41005159. México, D.F.-Se registró una intensa lluvia con actividad eléctrica en el valle de México. NOTIMEX/FOTO/PEDRO SÁNCHEZ/PSM/WEA/

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Alicia Alarcón

Y llovía a cántaros. Mientras, estaba atrapada sin salvación en el tráfico. Y en los charcos que parecían oleajes. O charquitos, como les dicen los gobernantes en turno. Culpa de las lluvias atípicas que desde hace algunos años ya son típicas. Y que causan el mismo destrozo cada año. El poco mantenimiento de las calles, el drenaje y la poca voluntad del gobierno de la ciudad de hacer su chamba, puede desquiciar a cualquiera.

“¡Chinga tu madre pendejo!” grita una elegante señora desde una camioneta de esas adecuadas para mamás con tropa infantil, que intenta meterse a fuerza hacia la derecha.

“¡Pinche burra aprende a manejar!” grita el taxista que jamás cedió el paso.

“¡Bola de pendejos, circulen! le escucho gritar a un policía de crucero justo cuando paso a su lado.

Caras amargadas que caminan empapadas (pareciera que en el Distrito Federal no sabemos usar paraguas). Gente que no avanza por estar viendo el telefonito. Nadie respeta la direccional. Nadie respeta a la autoridad ni la autoridad a nadie. Se respira mala vibra por todos lados. Vivimos enojados. Con mal rollito entre nosotros. No solo son las calles en mal estado o manifestaciones por todos lados. Verbalizamos nuestro desprecio mientras aventamos el coche, mientras hablamos de los demás, mientras criticamos lo que no conocemos.

Echarle la culpa al de junto. Parece ser que es vocación mexicana. Todos somos inocentes y cuando nos prueban lo contrario, aparece el famoso “negado sobre negado” o “me tienes envidia y celos” o “no tienes idea de lo que hablas”. Defenderse -hasta sin razón- es un acto cultural nacional. Ya venga en forma de mentada, humillación, o aventamiento implacable de camioneta con guarras.

En la reflexión de haber escuchado tantas palabrotas mientras estaba secuestrada en el tráfico (no que yo no las diga, solo me sorprendió el nivel de enojo) me doy cuenta que vivimos exactamente como quieren que vivamos. Casi matándonos unos a otros. El nivel de estrés con el que cargamos no es para menos. Las noticias replican de una forma alarmante en la vida real. Quizás haya gente que vea lejana la bronca en Iguala o en Veracruz. Pero sufre la manifestación y el caos de las horas atrapados en las calles. Quizás haya gente que no acabe de entender lo de los impuestos o porqué no estamos preparados para tantos jubilados del IMSS. Pero recibe cada vez menos dinero en su nómina y menos servicios de salud. Vivimos sin saber qué necesitamos exigir. Pero sabiendo que nos falta y que nos deben. Perdonará usted querido lector que hoy haga un texto de éstos de corazón enojado. Creo firmemente que estamos siendo dirigidos a violentarnos entre nosotros.

Pero no he parado de observar el nivel de encono y maltrato al que somos sometidos todos los días. Nos reducen a una estadística (pinches resentidos). A un ingreso reducido a la mitad y a una enfermedad que no se puede atender porque no hay con qué. Nos enfrentamos todos los días a imágenes de seres superiores sentados en un cúrul y que deciden nuestros destinos sin hacer un balance real. Que no renuncian aunque la hayan cagado en todos los sentidos. Porque son unos pinches ladrones que parecen pinches fantasmas que solo aparecen para dar pinches sustos. Y llenar su pinche cartera. Es que no mamen. Aprendimos de ellos a jodernos. Ellos nos enseñaron cómo se jode al prójimo. Entonces nos chingamos entre nosotros. Desde tratarnos mal, hasta mentarnos la madre sin pensar. Y así no se pinches puede. La mentada es diálogo, si. En este caso, solo es queja. Pero no lleva a nada bueno. Ya lo vió usted.

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