Simón Vargas

“Ciudadanos sanos son el mayor regalo que cualquier país puede tener.” Winston Churchill

En 1948 la Asamblea Mundial de la Salud propuso el 7 de abril como la fecha ideal para conmemorar el día mundial de la salud esto en honor a la fundación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y cada año se elige un tema específico, siendo el correspondiente a este: Construir un mundo más justo, equitativo y saludable.

Y es que no podemos negar que, el 2020 nos demostró abrupta y cruelmente la manera en que la salubridad puede convertirse con rapidez en una crisis global ya que el número de decesos ocasionados por la pandemia originada por el virus SARS-CoV-2 se convertirá en una referencia tanto para las generaciones que la han vivido, como para las futuras, y, quizá, lo más lamentable es que a pesar de la creación de la vacuna y su reciente aplicación aún queda mucho camino por recorrer hasta que esta emergencia sanitaria sea superada totalmente.

De manera sorpresiva el COVID-19 puso en la mira nuevamente y con más fuerza las desigualdades, condiciones y limitaciones de acceso a los servicios de salud que todavía enfrentan millones de personas alrededor del mundo, de acuerdo a la Organización Panamericana de Salud (OPS) a pesar de que América Latina tuvo la oportunidad de prepararse para enfrentar la pandemia de manera diferente al resto del mundo, ha sido la región con más muertes, y dentro de las principales razones se encuentran: la alta informalidad laboral, la pobreza, el hacinamiento, la densidad poblacional, la baja infraestructura hospitalaria y la incapacidad de los sistemas sanitarios.

Desafortunadamente, pese a que la creación de hospitales y el acceso a los esquemas de salud han aumentado en los últimos años, y que incluso en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible los Estados Miembros han acordado tratar de alcanzar la Cobertura Sanitaria Universal (CSU) a más tardar en 2030, la cual abarca toda la gama de servicios de salud esenciales de calidad, desde la promoción de la salud hasta la prevención, el tratamiento, la rehabilitación y los cuidados paliativos, no nos encontramos ni por mucho cerca de la meta deseada, ya que de acuerdo a datos de la OMS cerca de la mitad de la población mundial carece de acceso integral a los servicios sanitarios básicos.

A su vez, el Banco Mundial menciona en el Informe de seguimiento mundial sobre la protección financiera en la sanidad 2019 que a pesar de los esfuerzos continúan existiendo grandes brechas en la cobertura, en particular entre las comunidades pobres y marginadas, y las cifras más recientes muestran que, cada año, los habitantes de los países en desarrollo invierten directamente en promedio entre el 10 y el 25% del presupuesto familiar en gastos médicos, lo cual provoca dificultades financieras a más de 900 millones de personas y empuja a casi 90 millones a la pobreza extrema todos los años.

Si bien el 2020 nos instó a la reflexión y dejó muchos aprendizajes tanto para la comunidad científica y médica como para la población en general, todavía existen desafíos que deben ser considerados seriamente, entre ellos la Organización de las Naciones Unidas (ONU) enlisto al menos 13, de los cuales destacan: 1) Poner la salud en medio del debate climático, 2) Que la salud alcance lugares en conflictos y crisis, 3) Ampliar el acceso a los medicamentos, 4) Detener las enfermedades infecciosas, 5) Invertir en las personas que defienden nuestra salud y 6) Ganarse la confianza pública. Este último punto, aunque pudiera sonar poco significativo se ha transformado en un aspecto fundamental a la hora de disminuir el avance de las posibles crisis sanitarias, ya que la escasa credibilidad puesta en los hospitales y centros médicos hace que las personas decidan no solicitar atención ni ayuda, lo que a la par incrementa el número de muertes.

Por otro lado, a pesar del avance tecnológico y científico aún existen virus altamente mortales que todavía no cuentan con vacunas, tal es el caso de la Fiebre de Marburgo cuya tasa de letalidad oscila entre el 50 y el 80%, o bien de los virus del Ébola y de Nipah cuyas tasas se encuentran entre el 60 y el 75% de letalidad, por lo que invertir tanto en investigación como en personal especializado y capacitación es crucial.

Actualmente, no se trata solo de virus ya que también ha seguido aumentando la carga de enfermedades no transmisibles, como el cáncer, las patologías cardiovasculares, la diabetes y los trastornos mentales, y hoy en día, las enfermedades no transmisibles provocan el 70% de las muertes a nivel mundial.

La salud de la población debe considerarse como un punto estratégico en el desarrollo de las políticas públicas y para el actuar de los gobiernos del mundo entero, pero también es una obligación personal, conmemoremos este día haciendo todo lo posible para cuidarnos, seamos solidarios con aquellos que lo requieran, y recordemos que la salud y la vida misma son los bienes más preciados.

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