Alejandro Alemán

Para el cómico inglés Sacha Baron Cohen no hay duda alguna: este era el momento ideal para estrenar la secuela de su muy exitosa Borat: Cultural Learnings of America for Make Benefit Glorious Nation of Kazakhstan (Charles,2006), aquella cinta que en su momento provocó la ira de miles, al tiempo que llenó las salas de cine con un público que no podía creer la osadía del reportero kasajo quien, cual bufón loco, desnudaba la doble moral gringa.

Han pasado catorce años de aquel ejercicio de valentía e incorrección política y el mundo no podría ser más distinto: ya no hay cines (Borat estrena exclusivamente en Amazon Prime Video), y el presidente de la nación norteamericana es un individuo tan ignorante y misógino como el propio Borat.

¿Cómo hacer humor cuando Donald Trump se ha vuelto competencia desleal con gracejadas del tipo: “soy la persona menos racista del mundo”?

Sacha Baron Cohen entendió lo complicado del reto, pero encontró una fórmula ganadora: dejar que una mujer se robara el spotlight.

En Borat Subsequent Moviefilm: Delivery of Prodigious Bribe to American Regime for Make Benefit Once Glorious Nation of Kazakhstan (si, ya sé, pude escribir Borat 2, pero no me resistí las ganas, perdón a mi editor), el reportero regresa a Estados Unidos con la misión de entregarle un tributo a Mike Pence a nombre de Kazajistán: un chango. 

Desgraciadamente el animalito muere en el viaje, por lo que Borat decide que la segunda mejor opción es regalarle al vicepresidente a su hija adolescente (quien viajó de polizón).

Lo que sigue remite a las bromas de la primera cinta, aunque el humor no pierde efectividad: se cuela en un mitin trumpista donde canta una terrible canción racista contra Obama, se disfraza de Trump para colarse a un acto de Mike Pence, y se mensajea por fax (!) con los dirigentes de su país.

Pero las mejores secuencias son en las que aparece su hija, Tutar (Maria Bakalova, toda una revelación) quien, como su padre, tampoco parece tener límite alguno e incomoda a diestra y siniestra, ya sea enseñando los calzones en un “baile de debutantes” o haciéndose pasar por reportera frente a un Rudy Giuliani que coquetea con la adolescente menor de edad. Bakalova es una gran alumna de Baron Cohen. 

La experiencia con su hija hace que Borat entienda que las mujeres no deben estar en jaulas y que pueden hacer lo que quieran, como por ejemplo, ser reporteras. El gesto feminista es conmovedor, pero complica aún más la permanencia del personaje. Tal vez Borat haya muerto de un certero disparo de corrección política, pero tenemos esperanza en que su hija siga con su hilarante legado.

Compartir