Raymundo Canales de la Fuente

Nuestras unidades de cuidados intensivos en México, funcionan prácticamente igual que cualquier terapia en un país desarrollado. Contamos con especialistas con muy elevadas calificaciones así como personal de enfermería especialista.

Lo escaso del grupo de profesionales es un asunto del bajo nivel de inversión en salud histórico; pero el personal que tenemos es óptimo en muchos aspectos, a pesar de lo cual estamos atestiguando una mortalidad muy alta por Covid-19 (quizá mas del 80%) entre las personas gravemente enfermas que se encuentran en las mencionadas unidades.

Comienzan a aparecer reportes en la bibliografía médica internacional, con cifras de menor mortalidad en relación con las nuestras (entre el 30 al 60%) lo cual por supuesto no es por falta de calificación de nuestros equipos, sino probablemente debido a la selección de enfermos.

Como lo he señalado ya en diversas ocasiones, uno de los criterios fundamentales de ingreso a dichas unidades es que se trate de un enfermo con potencial recuperable, es decir, se le deben reservar los lugares de cama con ventilador a pacientes que tengan la posibilidad real de ser salvados.

Un enfermo crónico, con una patología descompensada, cito como ejemplo hipotético a alguien gravemente enfermo del corazón, con obesidad extrema y mayor de 85 años, que por supuesto presentaría un pésimo pronóstico para la vida si adquiere la infección Covid-19 de tal forma que a esa persona se le debe ofrecer, en principio un tratamiento con ventilación no invasiva, es decir oxígeno con mascarilla, medicamentos para el dolor, pero de ninguna manera ser considerado para ocupar una cama con ventilador porque el pronóstico es malo para la vida a muy corto plazo.

Cobra especial relevancia la decisión en un contexto de recursos escasos, que por supuesto se deben destinar de forma prioritaria a quienes tengan posibilidades reales de salir adelante. Exactamente esa es la labor del equipo de “triage” en el acceso a urgencias.

Son ellos quienes deben establecer claramente, echando mano de sistemas de puntaje y de una evaluación clínica cuidadosa, lo que se le va a ofrecer como tratamiento a cada persona que acuda buscando ayuda.

El objetivo no es negarle a nadie la atención sino ofrecer a cada persona lo mejor, salvando la mayor cantidad de vidas posible. La elevada mortalidad que estamos viendo en nuestro país entonces, seguramente se debe a que tenemos que ser más estrictos con los criterios de ingreso así como con las evaluaciones iniciales, para seleccionar de forma rigurosa a quienes se van a intubar.

Estamos cerca de la saturación de camas con ventilador según las cifras que nos muestra la autoridad sanitaria a pesar de la reconversión de unidades, de tal forma que la aplicación de éstos criterios se torna mucho mas importante con el paso de los días; y por supuesto creo que sería sano que se dieran a conocer las cifras de mortalidad del conjunto de las unidades, en la zona metropolitana por ejemplo, para que los ciudadanos nos podamos dar una idea del desempeño que presentan hoy en el sentido descrito.

Es una obligación ética  de los directivos y administradores de los nosocomios utilizar los recursos de forma óptima para restablecer la salud de los enfermos y que no exista la posibilidad de que alguien recuperable se quede sin lugar para ser atendido.

La responsabilidad de presentar esas cifras descansa probablemente en quienes tienen contacto mas directo con los hospitales y no la Subsecretaría de Prevención y Promoción de la Salud. Ojalá veamos transparencia en el tema a corto plazo.

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