Alejandro Alemán

El gran problema de las biopics es que en no pocas ocasiones se convierten en hagiografías. King Richard (EUA, 2021) está en esa línea.

Dirigida por el cineasta Reynaldo Marcus (segunda biopic en su haber), King Richard es la historia de cómo las hermanas Williams —Serena y Venus— inician su carrera para ir del Compton hasta Wimbledon y convertirse en un auténtico fenómeno del mal llamado “deporte blanco”.

Serena y Venus son productoras de esta cinta, ello explica el tono complaciente: dos horas de admiración absoluta hacia su padre y entrenador, interpretado por Will Smith.

Según el guión del debutante Zach Baylin, el señor Williams era un tipo testarudo, metódico, obstinado, quien desde antes de nacer Serena y Venus (en una familia que ya contaba con tres hijas) diseñó un detallado plan para convertirlas en estrellas del tenis. “Tengo dos Mozarts en la familia”, decía convencido el señor Richard, quien entrenó personalmente a sus hijas en duras jornadas, incluso bajo la lluvia.

Will Smith se deja la barba, encorva los hombros, baja la cabeza, estira la mandíbula y ¡listo!, ahí tienen al Señor Richard. Siempre detrás del volante en su vieja combi, este extraordinario padre es trazado no sólo como un gran entrenador, como una ametralladora de frases positivas: “No gana el que duerme, sino el que sueña”, al grado que si todo esto del tenis fallaba, el hombre bien podría haber hecho gran fortuna escribiendo libros de autoayuda.

El título lo dice bien: en esta película, el Sr. Richard —Will Smith— es rey. El actor llena la pantalla la mayor parte del tiempo mediante tremendos close ups, mientras que sus hijas son relegadas a un simple McGuffin. Apenas y hay espacio para que los otros entrenadores (Jon Bernthal y Tony Goldwyn) roben un poco de spotlight a Smith, junto con Aunjanue Ellis en el papel de su esposa (quienes, por cierto, ya están divorciados).

Un ejercicio de mercadotecnia, relaciones públicas y Oscar bait que busca a toda costa borrar cualquier indicio de tiranía en el padre de las Williams, y es que cuando empieza a mostrar tintes de implacable autócrata, la película nos recuerda —no sin razón— el constante acoso racial que han sufrido: desde el KKK, hasta la policía y las bandas del Compton. Salir de la pobreza no era sólo necesidad sino statement.

El aspecto más relevante entre tanta adulación al método y la persona de Richard Williams es su honesta convicción de hacer de sus hijas personas respetables y humildes, no obstante los millones de dólares que les lloverían en los años por venir.

Tirano o genio obstinado, Williams será todo, pero sus hijas, ellas son verdaderas estrellas.

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