Maquiavelo, el autor más moderno de quienes lo sostenían antes de él y, sorprendentemente, después de él, afirmó que el liderazgo es la capacidad de reproducir al grupo.
Con otras palabras y en otros tiempos la vigencia de la idea puede mover a estremecimiento o, al menos, a reflexión.
Si un líder se coloca en una situación en la cual quienes lo rodean perciben que existe el riesgo permanente o creciente de la pérdida de esa capacidad de sobrevivencia colectiva, podemos agregar, quien comienza a peligrar, a través de la sensación compartida de inefectividad en el liderazgo, es el líder mismo.
Entre más cercana la percepción del colapso o deterioro del capital político de un grupo respecto de su liderazgo, especialmente cuando se trata de liderazgo político, el relacionado con la capacidad cotidiana de reproducción de los valores e intereses de una comunidad de actores ciudadanos y políticos, mayor será la probabilidad de un colapso donde el arte de la guerra y la diplomacia, extremos ellos mismos de la política, se confunden, fusionan, engullen.
La política es, independientemente de su plataforma, dictadura, monarquía o democracia, competencia por el poder.
La evidencia de la incompetencia de un liderazgo es acentuada en democracias participativas que además cuentan con el incontrolable instrumento del ingenio y la tecnología en la viral potencia de las redes sociales.
Quien gobierna debe asumir que ser visto miles de veces por los más influyentes y los más poderosos, alrededor de decisiones financieras o de la elaboración de mensajes, equivale a una indomesticable red de millones de personas en capacidad de opinar con inteligencia e independencia.
Opiniones mueven decisiones.
Y la red más sensible del staff y de quienes pertenecen al círculo más íntimo de cada poder en cada esfera, sabe de qué se trata el riesgo y el peligro.
En la vida de los principados ya había algo que en el transcurrir de las democracias se convierte en estímulos digitales multiplicados a la enésima potencia.
Inquietud. Preocupación.
Aquel era el año de 1513. Este es cualquier otro año.
No volvió a ocurrir. A ese príncipe.