Simón Vargas

“No me cabe concebir una necesidad tan importante durante la infancia de una persona que la necesidad de sentirse protegido por un padre”. Sigmund Freud

Es probable que si observamos hacia décadas anteriores esto no fuera considerado un dilema social, al menos en nuestro país, donde muchas de las mujeres se embarazaban a corta edad; afortunadamente desde hace varios años este tema se ha convertido en una situación de preocupación, no solo nacional sino internacional, y es que, pese al avance constante en factores como la educación sexual y el uso de métodos anticonceptivos, la tasa de embarazo adolescente continúa siendo alta.

Si bien es cierto que desde la década de los 90’s se ha registrado una reducción de la natalidad de este segmento poblacional, y mucho se ha avanzado en el tema sexual; aún persisten factores, educativos, demográficos, emocionales, psicológicos, pero quizá sobre todo sociales, los cuales podrían ser los causantes de mantener los números a la alza, ya que de acuerdo a datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) aproximadamente un 11% de todos los nacimientos en el mundo se producen todavía entre jóvenes de 15 a 19 años, y el 95% ocurren en países de ingresos bajos y medianos.

El embarazo adolescente es un fenómeno multifactorial, sin embargo, dos rubros llaman a una revisión más exhaustiva, y ambos podrían ser considerados temas de agenda social: 1) los embarazos en la adolescencia son más probables en comunidades pobres, poco instruidas y rurales, y 2) algunas jóvenes pueden recibir presión social para contraer matrimonio o para tener hijos, ya que en países de ingresos medianos y bajos más del 30% de las adolescentes contraen matrimonio antes de los 18 años, y cerca del 14% antes de los 15 años.

Mucho debería ahondarse en los dos temas anteriores, pero aunado a ello es crucial reflexionar sobre el papel de los hombres, y es que el documento “Estudio sobre la Prevención del Embarazo en Adolescentes desde las Masculinidades” el cual es uno de los ejes principales en la Estrategia Nacional para la Prevención de Embarazo en Adolescentes (ENAPEA) trabajo conjunto de 16 dependencias del Gobierno Federal y de la participación de organizaciones de la sociedad civil, de organismos internacionales y de personas expertas del ámbito académico, plantea preguntas interesantes con respecto al tema: ¿Qué es ser hombre en el siglo XXI? ¿Es un asunto público o privado? ¿Social o individual? ¿Qué es lo masculino? ¿Cómo se redefine la masculinidad en el tiempo?, a las que busca dar respuesta, pero además define el concepto como una construcción cultural que se reproduce socialmente y que, por lo tanto, no se puede definir fuera del contexto socioeconómico, cultural e histórico en el que están insertos los varones.

Hoy la maternidad y la paternidad tienen que ser consensadas y acordadas por ambas partes, debe instarse a mujeres y hombres a repensar en su papel hacia sus hijos, pero sobre todo a analizar su contexto social y examinar si se repiten patrones o de verdad se está eligiendo de forma consciente.

Además del tema social, existen factores de salud y económicos aportados por la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) que sostienen que las complicaciones durante el embarazo y el parto son la segunda causa de muerte entre las adolescentes de 15 a 19 años en todo el mundo, por otro lado, deja sin acceso o trunca la educación de millones de mujeres o bien imposibilita la obtención de un trabajo digno o bien remunerado, lo que por desgracia en muchas ocasiones genera que queden atrapadas en un círculo vicioso de pobreza y exclusión, que las afectará principalmente a ellas, pero que también limitará las oportunidades de sus hijos.

Como consecuencia de los conflictos anteriormente mencionados el Fondo de Poblaciones de las Naciones Unidas en su informe “Consecuencias Socioeconómicas del Embarazo en México”sostiene que el embarazo adolescente en Latinoamérica y el Caribe genera costos a los Estados que suponen, en promedio, el 0.35 % del Producto Interno Bruto (PIB) o 1,242 millones de dólares anuales por país y que cuando la medición de la brecha salarial entre la maternidad temprana y la maternidad adulta se calcula sobre el país en su conjunto, la pérdida anual de ingresos asciende a aproximadamente 59.8 mil millones de pesos.

En este conflicto demasiados ángulos deben entenderse y analizarse, ya que a pesar de los esfuerzos, México ocupa el primer lugar en el tema entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y América Latina y el Caribe es la segunda región a nivel mundial que enfrenta dicha cuestión, por lo que eludir el tema no es una opción y trabajar en la prevención, el uso de métodos anticonceptivos y la educación sexual debe continuar siendo prioritario.

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