Simón Vargas

“No hay jóvenes malos, sino jóvenes mal orientados”. San Juan Bosco

Mañana se conmemora el Día Internacional de la Juventud, propuesto por la Organización de las Naciones Unidas y el cual este año tiene como tema principal: «Transformar los sistemas alimentarios: Innovación juvenil para la salud de los seres humanos y del planeta».

Y es que desafortunadamente, de acuerdo a proyecciones de la ONU se espera que, pese a la reducción de la natalidad global, para el 2050 la población mundial aumente en 2,000 millones de personas, por lo que uno de los principales problemas será, además del cambio climático, del cual ya vivimos efectos severos, la producción de alimentos sostenibles.

Este desafío es una de las áreas de mayor interés para los jóvenes, lo anterior derivado de datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la cual afirma que las prácticas agrícolas insostenibles han contribuido a problemas ambientales como la degradación de la tierra, la deforestación y las emisiones de gases de efecto invernadero; campos que también han sido sumamente abordados por este sector poblacional, y que con el paso del tiempo se han convertido en emergencias  que requieren ser atendidas de forma innovadora y resiliente.

Además de este tópico, ha quedado de manifiesto que tanto la generación actual como las que le preceden tienen una incesante preocupación por temas que habían (quizá) pasado inadvertidos como: la igualdad de género, las nuevas masculinidades, el cuidado del medio ambiente, la cultura del reciclaje, la economía circular y el respeto a la diversidad sexual, entre otros; lo que ha logrado que la agenda mundial enfoque mayores recursos en estos conceptos.

Y es que en la medida en que los jóvenes exigen soluciones y oportunidades se visualiza con más urgencia su atención inmediata. La fuerza de este segmento poblacional radica en su inquebrantable voluntad y el gran número de personas que inspira, de acuerdo al documento Juventud 2030, trabajando con y para los jóvenes en la actualidad, el mundo alberga a la generación de jóvenes más numerosa de la historia, conformada por 1,800 millones de personas, de las cuales cerca del 90% viven en países en desarrollo, donde constituyen una gran parte de la población.

A pesar de que la globalización ha contribuido a que exista una conexión y comunicación entre ellos como nunca antes se había experimentado, convirtiéndolos así en personas resilientes, innovadoras y comprometidas con su entorno; también muchos de ellos han enfrentado importantes crisis, tan solo en nuestro país la caída de los precios del petróleo, el incremento de la deuda externa y la devaluación de la moneda frente al dólar, además de la crisis laboral del 2008 y de la actual originada por la pandemia del virus SARS-CoV-2 han hecho que vivan endeudados, en números rojos y sin ahorros.

Por desgracia, la situación laboral se ha convertido en una de las cuestiones más trascendentales para ellos, especialmente cuando la celeridad de la vida y las nuevas características del mercado requieren competencias creativas y revolucionarias, por lo que los sistemas educativos se han transformado en uno de los elementos medulares para que puedan desarrollar aptitudes y destrezas necesarias frente a los problemas laborales.

Actualmente, en datos del estudio Educación, juventud y trabajo. Habilidades y competencias necesarias en un contexto cambiante, emitido por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)la inversión en innovación, educación y empleo dirigida a los segmentos juveniles es central para generar bases sólidas en pro del logro de los objetivos de cambio estructural para la igualdad; así mismo, esta investigación hace una importante referencia a la crisis laboral, advirtiendo que las brechas y desigualdades acentuadas por la pandemia que afectan a los jóvenes de la región son más marcadas en el caso de las mujeres, imposibilitando el acceso a puestos de trabajo decente.

Mucho puede abordarse sobre el tema, este importante segmento poblacional se ha transformado rápidamente en el catalizador para observar de forma detenida las desigualdades, abrir nuevos caminos con respecto a diversos problemas sociales, pero sobre todo, sentar las bases para un futuro más equitativo; por lo que hoy es necesario trabajar incansablemente para brindarles las herramientas para transformar, creando mecanismos de apoyo que garanticen una oportunidad para seguir luchando de forma individual y colectiva para restaurar la economía, el planeta y a su vez proteger lo más preciado: la vida.

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