Teachers take cover from tear gas dispersed by riot police in front of the Guerrero state congress building in Chilpancingo, Mexico, Monday, Oct. 13, 2014. Hundreds of protesting teachers demanding answers about the 43 students who went missing on Sept. 26 during a confrontation with police, clashed with police at the local congress and outside the state government palace Monday. Officials are attempting to determine if any of the missing students are in newly discovered mass graves. (AP Photo/Alejandrino Gonzalez)

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Salvador Guerrero Chiprés

¿Cómo podemos entender que en la época, en el tramo de historia, de mayor información y de mayor poder de los gobiernos, tanto del de México como del de Estados Unidos, no se abata la inseguridad y la delincuencia?

Es altamente probable que la distancia entre la mejor información y la ausencia de eficiencia percibida en seguridad se asocie con las complicidades pactadas o fracturadas.

El primer elemento que posibilita la persistencia de la inseguridad es la total ausencia de disminución de la impunidad, un factor que es al mismo tiempo, actualmente, causa y consecuencia.

Se agregan,  la disparidad en el acceso al ingreso legítimo de millones de personas; las dudas sobre el comportamiento de los miembros de las élites; la permanencia de mecanismos dilatados, ambiguos, sinuosos y, en última palabra, ineficientes, para la autocorrección en el comportamiento evidenciado de los integrantes de las élites.

Propongo pensar el dilema del poder del Estado frente al conjunto de la criminalidad en México de esta manera: existe un volumen finito de recursos que son retirados, mediante la fuerza o la corrupción formalizada, a la sociedad y que son disputados entre servidores públicos y las diversas expresiones de la maña.

Dado que es el mismo conjunto de recursos, el problema es quiénes se quedan con la mayor parte de los mismos.

La violencia está fuertemente asociada a la inestabilidad de la frontera entre delincuentes dentro del gobierno y delincuentes fuera de él pero asociados o en confrontación con aquellos.

¿Quién se queda con el moche, quién con la extorsión y el derecho de piso?

La inseguridad, parte de esa violencia física y simbólica, resulta de la carencia de acuerdo entre unos y otros en el binomio gobiernos-malandros y dentro de las agrupaciones o grupos, también, de unos –gobiernos en todos sus niveles- y otros –la maña en todas sus expresiones y especialidades.

Si existe un arreglo entre esos segmentos de servidores públicos el botín se distribuye. Si no existe arreglo entre ellos y los diversos grupos de la maña existen la violencia y la inseguridad en grados superiores a los de sociedades que alcanzaron arreglos que incluyeron la integración, a la formalidad, de esos grupos de malandros y expresiones de la maña que son parte de la informalidad.

La hipótesis que inaugura Iguala en ese contexto de disputa entre delincuentes dentro del gobierno y fuera de él es que haya una conexión entre la violencia criminal contra los estudiantes de Ayotzinapa y segmentos tanto del gobierno como del crimen organizado.

Veremos si existe la entereza judicial para encontrar qué conecta con qué en esa disputa entre unos y otros.

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