Alejandro Alemán

Existe cierta catarsis en el hecho de ver una película de desastres en medio de una pandemia. Hay cierto confort en ver al mundo acabarse a la vieja usanza hollywoodense: con explosiones, drama, corretizas y no como lo estamos viviendo nosotros, encerrados en nuestras casas y saliendo lo menos posible. Nuestro fin del mundo carece de personalidad cinematográfica.

Todo lo contrario con El Día del Fin del Mundo (Greenland, 2020), el séptimo largometraje del otrora doble de acción Ric Roman Waugh, que cumple al pie de la letra todos los clichés de una cinta de desastres: familias en conflicto, paranoia, persecuciones, acción y uno que otro deus ex machina.

Nada nuevo bajo el sol excepto por dos cosas: definitivamente no es lo mismo ver este tipo de cine un miércoles cualquiera que verlo en una sala de cine con sana distancia, cubrebocas y en pleno semáforo rojo que no es rojo pero que si es bermellón, magenta, coloradito.

Segundo: El Día del Fin del Mundo destaca en su honesto homenaje a aquellos que los gringos llaman first responders, que no son sino las enfermeras, doctores, policías y militares que salen al rescate siempre, ya sea porque viene tremendo meteorito a la tierra, ya sea porque un virus se esparce ominosamente por todo el planeta.

Gerard Butler es John Garrity, un arquitecto con problemas maritales (el muy tonto le puso el cuerno a su esposa, la guapísima Morena Baccarin) y ambos son padres del pequeño Nathan (Roger Dale Floyd). Una lluvia de meteoritos está por impactar la tierra y aunque el gobierno pareciera minimizar el asunto (¿dónde hemos escuchado eso?) la red de protección civil se activa notificando a unos pocos afortunados (los Garrity entre ellos) que han sido seleccionados para ir a un refugio. Obviamente llegar hasta allá no será fácil,

A diferencia de muchas cintas del género, Butler no interpreta a un héroe ni mucho menos, se trata de un padre de familia común que lo único que busca es salvar a su familia (ecos claros con aquella joyita de Steven Spielberg, War of the Worlds, 2005). 

Lo interesante aquí es que a pesar del caos, de la histeria, de la violencia global que todo esto desata, para Waugh y su guionista —Chris Sparling— los héroes son y seguirán siendo los first responders, quienes no importando nada, ellos se comportan cual servidores públicos ejemplares, conteniendo a la turba, ayudando a los heridos, confortando a los desesperados y a la vez siguiendo órdenes.

Las instituciones, pues, resultan vitales para los momentos de crisis (ficticios o reales). Aquel que dijo “al diablo las instituciones” definitivamente no sabe de qué está hablando.  

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