Alejandro Alemán

El exceso de películas basadas en cómics evidencia las carencias del género; se me ocurren al menos tres: mejores historias, mejor ejecutadas, y con más mujeres dirigiendo y protagonizando este tipo de historias.

El nuevo filme de la directora Gina Prince-Bythewood (Love & Basketball, The Secret Life of Bees) cumple con al menos dos de esas características. Estamos ante una película basada en el cómic homónimo escrito por Greg Rucka, en la que un par de mujeres —una de ellas afroamericana— son las protagonistas, mientras que sus compañeros de equipo son una pareja homosexual y, por si esto fuera poco, la cinta pasa sin problema la famosa prueba Bechdel, aquella que evalúa la brecha de género.

Lo anterior hace que la película sea notable, pero lo que la vuelve disfrutable es que ninguna de las características que menciono parece impostada para cumplir agenda alguna. El guion, del propio Rucka junto con Leandro Fernández, mantiene orgánico el hecho de que las mujeres sean centro y punto de torque de esta historia.

Nile (Kiki Lane) es una soldado que resulta malherida en combate. Todos la dan por muerta, pero resulta que se recupera sin rasguño alguno. Nile es reclutada por Andy (Charlize Theron) una mercenaria quien le informa sobre su extraordinaria condición: resulta que ambas mujeres son inmortales, no importa si las balacean, las queman o las apuñalan, no pueden morir. Andy es la líder de un grupo de élite que ha pisado la faz de la Tierra desde hace siglos (pelearon con Napoleón, estuvieron en las cruzadas), haciendo el bien, o como ellos dicen, haciendo lo que creen que está bien.

Los problemas empiezan cuando un megalomaniaco empresario farmacéutico, Merrick (Harry Melling, con pinta de un Zuckerberg cualquiera), trata de capturarlos para hacerles pruebas y fabricar un medicamento que le permita a la humanidad ser inmortal, como ellos.

De poco presupuesto, a veces incluso con sabor a cine B, La Vieja Guardia (por su nombre en español) funciona como vehículo de lucimiento de sus dos protagonistas —Theron y Lane—, quienes con derroche de violencia tiran balazos, patadas y reflexiones (tal vez demasiadas) sobre lo pesado que es vivir eternamente.

La primera mitad de este origin movie es el más logrado, pero rumbo al desenlace se hacen demasiado evidentes los hilos que mueven la trama, amén de que la historia demanda, a gritos, más humor y menos solemnidad.

Esto último no debe hacernos descartar esta película, que se ubica por encima del promedio de cualquier cinta palomera de superhéroes y que te deja con ganas de una secuela, o tal vez incluso, de una serie. 

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