Lourdes Mendoza

Están conmigo o en mi contra. Ese fue el mensaje que mandó Andrés Manuel López Obrador, así que los gobernadores del PAN le tomaron la palabra y el Presidente, solito, creó su oposición.

Ojo. Aunque AMLO diga que los mandatarios estatales tienen un propósito electoral, les cuento que son precisamente ellos los mejores evaluados por sus gobernados, con o sin Covid-19.

Los góbers le apuestan al Estado de Derecho y piden un acuerdo en defensa de la libertad, la democracia y el federalismo. 

Sus demandas van desde un nuevo pacto fiscal para que se repartan los recursos con justicia hasta el apoyo a las inversiones privadas, y que no se cambien las reglas a la mitad del juego; desde la libertad para pensar y expresarse sin ser señalado como enemigo hasta la libertad patrimonial sin confiscaciones ni expropiaciones.

Martín Orozco, de Aguascalientes; Carlos Mendoza Davis, de Baja California Sur; Javier Corral, de Chihuahua; José Rosas Aispuro, de Durango; Diego Sinhué Rodríguez, de Guanajuato; Francisco Domínguez, de Querétaro; Carlos Joaquín, de Quintana Roo; Francisco García Cabeza de Vaca, de Tamaulipas, y Mauricio Vila, de Yucatán dieron, literal, el Grito de Libertad desde Dolores Hidalgo. ¡Ahhh!, todos con cubrebocas por aquello del coronavirus.

De hecho, advirtieron que la pandemia ha dejado a más de 12 millones de mexicanos sin ingresos y enviará a 10 millones de personas a la pobreza, por lo que se debe evitar una emergencia humanitaria donde emerja la violencia y la ingobernabilidad. ¡Así como lo están leyendo!

Ni tarde ni perezoso contestó López Obrador: “Es un agrupamiento golpista. Es un asunto político, diría politiquero (…) Tienen un propósito electoral y quieren echarle la culpa al gobierno federal y ahora sí como diría el clásico del panismo: ¿y yo por qué?”. 

¿Por qué? Porque AMLO es el presidente de TODOS los mexicanos, hayan o no votado por él; porque debe haber colaboración entre órdenes de gobierno; porque sus palabras no suman, restan; porque se atenta contra el sector privado que genera empleos en el país; porque es político y la política es conciliación… 

Y ni hablar de Cuitláhuac García, de Veracruz, que criticó a sus homólogos del PAN de “separatistas”. ¿Se imaginan la próxima reunión de la Conago? Obvio esto va a impactar en ese ámbito.

En fin, lo que hemos visto es que para el Presidente no hay medias tintas, que se está con él o en su contra. Ha llegado a tanto que difundió el documento del supuesto Bloque Opositor Amplio (BOA), sí ese que es un invento de Palacio Nacional y todos ¡lo saben, lo saben! 

¡Y qué les cuento! Que entre los políticos se dice que el Presidente ya les dio la idea a los opositores para que se reúnan en un solo bloque que lo cuestione al unísono. 

Pero no se trata de enfrentamientos ni de bloques opositores, sino de manifestar cuando se está en desacuerdo con algo, de pesos y contrapesos. Bajo esa premisa, los góbers simplemente defienden el Estado de Derecho. 

Al país no le conviene una pelea entre el Presidente y gobernadores. Y para muestra ahí está el caso de Jalisco. Si AMLO no le quiere tomar la llamada a Enrique Alfaro es como si le estuviera dando la espalda a un millón 456 mil 356 jaliscienses que votaron por él en la elección presidencial de 2018.

Ahora, Alfaro le pide que lo atienda para mostrarle las pruebas de quién estuvo detrás de las manifestaciones violentas en Guadalajara, pero López Obrador le ha cerrado las puertas: “no tengo por qué hablar con él, cada quien tiene que hacerse responsable de lo que le corresponde (…) Fue injusto e irrespetuoso a la investidura Presidencial”. 

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