Raúl García Araujo

Futbolistas, entrenadores y directivos de equipos de la Federación Mexicana de Futbol, así como patrocinadores y comentaristas deberían aprender una gran lección de la pandemia provocada por el Covid-19.

Cuánto debieron extrañar los jugadores durante el confinamiento pisar las canchas, patear o atajar un balón y, sobre todo, regodearse ante los aplausos y cánticos de la afición en los estadios. Público al que la mayoría de los futbolistas y entrenadores despreciaron al ofrecer deprimentes espectáculos, con pésimas jugadas e intentos de trampa para consumir el tiempo del juego, que, de manera paradójica, durante la cuarentena ansiaron.

Entrenadores que se someten a la presión de sus directivas, y estas a su vez de las marcas comerciales, para hacer jugar a quien no da una con el balón o a quien vive sus últimos años como deportista, pero que costó una fortuna traerlo del extranjero, a donde finalmente se llevan el dinero que jamás desquitaron en las canchas.

Entrenadores que dicen que el futbol no es un espectáculo, pero que viven el clímax de este como si fuera el último suspiro de su vida, en un suelo que quizás no los vio nacer, pero sí crecer y envejecer, y del cual no aprendieron a pronunciar su idioma, salvo las groserías y mentadas de madre que vociferan, esas sí, a la perfección.

En la irresponsabilidad de este analfabetismo deportivo destacan también los patrocinadores, quienes, en su afán de lucro, invierten fuertes cantidades de dinero en publicidad para crear o satisfacer necesidades, la mayoría ficticias de un público extasiado, muchas de las veces, tan solo por el ambiente futbolero. Patrocinadores que tampoco sacarán una lección de este confinamiento prolongado porque solo los une ese simple afán monetario.

Tampoco aprenderán esa lección los comentaristas de este deporte, muchos de ellos pregoneros de futbolistas, entrenadores y directivos para obtener a cambio su boleto para el siguiente mundial o su permanencia en su florido programa televisivo dominical, desde donde descalifican a un platillo neta y orgullosamente mexicano: el mole. Califican como «moleros» los partidos pésimos, con una ignorancia brutal sobre lo que significa en el arte culinario la preparación de este exquisito platillo mexicano.

Esa lección parece no haber hecho mella entre la gente de las patadas; ya lo vimos en estos primeros juegos del torneo Guardianes 2020. Ha sido desastroso su regreso a las canchas. ¿Para eso querían retornar? Pero, eso sí, escuchamos a esos falsos émulos del mago Septién narrar partidos que solo figuran en su imaginación.

Tristemente, la lección de esta pandemia la tendrá esta legión de «futboleros» en su economía futura. Ya no podrán tener sus exorbitantes contrataciones o sueldos, que los hacen sentir paridos por los dioses del Olimpo y, por lo tanto, levitar en sus respectivos ámbitos familiares y sociales. La disminución en sus pagos los hará, acaso, retornar a una vida terrenal repleta de carencias, la mayoría de las veces, de la que fueron tránsfugas gracias al correr de un balón.

El coronavirus, como bien sabemos, puso en predicamento a la Liga Mx, en esta ocasión fue llamada Guardianes para honrar a los médicos que ayudan a las personas que han contraído la enfermedad. Después de que el torneo anterior fuera suspendido de tajo por la pandemia y el país se quedara sin futbol profesional durante cuatro meses, el arranque de la nueva competición también se vio afectado por el virus.

El inicio del torneo estaba previsto para el pasado jueves, con un duelo en el que Atlético de San Luis recibiría a Bravos de Juárez; sin embargo, el encuentro tuvo que ser suspendido debido a que, dos días antes, se reveló que había más de diez casos de Covid-19 en el equipo de la ciudad fronteriza.

Esto generó incertidumbre ante el esfuerzo por revivir el futbol mexicano, que ha sufrido pérdidas estimadas en alrededor de 2 mil 500 millones de pesos tras la cancelación de su torneo anterior.

Y es que la medida que se tomó en nuestro país solo se vio en algunos países europeos, como Bélgica, Holanda y Francia, que también decidieron cancelar las competiciones de sus ligas debido a la emergencia sanitaria.

En contraste, el futbol de países de primer mundo, como Inglaterra, España y Alemania, sí optaron por concluir sus torneos después de varios meses de suspensión y un retorno en el que se ocupó menos de un mes para finalizar sus campeonatos.

La pandemia sigue siendo una sombra para el futbol de nuestro país, pues actualmente Puebla es el único equipo de la Primera División que no tienen casos de coronavirus en sus filas.

Además de esto, las severas pérdidas económicas que dejó la contingencia sanitaria han modificado el mercado de fichajes y disminuido el valor de sus jugadores y de sus sueldos, pues en equipos como los Pumas las percepciones de los futbolistas bajaron por lo menos un 30 por ciento.

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