiador y profesor en la Universidad Hebrea de Jerusalén, Yuval Noah Harari, “la epidemia del coronavirus podría marcar un hito importante en la historia de la vigilancia”.

El  autor de Homo Deus plantea que la crisis de Covid-19 se perfila como el momento determinante de nuestra era, pues la historia se está acelerando, pero también sostiene que hemos entrado a un agujero de gusano histórico en el que las leyes normales de la historia están suspendidas.

“Durante algunas pocas semanas, lo imposible es lo ordinario. Eso significa que, por un lado, debemos tener mucho cuidado. Este es un momento en que los tiranos pueden llegar al poder en las democracias, y las distopías pueden fraguarse y ser impuestas”, expuso.

Uno de los cambios que veremos en la sociedad, añade, reside en que los gobiernos y organizaciones de todo el mundo efectuarán grandes experimentos sociales que darán forma al mundo en las próximas décadas.

Un ejemplo aplicable a los gobiernos reside en la posibilidad que algunos otorguen un Ingreso Básico Universal. Si bien la mayoría de los políticos rechazaron la idea por parecer utópica, hoy incluso el gobierno de Donald Trump, en Estados Unidos, está a punto de dar a cada ciudadano estadounidense un salario básico mientras dure la crisis. “¿Cuál será el resultado de este experimento? Nadie lo sabe. Pero pronto aprenderemos, y podría cambiar permanentemente el sistema social y económico en todo el mundo”, dijo Harari en una entrevista al diario chileno La Tercera.

Vida y muerte global

A nivel gobierno, la chilena Aïcha Messina, sostuvo que la pandemia muestra que la globalización no es un mero intercambio económico. La calidad de nuestra vida y también la de nuestra muerte parecen depender de dinámicas globales: muchos ancianos de poblaciones vulnerables no sólo mueren, sino que lo hacen aislados y en condiciones inhumanas. El pánico, afirma Messina, surge de la ausencia de un marco político para estas dinámicas a nivel planetario.

Si bien el 28 de febrero pasado el Giorgio Agamben aseguraba en su artículo “La invención de una epidemia” que “el virus radica en la parálisis relacional que propaga”, al calificar de frenéticas, irracionales e inmotivadas las medidas del gobierno italiano de Sergio Mattarella.

Una de ellas, considera, es el confinamiento de los ciudadanos. En ese punto estableció que una vez agotado el terrorismo como causa de procedimientos de excepción, “la invención de una epidemia puede ofrecer el pretexto ideal para ampliarlos más allá de cualquier límite”.

›Para el estadounidense Noam Chomsky, la población mundial ahora funciona con el coronavirus en sus mentes con rituales que van de lavarse las manos hasta el saludo interpersonal y establecer una distancia interpersonal prudente.

Aunque la pandemia también responde a la amenaza de una catástrofe medioambiental, dijo en una conversación con el medio italiano Il Manifesto, el también catedrático del MIT reforzó la idea de que el manejo de la pandemia a nivel global es “el enésimo ejemplo del fracaso del mercado”.

La crisis, aseguró en esa entrevista, pone de manifiesto profundos defectos en los modelos económicos imperantes, defectos que pronto provocarán crisis mucho peores, a menos que se tomen medidas importantes para evitarlos. Por terrible que sea la crisis del coronavirus habrá recuperación, aunque no habrá recuperación del calentamiento global si no se controla.

“Las perspectivas de una supervivencia digna a largo plazo no son altas a menos que haya un cambio de rumbo significativo. Gran parte de la responsabilidad está en nuestras manos; las oportunidades, también”, escribió en el capítulo “El Reloj del Apocalipsis”.

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