Laura Borbolla

Mi labor es proteger y servir a la patria, así como estar dispuesto a dar mi vida por la suya, son palabras muy fuertes que se a más de un funcionario de primer nivel en el mundo les han dicho, por ejemplo; Michelle Obama en su libro “Becoming” refirió que el jefe de su escolta se ha convertido en una especie de hermano y ella también se dice dispuesta a disparar por la vida de ellos. Los códigos de protección del servicio secreto de los Estados Unidos que cuida al presidente y expresidentes y sus familias, era algo muy similar al que tenía el extinto Estado Mayor Presidencial y guardias presidenciales.

Hasta el año 2000, el Estado Mayor Presidencial, cuidaba al presidente de los Estados Unidos Mexicanos, a todos los secretarios de estado, así como a los gobernadores y jefe de gobierno del Distrito Federal y sus familias. Sin lugar a duda, ese era otro México y hasta antes de la llegada de Fox a la presidencia, los códigos de seguridad de los funcionarios, además de secretos no se cuestionaban.

Michelle Obama refiere, que el drama en el caso de ellos es que sus hijas eran niñas y no querían que se alteraran sus vidas; pero que el ser consciente que lo que ella dijera, hiciera, o vistiera era algo que trascendía es lo que hace muy dura la carga de ser la Primera Dama de un país como los Estados Unidos y supongo de cualquier lugar del mundo. Lo complicado es que, poco o nada se sabe de todo lo que hay detrás de las y los servidores públicos que se encargan de la guardia y protección, excepto por las películas como “Bodyguard” y lo revelado en libros como el de la exprimera dama del país del norte.

La naturaleza del encargo de ser escolta, guarda espalda o equipo de seguridad y protección personal, además de ser un trabajo de alto riesgo es de mucho sacrificio, más si los principales (personas cuidadas) no se ciñen a los protocolos. En lo particular, conozco directamente los dos lados de la moneda, y he de comentarles que el tener equipo de seguridad, es complicado ya que se puede decir, invaden tú privacidad, sin embargo, si el trabajo que se realiza es de riesgo y amerita el acompañamiento, hay que mentalizarse y hay que hacerlo de forma muy profesional.

La primer preocupación que tuve al saber de la extinción del Estado Mayor Presidencial, es y ahora quien va a cuidar al presidente, su familia y a los funcionarios de primer nivel, pensar que un escolta es algo banal, es algo que al paso del tiempo y por diversos acontecimientos, se sabe no es así, también me da paz el apreciar en varios videos difundidos de eventos del presidente y ver que las formaciones y protocolos de seguridad corriendo al paso de los vehículos, etc. persiste, entonces quizá solo les quitaron el uniforme.

Me preocupa, ver y saber que por un tema de “bajo perfil” en lugar de tener vehículos robustos, blindados, etc. se piense que se disminuye el riesgo intrínseco al cargo y no se cumplan con los protocolos de seguridad, ya que en estos temas sólo hay riesgo e inseguridad o seguridad y protección. Otra cosa que me llama la atención es el número de personas asignadas para la protección, si bien es cierto quizá había un exceso ahora caímos en el otro extremo, tener 4 o 6 personas por turno y sin rotación, para la guardia y protección de un funcionario y su familia; considerando que si él tiene horarios de gallo a grillo y de grillo a gallo, es complejo y sobra decir, la escolta, no para, entonces, si no tratamos con respeto y dignidad a estos hombres y mujeres que están dispuestos a dar la vida por el funcionario de alto nivel y sus seres queridos, resulta complejo, creer que todo lo demás va a funcionar por arte de magia.

De forma y de fondo, siempre he dicho, si ellos están bien, el funcionario y sus familias van a estar bien, el país estará bien, un escolta, no es un paseador de perros, cargador de bolsas o agendas, por citar algunas de las cosas que los principales indebidamente piden, y la naturaleza es debido a que, si necesitan disparar, no deben traer las manos ocupadas, son seres humanos que necesitan comer, dormir, estar con sus familias, etc. Así que la próxima vez que vean a un servidor público, que cuida a otro, observen a detalle la interacción, de eso se desprende cómo son como personas y funcionarios, todos los trabajos son muy dignos y el ser escolta es además riesgoso, poco valorado y respetado, y más cuando se les dice despectivamente “guarros”; espero y deseo que se analicen y pulan los detalles de los protocolos de asignación de personal y equipo, se capacite tanto al personal que da la seguridad como a quien la recibe, quizá llegaremos al punto que refiere Michelle Obama: son una extensión de mi familia.

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