La educación universitaria de varias generaciones incluyó las lecturas de Eduardo Galeano y Günter Grass.
Contra el olvido, el dolor de la explotación y la violencia, ambos autores, desde Las Venas Abiertas de América Latina o El Tambor de Hojalata, compartieron, la preocupación por seres humanos que apuestan a entender su circunstancia para transformar la realidad inmediata, en un caso, o la recuperación crítica del vestigio cuya legitimidad se discute aún en las ediciones de la historia europea más reciente.
Desde el mundo de lo periodístico y sociológico como desde aquel construido mediante la enorme memoria en que la ficción y la experiencia propia se fundían, Galeano y Grass, permitieron a miles de jóvenes de universidades mexicanas un acceso inundado de precisiones plásticas en que la literatura y el ensayo histórico se alimentan para beneficio de la edificación de una ética de la crítica y una crítica del cambio promovida desde liderazgos históricos totalitarios o de la expectativa de liderazgos populares que han envejecido dramáticamente, cuando no desaparecido, especialmente en América Latina.
La muerte es convergencia de ambos. La muerte parece haber alcanzado al mismo tiempo a los autores como a las expectativas de que los liderazgos que representaban o sugerían habrían de resolver, en su momento, antes y durante la guerra como en la postrevolución cubana en el escenario hemisférico, los problemas de sus respectivos mundos.
No hay más que la muerte física. Los temas permanecen.
La inteligencia y el esfuerzo inmenso de dos vidas contagiaron con la pureza de su empeño a muchos o al menos insertaron temas que para adolescentes y jóvenes estudiantes en cuyo radar no aparecían siquiera el interés en lo público y lo histórico y comenzaron a ser alimentados en la adolescencia en los años 70. Su aportación es ahora memorable en una época en que se ha naturalizado la idea de que frente a la corrupción, la explotación, la violencia de origen criminal y la que proviene de aquello que llamamos el Estado, es prácticamente inamovible.
Mientras no se construya un proyecto de nación capaz de movilizar a las instituciones y a la sociedad contra prácticas que el ideal del hombre defendido por Galeano y Grass -divergentes por razones que hoy no refiero- pero semejantes por las motivaciones que aquí señalo- su obra es un referente indispensable. La documentación histórica y literaria de ambos autores es un instrumento de recuperación de la riqueza diversa de procesos y datos así como de rasgos, eventos y proyectos que una ética universal deberá siempre incorporar: la idea de la justicia y de la paz.