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Jonathan Nácar

Una cena informal con legisladores locales que, entre brindis y brindis terminó en una cuenta de más de un millón de pesos. No fue ni la primera vez, ni la única. Deudas en tiendas lujosas de ropa que superaban los 700 mil pesos, una comida casual entre amigos —consumiendo tacos y mariscos— por más de 100 mil pesos o un gasto de más de 4 millones de pesos por una visita a El Vaticano, son sólo una muestra de los derroches que fueron cubiertos con el dinero del presupuesto del estado de Veracruz, por órdenes del entonces gobernador Javier Duarte de Ochoa.

Por ese derroche, por invitar a amigos a largas charadas y no detenerse en cumplir sus gustos, uno de sus operadores de confianza le llamó El Rey Sol, y a Duarte le gustó tanto, que disfrutaba que así le llamaran.

›Decenas de funcionarios, legisladores, políticos, empresarios, abogados, y un largo etcétera de colaboradores y cercanos, entre familiares y parientes políticos, fueron parte del círculo cercano del entonces mandatario veracruzano —hoy preso y sentenciado a nueve años de prisión por delitos de lavado de dinero y asociación delictuosa—, quienes directa o indirectamente se vieron beneficiados de la dispersión de los recursos públicos que encabezó Javier Duarte y su hoy exesposa, Karime Macías Tubilla.

“Tú eres mi gober chingón”, “hablan de ti por envidia”, “quién como tú mi Sol”, eran algunos de los elogios, acompañados de abrazos y palmadas en la espalda que recibía Javier Duarte durante los encuentros y comidas en restaurantes y bares de las que él era siempre el anfitrión, siempre utilizando recursos públicos. A estas escenas se sumaban las peticiones exprés de montos que iban desde los cientos de miles de pesos hasta los varios millones de pesos e incluso de dólares, que instruían que se les hiciera llegar tanto a él como a su entonces esposa en donde se ubicaran, fuera la casa de gobierno, su casa personal, una tienda o al viajar.

Documentos inéditos e información a los que accedió  ejecentral  y que integran el expediente en contra del exmandatario y la red de personas que presuntamente formaron parte del esquema mediante el cual se habrían desviado miles de millones de pesos que debieron aplicarse a proyectos sociales, pagos de salarios y proveedores, y que aún están pendientes por cuantificar en cuanto al daño provocado al erario durante la administración de Duarte de Ochoa, ponen en evidencia el modus operandi con el que el matrimonio Duarte-Macías disponía del erario para satisfacer gustos personales y prebendas para familiares, amigos y colaboradores cercanos.

Un ejemplo claro de este despilfarro sistemático de los recursos del estado fue su viaje familiar a El Vaticano en diciembre de 2013. Gastó más de cuatro millones de pesos. Los rubros: vuelos, comidas, hospedaje, logística y souvenires que adquirieron para regalar a sus seres queridos luego de su visita.Sólo en piezas para Nacimiento —bendecidas directamente por el Papa Jorge Mario Bergoglio—, la familia Duarte llegó a gastar más de un millón y medio de pesos.

Aunque ese viaje persiguió un noble objetivo: obtener el apoyo de la Santa Sede para poner en marcha un programa de apoyo alimenticio similar a la llamada Cruzada contra el Hambre implementado el gobierno anterior, y también invitar al Papa Francisco a que visitara Veracruz, se argumentó de forma oficial.

Recibos y comprobantes bancarios, hojas sin membrete que servían como acuses de recibo, listas e itinerarios conforman algunas de las evidencias de cómo los colaboradores del exgobernador cumplían las instrucciones de pago por cualquier cantidad de dinero de la que en ese momento llegara a necesitar para infinidad de circunstancias que lo mismo podían ir desde el saldar cuentas en restaurantes, centros de negocios, para la compra de artículos personales en tiendas de ropa o joyerías e incluso para cubrir gastos por eventos y viajes “oficiales”, informales o personales.

4 millones 849 mil pesos fue el monto de su viaje familiar al Vaticano, sin contar los gastos de su comitiva.

La confiable caja “b”

Tal y como este periódico ha documentado desde 2016, la red que tejió Javier Duarte y sus principales operadores, la cual fue renovándose con el avance de su administración —al estar al frente del gobierno de Veracruz desde el primero de diciembre de 2010 hasta el 12 de octubre de 2016—, para el desvío sistemático de los recursos públicos, abarcó a cientos de funcionarios que iban saliendo o integrándose a la estructura de complicidades.

Bajo un esquema en el que no estaban exentos de participar los funcionarios administrativos de todas las dependencias, sin excepción que conformaban entonces la estructura del gobierno estatal, se coordinaban entre sí para acatar las instrucciones —de extracción de recursos del erario— que el gobernador Duarte de Ochoa instruía cada vez que los necesitaba, incluso para cuestiones estrictamente personales como lo era el pago de las tarjetas de crédito a su nombre o al de su esposa.

El mecanismo, según la información en la que la Fiscalía General de la República ha basado su indagatoria, consistía en que desde la recepción de los recursos provenientes de la Tesorería de la Federación, estos eran posteriormente transferidos a las cuentas correspondientes de fondos federales, las cuales tenían un fin específico para cada rubro de los recursos etiquetados, que iban por ejemplo, desde aportaciones para servicios de salud destinados a la secretaría estatal de Salud hasta el presupuesto para la Secretaría de Gobierno. Dicha cuenta era renovada de manera anual.

A partir de ese movimiento, ya con los recursos en poder del gobierno del estado, el dinero era enviado a una cuenta concentradora, y a partir de ahí era donde la transferencia de estos recursos se hacía a cada dependencia, y mediante el mecanismo que ocuparan los funcionarios administrativos de cada entidad del gobierno, el cual consistía generalmente en la utilización de empresas fachada o factureras, pero en realidad el dinero era “devuelto” en efectivo a la secretaría de Finanzas del estado para su uso discrecional y conforme a las necesidades de Duarte de Ochoa y su esposa.

Según consta en los documentos consultados, esta forma de operar se utilizó desde el arranque de la gestión del expolítico priista. Se habría mantenido, a pesar de la rotación del personal en las áreas de administración y de finanzas en cada dependencia, hasta el final de su mandato. Lapso en el que los funcionarios que formaron parte de la administración pública con Javier Duarte lo sabían, y sus habituales peticiones de dinero les parecían normales, por lo que tenían que tener dinero en efectivo disponible y listo para ser entregado.

En ese sentido, asistentes y secretarios particulares de los jefes administrativos estaban al tanto de que la petición de “una pizza”, por parte del exgobernador equivalía a la entrega de un millón de pesos; así como la solicitud de “un ciego” o “un invidente” eran el símil para pedir la cantidad de 100 mil pesos. Sin previo aviso, y sin considerar el día y la hora de la semana, el entonces mandatario hacía los pedidos para pizzas o ciegos sin empachos, según consta en las declaraciones de la indagatoria.

700 mil pesos, el costo de una comida casual  de tacos y mariscos entre amigos y conocidos.

Un sol para todos

Fue tan constante el uso del alias que le puso el empresario Moisés Mansur Cisneyros —señalado como presunto operador cercano de Javier Duarte—, al exmandatario al referirse a él como Rey Sol, que con el paso del tiempo se redujo al mote de Sol, que finalmente el propio exgobernador adoptó como su firma de confianza. “Le agarró gusto al apodo”, señalaron fuentes consultadas.

Bajo la consideración de que el desfalco de recursos públicos en el mandato duartista a la fecha sigue bajo indagatoria por parte de la Auditoría Superior de la Federación, y como parte de la integración de las pesquisas que lleva la Fiscalía General de la República, así como la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda, buena parte de los recursos fueron diseminados en una amplia lista de frivolidades y excentricidades, las cuales además de implicar un gusto personal para el político veracruzano y su familia también tenían la finalidad de alguna manera, de consentir al círculo de quienes procuraba rodearse.

Varios testimonios mencionan cómo a Javier Duarte le gustaba ser el alma de las fiestas y pudo construir estos esquemas de desvíos, porque conocía perfectamente la operación de los recursos, ya que en la administración anterior, de Fidel Herrera Beltrán, había sido secretario de Finanzas y Planeación. 

Una serie de comprobantes, varios de ellos con firma y fecha de recibido, dan cuenta de lo que en su momento implicaron las peticiones del exgobernador que transitaban desde la instrucción de pagar una tarjeta de crédito a su nombre por unos 71 mil pesos, o a nombre de Karime Macías por un monto de más de 289 mil; hasta cuantiosas sumas que superaban los seis millones de pesos.

Como fue el caso de la nota bajo el concepto: “para dárselo a Gabriel Deantes”, con fecha del 10 de diciembre de 2012 en Xalapa de Enríquez, mediante la cual se confirmó la entrega de 6 millones 600 mil pesos al entonces funcionario del gobierno de Duarte, sin mayor especificación sobre el destino y uso de esos recursos. El dinero, sostienen los testigos, fue para gastos personales y le llegó en efectivo.

Precisamente en otros recibos en los que tiene relación Gabriel Deantes Ramos, que figura entre los altos funcionarios de la administración de Duarte y sobre quien pesan acusaciones por su presunto involucramiento en el desvío de recursos, dan cuenta de su firma como confirmación de haber recibido otro pago por 3 millones de pesos; y uno más en el que se especifica la leyenda de “recibí a mi entera satisfacción la cantidad de 700 mil pesos por el concepto de varios”, fechado el 29 de diciembre del 2012, mismo año en que se entregaron los 6 millones. Es decir, recibió 9 millones de pesos con 19 días de diferencia en lo que fue su segundo año de gobierno.

Durante el gobierno de Duarte, Deantes Ramos se desempeñó como oficial mayor de la Secretaría de Educación, subsecretario de Administración y Finanzas, y en el último periodo de su administración como secretario del Trabajo y Previsión Social. A la fecha al exfuncionario se le han congelado sus cuentas bancarias y enfrenta un proceso por el delito de enriquecimiento ilícito por acusación de la Fiscalía General de Veracruz.

La federación lo descubre

Como parte de las extravagancias del exmandatario también constan las exorbitantes cuentas a las que estaba acostumbrado a mandar a pagar o por las que ordenaba se le enviara el dinero para saldar, como lo fue una cena que sostuvo con 15 legisladores del Congreso de Veracruz, en el restaurante Vinissimo, propiedad del empresario y exfuncionario Francisco Valencia García, de quien el propio Duarte de Ochoa, así como su antecesor Fidel Herrera fueron los padrinos en la apertura de sus establecimientos.

Una hoja con acuse de recibo a nombre de José Jesús Rivera Castillo da cuenta de la entrega de un millón 126 mil pesos, por el concepto de “cena en el restaurante Vinissimo”, del cual era asiduo comensal Duarte. Eso costó la cena con sus amigos diputados en la que se habría hecho consumo de “vinos de alta gama”, la cual ocurrió en el marco de las elecciones intermedias de 2013 en el estado.

En el mismo lugar, otro de los recibos indica que una comida informal de Javier Duarte con algunos de sus colaboradores de confianza, en la que según la información revisada se consumieron tacos y mariscos entre menos de cinco acompañantes e implicó el pago de más de 102 mil pesos, considerando una propina a nombre del mandatario por más de 13 mil pesos.

La muestra de los recibos y notas de dinero que era solicitado para fines diversos —e incluso en varios casos se ponía como concepto “Casa Veracruz”, como justificación de gastos de la que era la residencia oficial del gobernador— alcanza una suma de poco más de 14 millones 396 mil pesos. Apenas una ínfima parte de los más de 60 mil millones de pesos que se estima fueron desviados durante la gestión de Duarte.

Pero fue la cena por la que pagó un millón de pesos de la que se enteraron en el gobierno federal y comenzaron a encenderse las alertas sobre los excesos del gobernador veracruzano, aunque el equipo del presidente Enrique Peña Nieto no hizo nada entonces.

Gastos personales. Por una tarjeta de crédito se pagó un monto de 289 mil 825 pesos. 

El dinero que ¿era suyo?

“El Papa Francisco me expresó el cariño que tiene por el pueblo veracruzano”, publicó el entonces gobernador Javier Duarte en su cuenta de Twitter, el 13 de diciembre de 2013, cuando junto con su esposa e hijos, así como con una comitiva de funcionarios que a la fecha, sigue sin conocerse quiénes acudieron “de visita” a El Vaticano.

La polémica generada en torno a los gastos de dicha visita en la que de manera oficial se informó que el exmandatario y su familia recorrieron la tumba de los papas y montaron una ofrenda floral ante la tumba de San Pedro, donde Karime Macías depositó un arreglo floral a la Virgen de Guadalupe, obligó a que el propio Duarte asegurara, a través de la unidad de acceso a la información de la oficina del gobernador, que el viaje había sido costeado con dinero de su bolsillo. 

“En lo que respecta a los gastos generados por Javier Duarte y su familia, me permito señalar que estos fueron cubiertos de manera personal por el propio Javier Duarte”, respondió oficialmente en enero de 2014 dicha unidad ante el cuestionamiento de una ciudadana quien mediante solicitud con folio 00667213 solicitó ante el sistema Infomex-Veracruz información sobre el viaje de la familia Duarte-Macías, así como de un contingente de artesanos y personas encargadas de comunicación del gobierno, según documentó entonces La Jornada Veracruz.

Era falso, pero entonces no había forma de demostrar lo contrario, hasta ahora, que los documentos constan en el expediente. 

A poco más de siete años de dicho viaje, este diario pudo verificar que los costos de esa visita corrieron a cuenta de las arcas del gobierno veracruzano, obtenido mediante el mismo mecanismo de dispersión en el que Javier Duarte disponía de los montos en efectivo y que sumó: 4 millones 849 mil pesos, sin considerar los gastos de la comitiva que los habría acompañado. 

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