Raúl García Araujo

Muchas cuentas tiene que rendir el general Luis Rodríguez Bucio, comandante en jefe de la Guardia Nacional, por las víctimas mortales, las colaterales y las afectaciones materiales, en pérdida de tiempo y demás, por el accidente del domingo en la carretera México-Cuernavaca. 

Y es que los elementos de la presumida por el presidente Andrés Manuel López Obrador, Guardia Nacional, no solo están ausentes, sino más bien trabajan en otros menesteres, primordiales para ellos. 

A saber a extorsionar a humildes y no tan humildes, pero muy asustadizos traileros, comerciantes y demás; los pretextos sobran, desde una placa mal colocada, exceso de peso, lentitud en su andar, etcétera, para eso sí son muy buenos, pero no para vigilar las carreteras del país que es una de sus tantas responsabilidades. 

Y es que les cambiaron el nombre de Policía Federal, pero no las mañas; estos elementos de la Guardia Nacional siguen siendo los mismos. 

Nada de gatopardismo, ellos siguen igual, es más les gusta más el mote de Policía Federal porque es más apantallador, más intimidador hacia los ciudadanos y conductores. 

Y es que para quienes transitamos regularmente por esa carretera, es común, por lo que ya no llama la atención, observar a estos policías haciendo esas malas y abusivas prácticas, cuyos dividendos deben ser muy atractivos como para dejar sus verdaderas tareas constitucionales de lado, de esas por las cuales el jefe del Ejecutivo peleó al llegar a Palacio Nacional, bajo el argumento de que la Policía Federal era producto de la corrupción; sin embargo, a dos años de su creación, en la Guardia Nacional nada ha cambiado. 

Lo interesante es saber si efectivamente, como ellos señalan, sin rubor, la mordida tiene que ser buena “porque tenemos que reportar arriba”. 

¿Qué tan arriba? Quién sabe. ¿Llegarán los dividendos hasta la oficina del general Luis Rodríguez Bucio? Es algo que le tendrá que preguntar al general en retiro, el presidente López Obrador y pedirle cuentas. 

Las tareas sustantivas pueden esperar, para qué desgastarse y exponerse al crimen, muy común por esos lares; ¡qué va!, es muy peligroso y los cientos de motociclistas que circulan por ahí, para qué, “son pichicateros, no dejan nada”. 

Y es que para los asiduos usuarios de esa carretera es todo un espectáculo, pero muy temerario, ver y oír a los cada vez más motociclistas, que prácticamente rozan con su rodilla el asfalto, al acostarse de un lado, para sortear una de esas, sus tan atractivas, pero mortales, curvas. 

Lejanos son aquellos tiempos en que se podía ver a quienes transitaban por ahí en motocicletas de marca, lujosas, pero no por ello menos estrafalarias, como la del candidato frustrado de Morena al gobierno de Guerrero, Félix Salgado Macedonio, en cuyo frente portaba una ornamenta de toro. 

Ahora es muy común ver a motociclistas, en labores de mensajería, ellos sí mucho más cautos, y a cientos de motociclistas solos o con compañías femeninas, muchas de las cuales sin ninguna o muy raquíticos elementos de protección. 

Vaya, varios de ell@s, incluiso, sin el consabido casco protector. 

¿Y la Cheyenne, appaaá?, diría el clásico y de paso el presidente López Obrador, para autocuestionarse sobre la ausencia de la Guardia Nacional, en una de su tantas responsabilidades: mantener el orden y la seguridad de quienes circulan en las autopistas de todo el país. 

Nada, ellos andan en labores sustantivas…, bueno, para ellos. 

Ellos no ven si viajan o no a elevadísimas velocidades estos intrépidos suicidas del asfalto; no ven si ellos o sus acompañantes portan las medidas de protección; no ven si con sus acrobacias ponen en riesgo no solo sus vidas, sino también la de las miles de familias que transitan por ahí, con el afán de acudir a descansar o divertirse en un balneario morelense. 

O de los cientos de conductores transportistas que ahora para salvar sus vidas, ya no solo tienen que sortear a los asaltantes de carreteras, sino también a estos irresponsables frenéticos amantes de la adrenalina. 

Por eso, estimado lector, cerramos este En Corto, con la reflexión con la que lo abrimos: 

El general Luis Rodríguez Bucio tendrá que rendir cuentas por las múltiples muertes ahí acontecidas, pero lo tendrá que hacer ante el tribunal de su consciencia, porque con el presidente López Obrador, su jefe supremo, no; él tiene a los militares, a los jefes de gran rango, como es el caso, con muchas estrellas en su frente, más que en sus solapas. 

Solo dedicaré estas líneas a la secretaria de Seguridad y Protección Ciudadana, Rosa Icela Rodríguez, ya que ella se encuentra en otros menesteres, organizando tianguis y a carga de tareas de vacunación, pero en nada a su labor principal al frente de esta tan importante dependencia que debería encargarse de evitar el avance del crimen organizado que tanto daña a la ciudadanía, Pero eso sí, ya se siente que debería ser la candidata de Morena la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México en 2024, lo dejó ahí para que lo piense usted, estimado lector. 

En Cortito. Salud Digna, organización sin fines de lucro que ofrece estudios que se procesan en 127 clínicas, ubicadas en los 32 estados del país y atiende a las familias mexicanas con prevención y diagnóstico en diversas áreas médicas, con los precios más accesibles y en los tiempos más reducidos, ofreciendo así una importante contribución, altamente diferenciada, a la salud en nuestro país, logró la acreditación del Colegio Americano de Patólogos (CAP), organización que sirve a pacientes, patólogos y al público en general fomentando y defendiendo la práctica de excelencia en patología y medicina de laboratorio. Salud Digna es gran aliado de Becton Dickinson (BD), empresa global de tecnología médica para el diagnóstico y la atención. Ambas empresas suman esfuerzos para la salud y el bienestar de México. 

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