Alejandro Alemán

Sin duda alguna, la gran estrella en The Power of the Dog (Nueva Zelanda-EU, 2021) es Benedict Cumberbatch. Su personaje, Phil, es un hombre que vive en Montana, 1925, y sigue obsesionado con el modo de vida del “viejo oeste”. Monta a caballo, usa chaparreras, castra toros a mano limpia y no se baña. El contraste con su modo de vida queda claro cuando conocemos a su inseparable hermano George (Jesse Plemons, magnífico) quien viste de traje incluso cuando monta caballo, es un caballero y por supuesto, se baña.

Pero las diferencias no acaban ahí, y es que para alimentar aún más su aura de macho absoluto, Phil se comporta como un auténtico bruto: insulta un día sí y otro también a su hermano, no es amable con nadie y posee una habilidad extraordinaria para lanzar comentarios lacerantes. El habla es su mejor arma.

Se trata pues de un ser despreciable, pero la construcción del personaje es tan exacta (su forma de hablar, de vestir, de caminar) que uno no puede sino sentir cierta simpatía por este ser tan absolutamente arcaico.

Pero no se puede ir por la vida siendo un imbécil las 24 horas del día. La liga se empieza a tensar cuando en una comida, Phil insulta (como solo él sabe hacerlo) a Peter (estoico Kodi Smit-McPhee), el larguirucho hijo de Rose (Kristen Dunst, en vía libre hacia la nominación) y quien tiene como hobbie hacer flores de papel.

La cosa se complica aún más cuando George se enamora de Rose y se casa con ella en secreto, desatando la furia de Phil quien muestra el lado más infantil de su machismo rampante. Su actitud perturba a todos, principalmente a Rose, quien busca refugio en el alcohol ante el amenazante acoso de su cuñado.

Jane Campion dirige esta cinta con amorosa mano firme, ejerciendo control absoluto de todo lo que se ve en pantalla, desde una mosca posando encima de un toro, hasta esos silencios incómodos que permean por toda la cinta.

Los imposibles paisajes (que en realidad son de su natal Nueva Zelanda) son propios del western pero el imaginario visual no termina ahí: los interiores (casi siempre oscuros) también hablan de la opresión en la que vive esta familia. Cuando George llega a casa con Rose, esta aparece en escena como una tímida luz a punto de fenecer en una cueva.

Western revisionista pero con un ángulo inusual. Por supuesto, el encontronazo entre Phil, George y Peter no es sino un estudio de la masculinidad, sin regaños ni sermones.

Si como dice Phil “la paciencia ante la adversidad es lo que nos hace hombres”, entonces estamos frente a la historia de cómo Peter se convierte en uno. Y es que la cinta revela su verdadera faz justo en la última escena de esta historia que, engañosamente, se viste de trama homoerótico, de deseos reprimidos y masculinidad tóxica.

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