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Si hay en España un escritor al mismo tiempo querido como repudiado ese es Juan Goytisolo. Tiene 84 años y sabe de exilios, de silencios y de gritos de libertad. Todo junto en una de las obras más sólidas de la literatura en español y que pertenece a la República Cervantina.

En 1931 los presagios de una guerra civil en España estaban a la vista. Y ocurrió la confrontación entre españoles: conservadores y republicanos.  Fue en 1936 cuando comenzó una de las más documentadas, más crueles y dolorosas. Más aun para quienes tuvieron pérdidas que marcaron sus vidas. Juan, junto con sus hermanos Luis y José Agustín perdieron a su madre en 1938 durante un bombardeo franquista a Cataluña. Y de ahí en adelante fue caminar solos y muy lejos.

Fue permanente crítico de ese franquismo criminal y su herencia; enemigo de los candados y puertas cerradas.  Y más que el peligro vital, su urgencia por salir de aquella España reaccionaria y conservadora estaba en la falta de aire para respirar y escribir en libertad. La censura era, asimismo, cruel como criminal. Y muchos españoles había que la apoyaban.

En 1956 se exilia, primero París, a donde acudió para ser asesor literario de una de las editoriales más importantes entonces y ahora: Gallimard. Luego se trasladó a Estados Unidos en donde dio clases de literatura en universidades como la de California, Boston y Nueva York. Hace treinta años vive en Marrakech, Marruecos a cuyos habitantes se refiere con el afecto del bienvenido: “porque han sabido aceptarme con cariño en esta etapa incómoda que es la vejez”…

El jueves 23 de abril recibió el Premio Cervantes 2014 en Alcalá de Henares, por “su deslumbrante obra que nos ayudará a replantearnos visiones e idea establecidas y consolidadas”… “Por su capacidad indagatoria en el lenguaje, por sus propuestas estilísticas complejas desarrolladas en diversos géneros literarios, además de integrar las dos orillas de la tradición heterodoxa española y por su apuesta permanente por el diálogo intercultural”…

Pero es que Goytisolo es más que eso. Es la voz crítica del pasado español asimismo deslumbrante como complejo; y crítico de los sistemas políticos que generan pobreza y quebranto; crítico del sistema político y económico español que produce desigualdades, injusticias y a las que insiste en acusar ya desde su exilio marroquí como en América y España.

En Juan Goytisolo se conjuga la fortaleza del argumento como la belleza del lenguaje para hablar de ‘las cosas que ve el que vive’. Ahí está su obra, a la vista de todos y para deleite, emoción e indignación de todos los que tenemos que responder a su llamado, como lectores cautivos de sus quehaceres profundos…

Desde el principio, su obra escaló la observación crítica desde el realismo social de los cincuenta: Juegos de manos (1954) y Duelo en el paraíso (1955) son dos muestras. Se definió como ‘anti burgués’ en obras como Fiestas (1958), La resaca (1958)…

Pero es en su segunda etapa cuando abre los ojos al mundo de su propia libertad: En señas de identidad (1966) –que forma parte de la trilogía “Álvaro Mendiola”– deja atrás el realismo y pasa al subjetivismo, la variedad de extranjerismos, la utilización de un narrador en segunda y tercera personas, y, sobre todo, la ruptura lineal del tiempo a través de la alternancia de historias. Esta obra marcó un hito en la novela española de los años sesenta y es acompañada de Reivindicación del Conde don Julián (1970) y Juan sin tierra (1975) y es a partir de esta etapa creativa cuando el gobierno franquista comienza a prohibir en España la obra de Juan Goytisolo…

Es en Señas de identidad cuando levanta el vuelo; reprocha su obligado exilio, reprocha su nostalgia por España, reprocha los sueños de todos los exiliados por recuperar el terreno y el tiempo perdido: su pesimismo se reivindica cuando grita su propia condición de homosexual solitario y abandonado a sí mismo…

Señas de identidad, como Reivindicación del Conde don Julián no pasaron la censura franquista y fueron publicadas por primera vez en México. Juan Goytisolo reconoce este auxilio mexicano que lo mismo abrió las puertas a los republicanos como a los escritores, como él mismo o Juan Marsé, que tuvieron que refugiar su obra en las editoriales mexicanas.

Luego viene la obra consecuente, como su gran Paisaje después de la batalla (1982); Makbara (1979) y su autobiografía Coto vedado (1985) además de ensayos aleccionadores y obras como Las virtudes del pájaro solitario (1988), La cuarentena (1991) y Las semanas en el jardín (1988)…

Juan Goytisolo es mucho más que sus premios. Es la historia de un escritor que en su obra nos señala y nos acusa, pero nos reivindica en su expectativa de que, al final de cuentas, los humanos somos eso, y por tanto tenemos derecho al error, pero también a la rectificación sin ánimos moralinos o de enseñanza didáctica.

En su discurso al recibir el Premio Cervantes en España, el jueves 23 de abril dijo: “La verdadera obra de arte no tiene prisas: puede dormir durante décadas como La regenta o durante siglos, como La lozana andaluza”…

“Ser objeto de halagos por la institución literaria me lleva a dudar de mí mismo, ser persona non grata a ojos de ella me reconforta en mi conducta y labor. Desde la altura de la edad, siento la aceptación del reconocimiento como un golpe de espada en el agua, como una inútil celebración…” Así: uno de los mejores Premio Cervantes entregado, en muchos años.

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