Alejandro Alemán

Greyhound es una rara avis del cine de acción y de guerra. Disponible en Apple TV+, es una película emocionante y bien estructurada que no da respiro alguno al espectador y que nunca pierde el tiempo en subtramas innecesarias, diálogos de exposición o reflexiones profundas. 

La cinta va al grano de inmediato: son 90 minutos de una batalla naval donde Tom Hanks (interpretando al comandante de marina Ernest Krause) tiene como misión llevar a buen puerto a un convoy estadounidense de 37 naves con suministros y tropas que cruzan el Atlántico por la zona conocida como Hoyo Negro, lugar donde la fuerza aérea no puede protegerlos, quedando al acecho de los peligrosos submarinos nazis.

Se trata de un filme procedural donde seguimos en todo momento al comandante Krause —ferviente creyente y marino sumamente profesional— en una misión que parece suicida. Estoico, de sangre fría, pero sin perder nunca la empatía por su tripulación, el comandante Krause grita órdenes, pide información a sus oficiales, envía mensajes, fija la mirada —gracias a sus binoculares— en aquel mar picado, silenciosamente atisbando al enemigo, buscando su rastro para entonces ordenar el ataque o la acción evasiva.

El peso de la responsabilidad no lo detiene, pero ello tampoco evita que cada muerte le pese, incluso tanto como para no celebrar las bajas enemigas, a las que también cuenta como “almas”. 

Casi no hay diálogos, todo es la jerga militar marina, pero aunque no entendamos bien a bien qué dice el comandante y su tripulación, la extraordinaria cámara de Shelly Johnson con la soberbia edición a cuatro manos de Mark Czyzewski y Sidney Wolinsky, nos ponen al tanto de lo que sucede situándonos en la primera línea de golpeo en una batalla llena de momentos de tensión y sufrimiento. 

Hanks no sólo es soberbio en su papel de pastor que lleva a su rebaño por entre las aguas del mal, sino que también hace un trabajo notable como responsable del guion, basado en la novela de C.S. Forester sobre este episodio de la guerra mundial. 

Junto con el director Aaron Schneider, actor y cineasta entregan una fascinante pieza de acción donde la creciente tensión, el poder de las imágenes y el ruido de las explosiones provocan nostalgia: esta película merecía verse en un cine, en una pantalla gigante y en sonido envolvente.

Inserta en la clásica narrativa hollywoodense sobre la valía de todo hombre que hace bien su trabajo, el Krause de Hanks es un tipo entrañable que toma riesgos, acepta errores, no elude responsabilidades, pero sobre todo, que está consciente de que sus decisiones cuestan vidas. Hacen falta más personajes así, en el cine y en la realidad. 

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