Simón Vargas

“Pidamos ser constructores de paz, que allá donde haya odio y resentimiento, pongamos amor y misericordia” Papa Francisco

América Latina se ha convertido en el continente con más católicos, ya que los dos primeros lugares con mayor número de fieles son ocupados por Brasil y México; y de acuerdo a datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, nuestro país cuenta con 90,224,559 personas de 5 años o más registradas como católicas; por lo que la influencia de esta religión es no sólo digna de reflexión sino también de un análisis pormenorizado.

La participación de la iglesia católica ha sido significativa en diversas áreas de la vida en nuestro país, sobre todo en ámbitos como la educación, la salud y la seguridad; pero, además, ha presentado una clara influencia en la cohesión social. Así mismo, hay que destacar que su intervención es sustancial para la erradicación de la creciente inseguridad y violencia, ya que proporciona un enfoque donde el actuar está dirigido hacia el crecimiento espiritual y personal, pero también impulsa el desarrollo integral del prójimo.

Además de los valores intrínsecos de la religión católica: amor, caridad, misericordia, bondad, obediencia, etc. conforme al análisis La Religión ante los Problemas Sociales, emitido por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales institución internacional no gubernamental con status asociativo en la UNESCO, las intervenciones de los grupos religiosos ante los procesos considerados como problemas sociales han sido y son numerosas en América Latina […] La mayoría de estas mediaciones están centradas en sujetos definidos como vulnerables: indígenas, mujeres en situación de prostitución, campesinos, migrantes, pobres, huérfanos, ancianos y a menudo las participaciones apostólicas impulsadas por las iglesias entran en conflicto con otros sectores, creando así importantes líneas de quiebre que abren complejos espacios de negociación interna.

Para México, es incuestionable que los enfrentamientos entre divisiones de cárteles han transformado a diversos municipios en escenarios desoladores, sin embargo, una de las noticias más recientes ha sido la condición con la que lidian los habitantes de Aguililla, uno de los 113 municipios que integran el estado de Michoacán, situación que se ha convertido en un entorno casi insostenible.

A pesar de que este territorio de 1,401 kilómetros cuadrados ha sido constantemente asediado por integrantes del narcotráfico, en los últimos meses su contexto ha dado un giro desconcertante, ya que la cruenta guerra entre facciones del denominado Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) contra Cárteles Unidos, ha desembocado no sólo en la poca siembra de hectáreas de jitomate, o en el incremento desmesurado del precio de productos, sino también en constantes extorciones hacia los pobladores, muertes por fuego cruzado, miedo constante y bloqueos o destrucción de carreteras.

Frente a esta atroz situación pareciera que el Estado ha quedado superado, ya que los elementos de seguridad se han visto mermados ante el difícil escenario, y se ha incrementado considerablemente el número de personas que se encuentran recluidas en albergues y que han emigrado de la localidad.

Y he aquí un claro ejemplo de cómo la paz puede ser cimentada a través de la fe, ya que inesperadamente, hace un par de días, el Nuncio Apostólico en México, Monseñor Franco Coppola, dio a conocer que visitaría Aguililla para oficiar una Misa por la Paz, además de realizar un recorrido terrestre de alrededor de 84 kilómetros para bendecir a los pobladores. Su presencia permitió por lo menos dos días donde los narcotraficantes cesaron los ataques y dieron un necesario respiro a los pobladores.

Contrario a lo que muchos podrían creer (con escepticismo fundado), este no es un montaje, ni una visita política, un mecanismo mediático o una visita planeada con antelación, ya que el propio Coppola rechazó la seguridad privada propuesta por el gobierno de Michoacán y desde su toma de protesta solo ha viajado con un par de sacerdotes en cada una de sus giras.

Podría considerarse que dicho viaje es una reafirmación de lo que tanto él como Su Santidad el Papa Francisco han expresado en numerosas ocasiones, la iglesia debe estar cerca de aquellos que sufren, alejarse de las comodidades y trabajar estrechamente en la comunidad pastoral.

Recordemos también, que esta no es la primera vez que la injerencia de la iglesia católica ha permitido llevar a buen puerto un conflicto, en 2014 se abrieron las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba y tanto Barack Obama como Raúl Castro reconocieron al Papa Francisco como un ejemplo moral que demuestra la importancia de trabajar por un mundo correcto. De igual manera, Su Santidad ha instado a parar la violencia en Venezuela, a orar por los normalistas desparecidos en México, y a potenciar los diálogos entre las FARC y Colombia.

Erradicar los problemas sociales como la pobreza, la desigualdad, la corrupción, el desempleo y por su puesto la inseguridad y la delincuencia son temas multifactoriales, que deben ser analizados desde distintos vértices incluyendo el área religiosa, ya que se debe reconocer que en múltiples ocasiones y sobre todo en comunidades pequeñas o alejadas son los diáconos, presbíteros, obispos y arzobispos quienes se encuentran considerablemente ante y dentro de escenarios hostiles, por lo que su participación es muy importante si queremos alcanzar la paz.

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