Raúl García Araujo


Hierros de apreciación, de percepción de la realidad, de sentido de ubicación y de temporalidad, hasta de mal gusto de varios actores presenciales en las ceremonias del Grito de Independencia y del Desfile Militar terminan por confundir a la población y mermar el nacionalismo, ese que nos hermana como mexicanos y que antes era inalterable.


En esos hierros cometidos la primera dama llevó la delantera. De entrada, el vestido azul celeste que lució la primera dama en la ceremonia del Grito de Independencia, contrastó con la conmemoración de los 211 años de la independencia de México y la arenga presidencial a las culturas prehispánicas.
Ese azul celeste (azul de tafeta, dicen los expertos en diseño) característico entre los reyes de España, que simplemente borró de un plumazo al verde, blanco y rojo de nuestro México querido.


La primera dama optó por un elegantísimo y carísimo vestido de las diseñadoras Carla Villarino y Luciana Corres, y despreció las manos de las artesanas oaxaqueñas, chiapanecas, y de otras latitudes, que nada piden en sus diseños a las “fifís” aspiracionistas que tanto odia el presidente López Obrador, y que ataviaron a algunas de las participantes en ese evento majestuoso, menos a la primera dama


En medio de este contexto patriótico, resaltó el vestido de la historiadora y esposa del presidente, Andrés Manuel López Obrador, Beatriz Gutiérrez Müller.
Lo mismo sucedió durante el Himno Nacional, donde la historiadora poco le emocionó entonarlo y en algunos momentos, simplemente guardó silencio, igual que hacen los iletrados futbolistas de la selección mexicana cuando es entonado en algún mundial, juegos olímpicos o simplemente en partidos que se celebran allende las fronteras.


Mal se ha visto en ese tema la Federación Mexicana de Fútbol, por cierto, que pone atención en las sanciones de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) por el grito homofóbico, pero no en educar a sus futbolistas sobre cómo comportarse cuando portan la representación del país.


Pero, regresando con Beatriz Gutiérrez Müller, eso sí, le entró el mexicanismo a la primera dama cuando escuchó la música alegre, durante la pirotecnia y se puso a bailar, tamborileando la espalda del presidente, que entonces se regocijaba con las proyecciones vistosas sobre la Catedral Metropolitana y las pirámides prehispánicas.


Ni siquiera la emocionaron tanto los vivas de la arenga presidencial, que apenas abrió y cerró los labios en un par de ellas, como sí lo hizo la música de Lila Downs o el huapango del gran compositor José Pablo Moncayo, que fueron preferidos en sus emociones por la primera dama, por encima de la letra del Himno Nacional, de Francisco González Bocanegra y la música de Jaime Nunó.


Pero no fueron solo esos yerros de la primera dama los cometidos, también la Secretaría de la Defensa Nacional y el Colegio Militar contribuyeron con los suyos, éstos no en cuanto al patriotismo o el nacionalismo, sino en el hecho de que por sus filas no llega la equidad de género.


Sus cuatro escoltas masculinos del frente contrastaron con las solo dos mujeres que iban a la retaguardia. Obviamente fue un varón el que entregó y recogió el Lábaro Patrio de manos del presidente López Obrador.


Los que sí estuvieron en sintonía con el evento fueron los integrantes del Centro de Producción de Programas Informativos y Especiales (Cepropie) en el tema de la iluminación, ya que la languidez de ésta hizo ver en varios momentos que quien estaba ondeando la bandera, pronunciando los vivas o cantando el Himno Nacional era el mismísimo Benito Juárez, lo cual debió ser mucho del agrado del inquilino de Palacio Nacional.


En esta ceremonia del grito, que en todos los hogares es un motivo de obligada reunión familiar, no lo fue para la familia presidencial.


Brillaron por su ausencia los hijos del presidente, de su primera esposa Rocío Beltrán, de nombres José Ramón, Andrés Manuel y Gonzalo López Beltrán, así como Jesús López Gutiérrez, hijo del jefe del Ejecutivo federal y de Beatriz Gutiérrez Müller.


Los hijos de todos los presidentes, y demás familiares y amigos de éstos han estado presentes en estas ceremonias patriotas.


Y en la era 4T, los hijos ausentes.


Lo mismo sucedió unas cuantas horas después, durante el desfile militar. Tampoco estuvieron ni en los balcones, ni en ningún lado, los hijos del mandatario. Eso sí, varios invitados especiales que no pasaron desapercibidos por sus polémicas personalidades.


Todo lo anterior ha lastimado y termina por herir de muerte al nacionalismo mexicano, antes tan acendrado, tan enraizado.


Basta ver de varios años a la fecha, pero este año tuvo su máxima particularidad, que ya muchísimos hogares ya no se vistieron con la bandera tricolor; este año ni un listón, como lo hacían las familias pobres.


Y qué decir de los autos particulares o el transporte público.


Fueron verdaderamente pocos los que adornaron con una bandera o un motivo patrio sus unidades, cuando en antaño eran pocos, muy pocos, los que no lo hacían


Ante tal situación es importante que los diferentes actores políticos, empezando por el presidente López Obrador y su gabinete, particularmente la Secretaría de Educación Pública; los diputados, senadores; los integrantes del Poder Judicial de la Federación y estatales; los mandos de las fuerzas armadas, Sedena y Marina; los partidos políticos, y un largo etcétera, reflexionen y hagan algo por rescatar ese nacionalismo que nos hermana como mexicanos, y que hoy está lastimado, herido de muerte.

En Cortito: Nos cuentan que tantos obstáculos le pusieron sus adversarios a Layda Sansores para arribar al gobierno de Campeche, que terminaron por catapultar su lucha y su imagen ante los ojos del país, y aún de fuera.


Fueron tantos los escollos que tuvo que sortear la hoy gobernadora constitucional, que, si antes no la conocían, hoy es conocida desde El Río Bravo hasta el Suchiate.


En fin, los adversarios terminaron por hacerle el caldo gordo a la hoy primera gobernadora de Campeche, Layda Sansores. Por cierto, no hay que perder de vista a quienes serán sus brazos derechos, el secretario de Gobierno, Aníbal Ostoa Ortega y el fiscal General de Justicia del Estado, Renato Sales Heredia, quienes en todo momento estuvieron con ella en la lucha contra sus adversarios políticos.

Nos dicen que no hallaban al gobernador de Guanajuato, Diego Sinhue Rodríguez Vallejo, después de ocurrir el atentado con un paquete bomba en el municipio de Salamanca el pasado domingo. Ni un tuit en sus redes sociales, ni mucho menos en las redes oficiales de su gobierno para lamentar lo ocurrido. Fue después de más de 15 horas de que pasaron estos hechos cuando salió a declarar a los medios y dar sus condolencias por la muerte de dos personas. Vaya que Guanajuato no solo vive una crisis de violencia, y ahora la presencia de terrorismo, sino también de institucionalidad, pues en este tipo de hechos tan lamentables, pues ni respuesta hay del gobierno del estado. Se parece al mandatario de Morelos, Cuauhtémoc Blanco, que andaba jugando golf, mientras varios municipios del estado estaban inundados y su gente con el agua en sus viviendas, sin comer y dormir. Vaya nivel de gobernadores que tenemos que padecer los ciudadanos de a pie.

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