Alejandro Alemán

Ante la inminente crisis por los primeros contagios de coronavirus en México, una de tantas industrias que ya comienza a sentir una caída importante en sus ingresos es la de la exhibición de cine.

Sin ir más lejos, el pasado sábado y domingo se registró el fin de semana más bajo en asistencia (y recaudación) desde 2015. Es, además, el segundo fin de semana consecutivo con números a la baja. Dicho en otras palabras, la gente no está acudiendo al cine.

Las razones son obvias: amén del miedo al posible contagio por acudir a lugares concurridos, se suma el miedo de las grandes distribuidoras, quienes al ver cómo la población mundial se guarda en casa, decidieron retirar sus estrenos más importantes para exhibirlos cuando las condiciones sean más favorables. Así, los títulos disponibles no llaman la atención de un público que esperaba llenar las salas para ver Mulan, Rápidos y Furiosos 9 o la más reciente aventura de James Bond.

El título con mejor desempeño el fin de semana, la cinta Onward (Unidos) de Pixar, sufrió una caída en ingresos respecto al fin de semana pasado de 50 por ciento. Los siguientes títulos en la lista (Bloodshot, Veinteañera Divorciada y Fantástica, El Hombre Invisible y Sonic) presentan caídas mayores o similares. 

En resumen, 2020 tiene un acumulado de 49.5 millones de espectadores, 17% abajo respecto al mismo periodo de 2019. 

Y eso que los cines aún no cierran, aunque es un hecho que tarde o temprano, ya sea por precaución sanitaria o por simple abandono, tendrán que bajar la cortina y apagar el proyector. Al momento de escribir esto, las autoridades de Nuevo León decretaron el cierre total de las salas de cine, con lo cual la recaudación caerá mucho más. 

En Estados Unidos, distribuidoras como Universal decidieron poner en renta —en las plataformas de Apple y Amazon— las películas que se encontraban en cartelera. Es una solución, pero en el territorio mexicano no es tan fácil: las reglas sobre cómo y cuándo puede una película llegar a una plataforma de streaming son complicadas.

Esto pone en jaque a las distribuidoras pequeñas, quienes no se pueden dar el lujo de retirar sus títulos, pero tampoco pueden subsistir con salas vacías.

La crisis no sólo es inminente sino inevitablemente, y será mayor con el paso de los días. Queda en duda si los grandes exhibidores podrán soportar su nómina sin operar, o los trabajadores tendrán que pagar los costos del coronavirus.

El año 2020 será recordado como aquel en que el mundo entero se quedó en casa a ver contenido por streaming mientras, allá afuera, se libraba una guerra para erradicar a un virus. 

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