Lourdes Mendoza

Pues sí, la pandemia por Covid-19 ha provocado que los integrantes de las familias estén aprendiendo a conjugar el verbo “frustración”. 

Abundan las historias de padres y madres con rol de malos maestros, que se desesperan porque los niños no aprenden rápido y les gritan a sus hijos al no saber cómo responder sus dudas. Súmele que tienen que trabajar, unos desde casa y otros en su oficina, peor aún si por la pandemia perdieron el trabajo. 

Los hijos también se frustran sin salir, sin ir a la escuela, sin un maestro que les responda de inmediato sus dudas en cualquier materia, que no aguantan más de una hora frente a la televisión, que se distraen fácilmente, que no preguntan a sus padres por miedo a un pellizco o un grito.

Y la triste realidad: Seis de cada 10 menores entre uno y 14 años han sufrido “disciplina violenta” a nivel familiar, una situación agravada con el confinamiento, de acuerdo con la Unicef, misma que advirtió: “El aumento en los niveles de estrés, la inseguridad económica y alimentaria, y el confinamiento a causa del Covid-19 han elevado radicalmente los niveles de violencia doméstica en México”.

Yo me frustro, tú te frustras, nosotros nos frustramos…

Los momentos son iguales para los niños de escuelas publicas o privadas. No todos tienen tele o una buena señal para sincronizar claramente el canal donde se imparte la clase o computadoras en su casa o una buena señal de internet. ¿Y si en una casa hay más de un estudiante?

Los métodos de aprendizaje han cambiado y no son los mismos en primaria que en secundaria. Los niños de preescolar deben estar sentados enfrente a la tele y necesitan alguien que los ayude en su comprensión. Las mamás en ningún momento estudiaron para ser maestras y hay quienes, de plano, se sienten en un infierno.

La cosa llegó a tanto que en change.org hubo una petición para posponer el pasado ciclo escolar para que no hubiera clases en línea ni el plan de “aprende en casa”. La iniciativa juntó —inhale, exhale— ¡577 mil firmas!

Para los docentes también hay retos. No sólo deben aprender a manejar las tecnologías y desarrollar materiales educativos, sino que incluso hay testimonios de maestras que detallan cómo las mamás les marcan llorando por la frustración de no saber cómo ayudar a sus hijos o mantener la paciencia mientras tratan de explicarles. 

Nadie pidió una pandemia, pero estamos en ella y la mejor decisión para no arriesgar a los niños y jóvenes es tomar clases a distancia. Sin embargo, tras el cierre generalizado de planteles y la suspensión de clases presenciales, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) estimó que 1.4 millones de estudiantes no regresarán al ciclo escolar 2020-2021 ¡así como lo está leyendo!

¿Y los gastos apá? Esa es otra historia. Tenemos que aprender a vivir así, pero ¿en dónde está el gobierno para echarnos la mano? En las casas subió el pago por el consumo de energía eléctrica, muchos tuvieron que contratar o expandir el servicio de internet, o comprar otra televisión para que los niños no perdieran sus clases…

Mientras tanto, la secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde, no dijo ni dice y, al parecer, no dirá si habrá algún tipo de apoyo para las mamás o papás trabajadores que ahora deben ser maestros. Además, el gobierno 4T quitó las estancias infantiles. Y ¿qué cree? De acuerdo con el periódico El País, la CFE, de Manuel Bartlett, cortó su servicio a casi 700 mil hogares por impago durante abril y mayo, meses de emergencia sanitaria.

Sin duda, el coronavirus nos trajo muchos retos, nos tomó desprevenidos y el desafío es que no nos gane la frustración ante una pandemia que pinta para largo. 

Compartir