Raúl García Araujo

Llevar al exgobernador César Duarte Jáquez a la cárcel fue su oferta de campaña y el estandarte de su administración; sin embargo, a unos cuantos días de dejar la gubernatura de Chihuahua, Javier Corral Jurado se va sin laureles en las alforjas, y en su lugar deja la traición a la confianza del pueblo chihuahuense que le dio el triunfo en 2016.

Lejos, muy lejos quedaron las expectativas cifradas en este político panista, cuyos dotes de orador y discurso radical, que utilizó durante su carrera como legislador para señalar y combatir a sus adversarios políticos. Sin embargo, de nada le sirvieron estos atributos en su paso por Chihuahua, pues su administración quedará marcada en la historia como una de las más grises e incapaces.

Se hablará, quizá, de su afición a jugar golf, sobre todo en tiempos difíciles, pues cierra su gobierno con cerca de 13 mil homicidios y una deuda pública por más de 60 mil millones de pesos; haber dejado sin resolver a cabalidad el caso del homicidio de la periodista Miroslava Breach Velducea, corresponsal de La Jornada en Chihuahua y según el propio Corral Jurado, amiga personal; así como la deuda por el caso César Duarte Jáquez, por citar solo algunos pendientes.

Y es que la defensa del exgobernador bailador, refirió que éste podría obtener su «libertad» muy en breve; lo que en un principio fue desestimado y catalogado como un asunto sin importancia, hoy obliga a levantar la ceja a muchos integrantes de la administración del panista. Sobre todo, por las declaraciones de la gobernadora electa, María Eugenia Campos Galván, en el sentido que no perseguiría al exmandatario detenido y procesado en Estados Unidos.

Vale la pena recordar que, a esta fecha, “Maru” está acusada por la Fiscalía General del Estado, de haber recibido millones de pesos provenientes del erario, para «comprar» su voto y el de sus pares cuando era diputada local, para aprobar iniciativas al entonces ejecutivo estatal, Duarte Jáquez, acusaciones que, aunque concuerdan en los hechos con la actividad legislativa de aquel entonces, la Fiscalía que encabeza César Peniche ha sido incapaz de acreditar debidamente con elementos de prueba.

Lo cierto también es que el trabajo hecho por el gobierno de Javier Corral deja mucho que desear, habría que apuntar en específico a este caso concreto, que quedó en manos de Mónica Vargas Ruiz, actual secretaria de la Función Pública del estado, quien parece operar más a favor de Duarte Jáquez.

Resulta que la funcionaria en cuestión -quién por cierto es investigada por dar de alta a sus padres como derechohabientes a Pensiones Civiles del Estado, a unos días de dejar el cargo- inició un procedimiento administrativo en contra del Jefe del Departamento Jurídico de la Secretaría de Desarrollo Rural, Emilio Castillejos, motivada por una especie de revanchismo personal, sin haber reparado en que dicho servidor público fungía como enlace entre el gobierno de Chihuahua y el Tribunal Superior de Justicia Estatal en diversos procesos judiciales en contra del exgobernador priista, razón por la cual todos los juicios en donde se encuentren relacionados los bienes incautados al ballezano, casas, terrenos, ranchos, ganado, maquinaria y vehículos, muy probablemente tendrán que desahogarse sin los expedientes que obran en poder de Castillejos Martínez, quien al estar suspendido durante el procedimiento iniciado por Vargas Ruiz, está igualmente imposibilitado para representar a la administración local en las audiencias a que hubiese lugar y finalmente el Estado quizá hasta tendría que devolver todo al exmandatario.

Dicho de otro modo, Vargas Ruiz pareciera que opera -aunque de forma involuntaria- a favor del exgobernador, hoy detenido bajo la tutela de autoridades norteamericanas en espera de su extradición a nuestro país.

Corral sabe que se le terminó la pista y con ello las alianzas, de tal suerte que conforme avanza la entrega-recepción surgen más y más notas en su contra, obviamente por información filtrada desde el equipo de la gobernadora electa.

Por esto, cuando supo que el presidente Andrés Manuel López Obrador visitaría Chihuahua el 8 de agosto, cambió radicalmente su discurso, sus palabras ya no fueron de crítica y denostación, sino de elogios y reconocimientos melosos al jefe del Ejecutivo, la 4T y Morena.

Con su cambio radical de discurso, busca encontrar cobijo, protección en las filas morenistas y para ello utilizó a su dirigente nacional, el marcelista, Mario Delgado, quien de inmediato y sin consultar al inquilino de Palacio Nacional, abrió las puertas de par en par al gobernador cada vez menos panista.

Extraña que Delgado haya abierto esta posibilidad al redimido gobernador pues sabe que él fue el principal artífice político, junto con el de Michoacán, Silvano Aureoles, de la fundación de la Alianza Federalista, cuya única finalidad ha sido la de golpear las políticas públicas impulsadas por el gobierno de la 4T.

Ese tipo de errores, a la par de golpes bajos, el presidente López Obrador no los perdona, y mucho menos olvida; si no, que el dirigente de Morena vaya a Palacio Nacional y le pregunte a César Yáñez Centeno, o al Senado a Gabriel García y Ricardo Monreal, o a Guerrero a Irma Eréndira o al Tec de Monterrey, a Carlos Urzúa, y a tantos que ha abandonado de manera ingrata.

De no lograr su cometido y volverse Moreno, Javier Corral se moverá rápido, cual tabla de surf entre las olas, pues sabe que el reloj de arena de su gobierno arroja sus últimos granos y Acción Nacional lo tiene en la lista de los políticos que expulsará de su partido. El plan B en el imaginario, del aún gobernador será buscar la candidatura presidencial por Movimiento Ciudadano.

En Cortito: La carrera por la sucesión presidencial obnubila a los suspirantes, a grado tal que los hace olvidar que aún faltan por lo menos dos años para que emerja la ungida o el ungido, de acuerdo a lo que establecen los cánones del sistema político mexicano.

Y una prueba de lo anterior, de que, al fragor de esa precontienda se cometen errores crasos, lo tenemos en el canciller, Marcelo Ebrard, con la contratación de la agregada cultural, Brenda Lozano, cometiendo errores de párvulo.

Uno de ellos es olvidar el legado de Daniel Cosío Villegas, en sus obras magistrales: La Sucesión Presidencial y El Estilo Personal de Gobernar, que son auténticas lecciones para estudiosos y para quienes se dedican al arte de la política, y que bien haría Ebrard en desempolvar.

Para empezar el canciller olvidó los tiempos, y éstos son los últimos doce meses del sexenio, que es cuando el presidente en turno perfila y finalmente carga los dados en favor del ungido, en este caso, y por vez primera, quizás, de la ungida, para posteriormente realizar el destape, también abordado por Cosío Villegas.

Acto seguido Ebrard, producto de su calentura política, olvidó la lealtad, esa que le debe a quien lo protegió en sus penurias, como aquella cuando Vicente Fox, oficialmente su jefe, quería meterlo a la cárcel, por la tragedia de Tláhuac.

Y esa lealtad la violó cuando designó a Brenda Lozano, una acérrima enemiga, no rival, de la 4T, quien, sin vergüenza alguna, y mucho menos dignidad, aceptó el encargo diplomático de ser la agregada cultural en la embajada de México en España.

Varias fueron las alertas que recibió el canciller desde Palacio Nacional, y que desoyó, olvidando quién es el que manda ahí, y pretendiendo olvidar otra regla no escrita entre políticos y gobernantes que ordena que al jefe nunca se le rebasa, y mucho menos por la derecha.

Pero la culpa no la tienen los payasos, sino el dueño del circo, reza el refrán. Y éste, en la Cancillería, es Ebrard, para quien, por cierto, Brenda Lozano es solo un botón de los muchos de ese tipo que trabajan en la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Ante la necedad, el canciller tuvo que recibir, desde la mañanera, una vergonzosa contraorden:

Sustituir a quien no ha tenido empacho alguno en presumir ser enemiga de la 4T, burlándose del Presidente e incluso de su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, por una mujer indígena, cuyos rasgos de identidad, delineó López Obrador: «poeta, oaxaqueña y mixe».

Bien haría el secretario Ebrard en considerar al animal político que tiene por jefe, quien es hoy por hoy el presidente más poderoso de los últimos tiempos y que es lo que dice no ser: rencoroso, incapaz de perdonar, orgulloso, vengativo, nada olvidadizo, y cuando se lo propone, muy, pero muy ingrato.

Bien le haría reflexionar a Ebrard todo lo anterior y también que a pesar de la carrera que ya emprendió tras bambalinas por la candidatura presidencial, todavía falta mucho tiempo, el mismo que le sobra a su jefe supremo.

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