Alejandro Alemán

“Le he perdido el miedo a todo…” La frase, contundente, es dicha en un primerísimo plano por Marisela Escobedo: enfermera, madre y empresaria que, gracias a la gigantesca ineptitud del sistema de justicia mexicano, se convirtió también en activista, luchadora social y mártir.

La ópera prima del director Carlos Pérez-Osorio, Las Tres Muertes de Marisela Escobedo, es la triste, desgarradora e indignante crónica sobre cómo Marisela pasó de ser madre de cinco hijos a convertirse en prueba fehaciente de que el Estado mexicano no sólo es un estado fallido, sino que cada vez está más cerca de ser un narcoestado.

Esta historia comienza como muchas otras en Ciudad Juárez: Rubí, la hija adolescente de Marisela, desaparece. Su madre da parte a las autoridades, pero además investiga por su cuenta. Así, Marisela descubre que su hija fue asesinada y aventada a un basurero por su novio, Sergio Rafael Barraza.

Las autoridades confirman y atrapan al acusado. Tras un juicio en el que Marisela presenta las suficientes pruebas para condenarlo, la justicia de Chihuahua lo declara inocente. El llanto y la impotencia ante el increíble veredicto no frenan a Marisela. El terror apenas comienza.

Producido por Netflix, Las Tres Muertes de Marisela Escobedo juega por momentos al true crime, pero va más allá: se trata del relato puntual de una mujer que busca a toda costa y por sobre toda circunstancia la justicia para ella y su hija, develando así lo podrido de un sistema que optó por ignorarla.

Y es que la historia de Marisela Escobedo debió acabar en el juicio al asesino de su hija, debió acabar cuando dio con el asesino por segunda y tercera vez, debió finalizar cuando se plantó en el palacio de gobierno de Chihuahua, frente a la oficina de César Duarte. Debió acabar con Sergio en la cárcel y no con la impunidad que le otorgó al asesino el unirse a las filas del narcotráfico. La presa se convierte en cazador: Marisela ahora es perseguida por el recién estrenado narco. Pero las advertencias ya poco importan: Marisela ya no le teme a nada.

A 10 años de distancia, el horror no termina, porque no sólo es Rubí, ni Marisela, son miles de historias con un común denominador: la injusticia, la impunidad y el absoluto desprecio del Estado mexicano hacia sus mujeres y sus ciudadanos.

Pérez-Osorio narra con buen pulso esta historia que todo el país debe conocer. Porque si tres presidentes le han fallado a esta familia (Calderón, Peña y López, los tres por omisión), lo menos que podemos hacer nosotros es no permitir que este caso, ni los miles que aún claman por justicia, se queden en el olvido. 

Compartir