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Simón Vargas

La Iglesia Católica se ha vuelto a convertir en una fuerza política importante en México con gran influencia en la opinión pública.

 

El Artículo 24 de nuestra Carta Magna se refiere a la libertad religiosa de los individuos, lo cual significa que cualquier persona puede profesar la creencia religiosa de su elección y practicar el culto respectivo con la única limitación de no contravenir las leyes vigentes. Después de la reforma constitucional de 2013, se agregó “nadie podrá utilizar los actos públicos de expresión de esta libertad con fines políticos, de proselitismo o de propaganda política”.

En México el 82.7 por ciento de los habitantes profesan la religión católica, de acuerdo a las Estadísticas a Propósito de la Diversidad Religiosa del INEGI 2012. Siendo nuestro país mayoritariamente católico se entiende el papel relevante de la Iglesia Católica en diversos aspectos de la vida pública. Es así que como en otros países, la religión es considerada como un factor relativamente importante en la política y algunos de sus representantes parecen resurgir con relevancia en el debate público actual. http://bit.ly/1ySpOMo

Sin embargo, de acuerdo con la Encuesta de Valores México 2012 realizada por el CIDAC, el 62 por ciento de los mexicanos coincide con que es mejor que las iglesias no influyan en el gobierno y la política, valor que se agranda conforme aumenta el nivel educativo de los individuos. No obstante, la opinión de los representantes de la Iglesia es tomada en cuenta como referente para el análisis coyuntural en diversos temas como el económico, político y social.

Apenas este sábado el Papa Francisco nombró a 20 nuevos cardenales, entre quienes destaca el arzobispo de Morelia, Alberto Suárez Inda, quien fue uno de los nueve prelados de Michoacán que firmaron el Mensaje al pueblo de Dios en nuestras diócesis, carta en la que expresaban su preocupación por el momento crítico que atravesaba la entidad, debido a la inseguridad y a la violencia que provoca el crimen organizado y la percepción de la falta de eficacia de las autoridades. http://bit.ly/1ElmWME

Desde Roma, el nuevo cardenal Suarez Inda, manifestó que percibe “cierta manipulación política» en el caso de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa. Asimismo, sostuvo que la Iglesia analiza y toma una postura, primero en defensa de los derechos humanos, al tiempo de reconocer «la terrible gravedad del crimen… en general quiere mantenerse en un plan de mucha seriedad y serenidad para no ir más allá de los hechos comprobados».

Días antes, coincidiendo con el 98 aniversario de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el obispo de Saltillo, Raúl Vera López encabezó la presentación pública de la Nueva Constituyente Ciudadana-Popular acompañado de otros miembros de la Iglesia católica, dicha propuesta promueve transformar el actual sistema político mexicano, aduciendo a una descomposición social que trae como consecuencia que  hechos como el de Ayotzinapa puedan ser posibles.

Es indudable que la Iglesia Católica Mexicana posee una gran influencia en el ámbito político y electoral de México, es por ello que a cuatro meses de los primeros comicios electorales pos-Ayotzinapa, resulta conveniente mencionar algunas de las conclusiones que diversos estudios académicos han encontrado entre la asociación de la religiosidad,  preferencia política y el voto en México, recogidas por el politólogo del ITAM y especialista en religión, Alejandro Díaz Domínguez, en su informe Religión y política en México. http://bit.ly/1FoFeQY

El informe explica que los resultados sugieren que la distribución de los electores católicos según religiosidad y preferencia partidista ha cambiado a lo largo del tiempo. En 1990, alrededor del 66 por ciento de los electores panistas y priístas se declaraban a sí mismos como muy católicos, mientras que los electores perredistas se distribuían primordialmente en un valor menor al promedio de religiosidad católica.

En 2000, la religiosidad católica se incrementó entre todos los electores: tres cuartas partes de los priístas se ubicaron en valores arriba del promedio, mientras que dos tercios de los panistas y perredistas hicieron lo propio. Finalmente, en 2010, alrededor de 55 por ciento de los priístas y panistas se distribuyeron por encima del promedio, en comparación con la mitad de los perredistas, Este nuevo cambio sugiere que actualmente la religiosidad católica puede favorecer a cualquier partido o bien que sus efectos pueden ser modestos al distribuirse de manera similar, concluye.

Con estos números podemos observar que aunque en los últimos 20 años, existe cierta asociación entre la religión católica y la preferencia política que favorecía a ciertos partidos, en la actualidad no beneficia claramente a un solo grupo político. Y aunque ya no esté tan despejado el panorama de las preferencias electorales con respecto a la religión, hay algo que sí se revela a simple vista, y es que la Iglesia Católica se ha vuelto a convertir en una fuerza política importante en México con gran influencia en la opinión pública.

*Analista en temas de  Seguridad, Educación y Justicia

simon.9@prodigy.net.mx

@simonvargasa

facebook.com/simonvargasa

 

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