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Ricardo Eguia

No voy a desmontar mi propio optimismo…tampoco me propongo desalentar las justas ilusiones de la casi totalidad de los buenos mexicanos que vislumbran en el «Sistema Nacional Anticorrupción»recién aprobado en la Cámara de Diputados un efectivo y real proceso de oxigenación, depuración y renovación que permita arrumbar de manera definitiva la clamorosa anomalía de la corrupción que infesta a todo el sistema político-económico nacional.

Realistas y congruentes debemos obligarnos a entender que lo anterior si fue un paso muy importante contra un muy porfiado inmovilismo y cerrazón que por décadas privó entre la clase política y la clase empresarial que operan como vasos comunicantes en los que reciclan el veneno de la rapacidad sin lindes entre lo público y lo privado…

La postergación de esa reforma estructural fundamental y que se les escurrió por décadas llega no solo tarde como remedio a una clamorosa anomalía y como daga en el corazón de este país saqueado de manera sistemática e inmisericorde, sino que es en los hechos un logro de la sociedad harta que presionó consistentemente a la partidocracia, a las cúpulas empresariales y a la clase gobernante para lograr que en el servicio público se privilegie la integridad, el mérito y las trayectorias limpias por encima del amiguismo, del nepotismo, las camarillas y los «todologos» en  ese su perpetuosaltimbanqueo aprovechándose de la microgravedad en la que levitan turbiamente y en ese su escandaloso desenfreno pegándole siempre y con fruición a la «piñata» de los recursos públicos.

Es decir lo obvio que no solo se trata de leyes…

Las leyes per-se no resuelven problemas tan enquistados como el de la corrupción añeja, sofisticada y delirante, ante lo cual debemos sacudirnos la modorra y con prudencia prevenirnos de sus brutales coletazos refractarios al cambio.

Antes de continuar debo insistir que no me anima ningún incentivo contrario a esa reforma trascendente que veo positiva.

Acepto que luego y ante un cáncer nacional de esas dimensiones siderales me gana la adjetivización en nombre precisamente de una claridad redundante pero con absoluta buena fe…

Me adhiero a la reforma y por un «Sistema Nacional Anticorrupción» simple, lisa y llanamente porque es una vital aspiración nacional y como la mayoría de los mexicanos supongo que se inicia un largo, arduo y sinuoso camino hacia un nuevo país donde se  respeten organismos autónomos confiables, con recursos y facultades que no solo fiscalicen a todos los órganos del Estado sino que sancionen sin excepciones a los Funcionarios corruptos de los tres poderes y de los tres niveles de gobierno.

Inicia apenas su largo recorrido y aspiro como las mayorías que no tenga en el Senado «muerte embrionaria» ni a su paso por las Legislaturas estatales «muerte de cuna»…

Es impostergable e inexcusable que México tenga de una vez por todas un robusto y eficaz  sistema anticorrupción y si esa legislación  se implementa bien con leyes secundarias transparentes, coherentes, articuladas sin maquillajes ni más simulación no solo influirá positivamente en la vida cotidiana de los mexicanos sino que entendiéndose bien que  sin ella sería imposible concretar la reforma energética, la de telecomunicaciones y la político electoral entre otras  pues solo pueden estar cimentadas sobre la credibilidad gubernamental y la confianza de los inversionistas nacionales o extranjeros que se basan precisamente en la transparencia, la imparcialidad y en un estado de derecho hoy desafortunadamente inexistente.

No más fervor utópico y si en alerta constante ante los pocos solventes argumentos que seguramente esgrimirán en ese recorrido los crápulas de las élites cupulares para descarrilar esa legislación, pues insistirán pertinaces en el clásico gatopardismo contumaz de reformar todo para que todo siga igual…

No más opacidad ni volver a poner en zona de alto riesgo al gasto público por no ser fiscalizado en tiempo real y enhorabuena pues la «Auditoría Superior de la Federación» ya no estará limitada por el secreto fiscal, bancario, bursátil o fiduciario lo que por primera vez permitirá auditar los oscuros Fideicomisos donde se manejan con total libertinaje entre $480 mil y $740 mil millones de pesos que según los expertos y con desafiantes dificultades les han dado seguimiento.

Digno de destacar que los recursos (públicos) federales a los Estados sean fiscalizables y que ello solo a gobernadores transas empiece a incomodarles…falso que se atropelle la autonomía estatal con esa fiscalización que debe incluir sin excusa o pretexto a los tres niveles de gobierno y a los tres poderes para que sea un escudo efectivo contra la nefasta y ruinosa corrupción por desvío de fondos y/o malversación depravada  que termina en el consiguiente lavado del dinero  malhabido en los canales del drenaje bancario y de los paraísos fiscales.

En esa legislación hay huecos y vacios que se irán analizando y si se mantiene la exigencia ciudadana no será simple mitología ni más abigarrada burocracia…la sociedad repleta y harta de organismos estériles disque autónomos, cooptados, ineficientes, inoperantes y sumamente costosos sangrando vorazmente el erario pero restringiendo aleves  la información pública misma que se reservan arbitrariamente y con cualquier pretexto, llegando al extremo delincuencial de declararla inexistente…

La verdad apenas se inicia esta égida, esta odisea ciudadana que debe estar sobreaviso ante las gavillas acostumbradas a depredar  y que buscarán tozudamente que el «Sistema Nacional Anticorrupción» sea otro grotesco engendro de cinismo y otro «elefante» decorativo imposibilitado de fincar responsabilidades resarcitorias ni de ejercer acciones penales contra funcionarios venales que intentarán darle vuelta a la ley con legalismos perversos para otra vez después de discusiones bizantinas terminar en tenebrosas noches libertinas.-

¡No pequemos de crédulos ni de timoratos…esto apenas empieza!

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