Raúl García Araujo

Los vecinos de los pedregales, en la alcaldía Coyoacán, viven a diario el terror de los narcomenudistas.

Todo mundo los ve, los padece, sabe dónde están, operan a cualquier hora, con absoluto descaro, y, según vecinos que se han acercado este columnista, con la complicidad de autoridades y policías de la Fiscalía capitalina que comanda Ernestina Godoy y, muy probablemente de jueces, que los liberan más rápido de lo que se tardan en planear y ejecutar una de sus fechorías.

Surgieron y cobraron fuerza en administraciones priistas, pero ahora están de sobra fortalecidos, debido a la diversificación de sus actividades: robos, asaltos, derecho de piso y una nueva y perversa modalidad en su operación, que consiste en desatar el terror entre quienes viven en el sur de la ciudad, lo cual les arroja importantes dividendos.

Este novedoso y doloroso mecanismo de operar ha ido perfeccionándose, hasta lo que es hoy, siempre ante la complacencia, por lo menos, de los patrulleros que prefieren cuidar Oxxos y otros negocios de la zona, probablemente propiedad o concesiones de algunos potentados de la alcaldía que pésimamente administra el exfutbolista Manuel Negrete.

Su nombre, operación, funciones y atribuciones solo tuvieron un cambio con el nuevo sistema judicial, pero sigue siendo lo mismo, y para darse cuenta de ello basta pararse por las otrora agencias del ministerio público, en las que desde que se entra y luego con el trato de quienes ahí laboran, se percibe y vive la misma podredumbre de la corrupción de antes.

Lamentablemente su transformación fue solo en el discurso, un auténtico gatopardismo.

Un grupo de vecinos de la zona se acercó a En Corto para narrar el terror que a diario viven sus pobladores en esas populares colonias, a las que los políticos como Negrete, Itzel Castillo, Mauricio Toledo, Valentín  Maldonado, Raúl Flores, Miguel Mancera, Claudia Sheinbaum y aún el presidente de la República, visitan con mucho cariño en épocas electorales, pero una vez pasadas, no vuelven a pisar su suelo.

Máxime que la zona de los pedregales es zona de contrates sociales, económicos y culturales, es tierra que ha visto surgir y crecer a importantes deportistas, entre otros a boxeadores como la Barbie Juárez, luchadores como Vangellys  y futbolistas de los Pumas como los gemelos Picolín, Javier Cortés y al mismo Negrete, que hoy ha olvidado no solo sus orígenes, sino al deporte, que le permitió brillar como ícono de esa disciplina, pero también como un inepto servidor público.

A las autoridades de la demarcación, del Gobierno de la Ciudad, y aún al federal, no les importa eso, nos dicen los vecinos, ni tampoco que en esas alcaldías e inmediaciones estén enclavados verdaderos símbolos mundiales del deporte y la educación como son el Estadio Azteca, el Estadio México 68 y Ciudad Universitaria, también asolada por los narcomenudistas.

No les ha importado que a unos pasos de las porterías Poniente del Estadio Azteca y Oriente del de CU los narcomenudistas mantengan en un verdadero suplicio a los colonos, quienes a diario tienen que moverse entre las balaceras, pleitos e intimidaciones de estos delincuentes, varios de los cuales tienen negocios legales para tapar el ojo al macho y para lavar el dinero mal habido.

La policía capitalina lo sabe, la de Ernestina Godoy ni se para por ahí porque tienen miedo o porque son parte de ellos, nos comentan los vecinos. Incluso, nos dicen que los efectivos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana a cargo de Omar García Harfuch, protegen más a estos delincuentes que a la misma población. Bien haría este funcionario dar una explicación al respecto.

Y es a partir de eso, la nueva modalidad de esos deleznables delincuentes: generan el terror en la zona, al grado de que varios vecinos ya vendieron o anuncian sus casas con el fin de salir de ese infierno que dicen vivir.

Como la inseguridad es tal en la zona, las propiedades se devalúan, lo que es aprovechado por esos delincuentes para hacerse de más propiedades, que prácticamente toman en remate, lo que les significa más recursos y poderío frente a otros grupos y las mismas autoridades, que se ven reducidas, humilladas, sobajadas por la delincuencia en esa zona del sur de la ciudad.

Ante esta situación los vecinos hacen un desesperado llamado a la secretaria de seguridad pública de la Ciudad de México, a la federal, a las fiscalías capitalina y federal y al presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador a tomar cartas en el tema y asumir con seriedad su obligación de garantizar la seguridad que prometieron a los habitantes durante sus visitas político electorales.

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