Raúl García Araujo

Que se agarren los expresidentes Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón Hinojosa, luego de la detención, en Estados Unidos, del general Salvador Cienfuegos.


Más allá del escándalo, la conmoción y el nerviosismo entre algunos políticos y en las fuerzas castrenses por la captura de uno de los suyos, de mayor rango en la carrera militar (cuatro estrellas), el hecho tiene grandes implicaciones.


Los señalamientos y/o acusaciones que hacen sobre Cienfuegos las autoridades estadounidenses no son menores, de ahí que la petición que hizo su defensa para enfrentar los cargos fuera de prisión, fue negada.


Como tampoco rindieron frutos los argumentos del exsecretario de Seguridad Federal, Genaro García Luna, otro de los indiciados en temas de narcotráfico, por las autoridades estadounidenses durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.


Si mucho sabe García Luna por su paso por instancias de inteligencia y seguridad, más sabe Salvador Cienfuegos durante su larga trayectoria por regiones militares, la titularidad de la Secretaría de la Defensa Nacional en el sexenio del presidente Enrique Peña Nieto y por su diaria y larga convivencia con mandos militares.


Ambos son auténticas perlas para el gobierno del vecino país, porque los dos saben de cómo se ha manejado el tema del narcotráfico en México, y de ahí precisamente la preocupación que deben tener los expresidentes Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.


Ello porque surgen varias preguntas, una de ellas ¿Los expresidentes no sabían lo que hacían estos personajes? ¿Se mandaban solos? ¿A quiénes rendían cuentas? ¿Quiénes eran sus vínculos?


Si el general Cienfuegos es procesado en Estados Unidos, y todo apunta a que así será, y decide acogerse al beneficio que concede la justicia norteamericana bajo la figura de testigo protegido, con toda seguridad saldrán chispas de este lado de la frontera porque pueden salir a relucir nombres de expresidentes o, por lo menos gente muy cercana a ellos.


En el pasado ya hubo un par de casos, aunque del lado de la justicia mexicana, el del hermano del expresidente Carlos Salinas de Gortari, Raúl, acusado durante el sexenio del expresidente Ernesto Zedillo Ponce de León, de enriquecimiento ilícito y lavado de dinero, presuntamente procedente del narcotráfico, lo cual nunca fue probado.


No obstante, Raúl Salinas duró más de diez años en la cárcel de Almoloya, acusado de haber sido posible autor intelectual del asesinato de su cuñado y dirigente nacional del PRI, José Francisco Ruiz Massieu, y finalmente exonerado por Carlos López Cruz, juez 13 de distrito de Procesos Penales Federales en el entonces Distrito Federal.


Un caso más, el del exsecretario particular del entonces presidente Carlos Salinas de Gortari, Justo Ceja Martínez, quien luego de haber sido acusado por sus vínculos con el narcotráfico y tener una orden de captura en su contra, escapó y se convirtió así en prófugo de la justicia durante muchos años.


Su calidad de prófugo la conservó hasta que un juez federal canceló la orden de aprehensión librada en su contra, por la prescripción de los delitos que se le imputaron.


De manera inexplicable no se supo ni se ha sabido más del caso, pero seguramente, luego de ello reclamó los bienes que le fueron incautados por la entonces Procuraduría General de la República, mismos que tuvieron que habérsele entregados, luego de la prescripción de los delitos y la cancelación de la orden de captura girada en su contra.


Estos temas cobran relevancia ahora, y de ahí mi expresión de que «se agarren los presidentes». Otrora no pasaba nada, pareciera que entre gobiernos priistas y panistas prevalecía un acuerdo no escrito, pero sí bien entendido, en el sentido de tapar con polvo, los asuntos delicados pendientes entre sus correligionarios.


Sin embargo, esto no aplica con el Gran Tótem de la 4T, quien, por el contrario, con singular alegría llevará los temas hasta sus últimas consecuencias, en términos de condena popular (más no de la justicia), para la cual utilizará la exposición mediática, desde el púlpito de las mañaneras.


Por eso insisto en que «se agarren los expresidentes», si Cienfuegos, acogido al beneficio del testigo protegido, revela información, seguramente saldrán a relucir muchos nombres, de militares y civiles, porque lo que sí queda claro es que Cienfuegos con toda seguridad no actuó sólo.


Pensar eso, implicaría entonces que es un súper poderoso, y entonces la justicia estadounidense tendría que aplicar la pena máxima contemplada, es decir la cadena perpetua.
Pero como todo apunta a que no, que seguramente hay todo un concierto de participaciones, entonces los expresidentes deben tomar providencias, entre ellas no pisar ni por equivocación suelo del vecino país, y segundo, contratar los servicios de un buen y prestigiado abogado, que no tenga cola que le pisen, so pena de terminar como Juan Collado.

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