Simón Vargas

«La igualdad de las mujeres debe ser un componente central en cualquier intento para resolver los problemas sociales, económicos y políticos»
Kofi Annan

Hoy se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la mujer, ¿por qué instaurar una fecha como esta? Porque a pesar de que desde hace varios años las agresiones perpetuadas en su contra se han hecho más visibles, aún quedan demasiadas barreras que destruir, y establecer un momento para detenernos, evaluar y reenfocar los esfuerzos es muy necesario.

Es innegable que los obstáculos son diversos y las cifras preocupantes, de acuerdo a datos de ONU Mujeres en el mundo el 35% de las mujeres ha experimentado alguna vez violencia física o sexual por parte de una pareja íntima, o por una persona distinta de su pareja, además alrededor de quince millones de niñas adolescentes de 15 a 19 años han experimentado relaciones sexuales forzadas en todo el mundo.

Y es que con mucha tristeza tenemos que reconocer que las prácticas socialmente “aceptadas” contra las mujeres continúan, los asesinatos por honor, los matrimonios forzados y la mutilación genital femenina son conductas que llegan a extremos atroces; ONU Mujeres calcula que al menos 200 millones de mujeres y niñas de 15 a 49 años han sido sometidas a la mutilación genital femenina en los 31 países en los que se concentra esta costumbre.

La violencia nunca queda solamente en palabras o golpes, desafortunadamente hasta el 2017 de las 87,000 mujeres asesinadas intencionadamente en todo el mundo, más de la mitad (50,000) murieron a manos de sus familiares o parejas íntimas.

En nuestro país la situación no es diferente, 6 de cada 10 mujeres ha enfrentado un incidente de violencia; 41.3% de las mujeres ha sido víctima de violencia sexual y, en cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública de enero a septiembre de este año se han registrado 704 presuntos feminicidios y en estos mismos meses se tiene un registro de 2,150 presuntos homicidios dolosos.

Y si las cifras expuestas son difíciles de asimilar; el dolor, la agonía, el desamparo y la impotencia de las víctimas y familiares son indescriptibles. Es por ello que, ante este cruel sufrimiento, hoy más que nunca es necesario hacer una pausa y reconocer que todos, sector educativo, de salud, las áreas de servicio social, los gobiernos municipales, estatales y federal, las instancias de seguridad y procuración de justicia, los poderes judiciales, los medios de comunicación y la población en general, tenemos un papel que desempeñar para combatir la violencia contra las mujeres.

El tema es de tal relevancia que el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo estableció dentro de los 17 objetivos de desarrollo sostenible, la igualdad de género como el número 5. Para llegar a cumplir dicha meta se ha establecido que se debe trabajar incansablemente en: la eliminación de estereotipos y prejuicios, garantizar el acceso universal a la salud reproductiva y sexual, y en la erradicación de la discriminación laboral o el conocido techo de cristal, etc.

Y es que las múltiples marchas, las voces que se han alzado apelando por la justicia y la equidad, pero, sobre todo, la fuerza con la que se han enfrentado a las formas erróneas con las que las hemos estigmatizado, nos han permitido encontrar nuevas perspectivas e impulsar la eliminación de suposiciones superficiales; porque a pesar de que los estereotipos no siempre implican una carga negativa sí limitan el potencial para ejercer decisiones y alcanzar oportunidades.

Es así que los estereotipos se han convertido en un catalizador para acciones como la segregación ocupacional, la negación de puestos de liderazgo, la feminización de la pobreza, la negación a la salud reproductiva y sexual o la violencia de género, porque de una u otra forma justifican la violencia y consolidan los modelos estructurales de discriminación que hoy más que nunca necesitan ser no sólo combatidos sino erradicados. 

Estoy convencido que trabajar por alcanzar la paridad de género impactará de forma positiva todos los ambientes de la sociedad, mejorará espacios laborales, núcleos familiares e incluso permitirá un mayor crecimiento económico, pero, sobre todo, nos impulsará a avanzar hacia una sociedad más justa.

*Analista en temas de Seguridad, Justicia, Política y Educación. 
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