Raymundo Canales de la Fuente

Tenemos ya publicado por el Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva el lineamiento de atención para el embarazo y el parto, que por supuesto marca las pautas fundamentales para la atención del embarazo fundadas en la ciencia y lo que conocemos a la fecha acerca del comportamiento del virus sars-cov-2.

Por supuesto es un lineamiento general que marca la obligación para los demás niveles de gobierno que se tendrán (o tuvieron) que organizar con el fin de articular lo que ahí se marca.

Pongo el énfasis en que se pretende sacar los partos normales de los hospitales, especialmente en los que tengan Covid-19 para evitar, en lo posible, la infección de la mujer gestante y/o del recién nacido.

El lineamiento deja abierta la posibilidad del alojamiento conjunto de la madre y el bebé a pesar de la infección en la mujer. Solo en los casos cuando la mujer se encuentre en una situación de gravedad, se propone la separación temporal del binomio madre-hijo, mientras se restablece la salud materna, procurando continuar con la extracción de leche para no perder la oportunidad de la lactancia.

Por supuesto éstas son las condiciones ideales, hablando de la mujer que tiene riesgo bajo en el embarazo y el parto. Lo mejor es alejarlas del virus; hecho que por cierto coincide con la guía del Royal College of Obstetricians and Gynaecologist de la Gran Bretaña.

Por supuesto igual que aquel documento, tendrá que ser dinámico el contenido del lineamiento (allá se actualiza cada semana) dado que se están publicando continuamente mas hallazgos del comportamiento del virus en la mujer embarazada y su vástago.

Dentro de las responsabilidades de los estados de la federación, se encuentra adaptar unidades obstétricas fuera de los hospitales para enviar a las pacientes, obviamente con los datos clínicos necesarios y los ultrasonidos efectuados, con la finalidad de continuar su atención; así como establecer los mecanismos de comunicación tanto con las unidades hospitalarias como con los centros que brindaron el control prenatal.

La comunicación debe ser fluida y eficiente también con la mujer, para establecer diagnósticos presuntivos en casa y poder manejar las situaciones de infección por Covid leves. Los problemas éticos empiezan cuando hablamos de instituciones que manejan mujeres con patologías graves que además están embarazadas.

Ahí se tendrán que adaptar mecanismos particulares y dirigidos a esa población del llamado “embarazo de alto riesgo” para que se puedan seguir manejando en sus unidades a pesar del riesgo del Covid-19, como ya quedó de manifiesto en nuestro país hace unos días cuando se reportaron dos muertes maternas de mujeres con éstas características.

Urgen lineamientos y mecanismos explícitos que deben provenir por ejemplo del Instituto Nacional de Perinatología, y/o de las demás unidades que manejen mujeres con embarazos con riesgo elevado; que tendrán que estar en coordinación con el gobierno local, para además presentarle a todo el país el modelo de manejo integral.

Se tendrán que admitir, en ese tipo de hospitales a mujeres con Covid-19, que cursen inclusive con cuadros moderados y severos, por la simple razón de que es ahí donde tienen mejores posibilidades de salir adelante.

No veo otra salida razonable; y me parece que la falta de esas estrategias locales dejan solo al Dr. López Gatell que por lo menos en una centena de ocasiones ha hecho énfasis en el asunto de las mujeres embarazadas como población en riesgo.

Las embarazadas con riesgo incrementado son las que requieren de una atención mucho mas estrecha por razones obvias.

La reconversión hospitalaria tendrá que hacerse presente para adaptar unas pocas unidades obstétricas que tengan capacidad para atender los pocos casos graves que esperamos. Ojalá podamos ver a la brevedad las estrategias funcionando.

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