Opacidad
La elección de las nuevas consejeras del INE es un proceso que ya quedó manchado
El INE fue el encargado de la elección judicial
/Foto: Cuartoscuro
Mucho peor que una broma de pésimo gusto resultó la decisión tomada en la Cámara de Diputados de reservar por cinco años las currículo evaluaciones y expedientes de 369 aspirantes a consejeros del INE. La devaluación que se ha dado el concepto de la seguridad nacional al convertirlo en una herramienta para promover la opacidad y ocultar el tráfico de influencias es inocultable. El INE debería ser una casa de cristal y lo mismo debería considerarse para las negociaciones o las evaluaciones de las que surgen, desde la Cámara de Diputados, los consejeros que la integran. Lo único que los legisladores consiguieron con su decisión, además de perder respeto, fue manchar la llegada de la dos nuevas consejeras electorales: Blanca Cruz García y Frida Gómez Puga, quienes ahora han quedado irremediablemente atadas a las sospechas que ya aciompañaban a Arturo Chavez, el hombre sin experiencia en materia electoral y con un triste paso por la vida académica en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, pero con una mente tan privilegiada que obtuvo las mejores calificaciones en una materia que ni siquiera conoce.